Despertar del Olvido 22

Despertar del Olvido 22

Capítulo 22 

En la residencia Villagra, el ambiente destilaba una alegría casi palpable. Las risas resonaban por el elegante salón mientras la familia discutía animadamente los detalles de la futura boda

Victoria sostenía la mano de Bárbara con ternura maternal, sus ojos brillantes por la emoción contenida. Las arrugas alrededor de sus ojos se marcaban más pronunciadamente por la sonrisa que iluminaba su rostro

-Mi niña hermosa -susurró Victoria con voz trémula-, por fin la vida te está compensando por todo lo que has sufrido. Ahora solo tienen que cuidar su felicidad y no dejar que nadie se las arruine

Una sonrisa delicada se dibujó en los labios de Bárbara mientras apretaba suavemente la mano de su madre

-No te preocupes, mamá. Roberto y yo seremos muy felices, te lo prometo

-Si Anaís hubiera tenido la decencia de hacerse a un lado antes, ustedes llevarían años juntos -intervino Raúl-. La verdad no entiendo por qué tardaron tanto en resolver esto

Roberto, sentado en un elegante sillón de cuero, consultaba el reloj de pared cada pocos minutos. Las manecillas marcaban las siete en punto, y el silencio del exterior era absoluto

-¿Ha llegado mi prometida? -preguntó al empleado que aguardaba discretamente junto a la 

puerta

-No la he visto, señor Lobos

Un resoplido de desprecio escapó de los labios de Roberto mientras cruzaba los brazos sobre su pecho

-Me lo imaginaba. Otra vez nos va a dejar plantados, como siempre

La atmósfera en la sala se transformó instantáneamente. Las sonrisas se desvanecieron, dando paso a expresiones de desprecio apenas contenido. Victoria, con el rostro enrojecido por la indignación, sacó su teléfono con manos temblorosas para marcar el número de Anaís. El tono de llamada resonó en el silencio, pero nadie respondió

-¡Por Dios! -exclamó Victoria entre toses de rabia-. ¡A veces desearía no haberla tenido

Bárbara se apresuró a alcanzarle un vaso de agua a su madre, su rostro una máscara de preocupación

-Tranquila, mamá. Tal vez está atorada en el tráfico. Podemos esperar un poco más

-Ya basta, Bárbara -interrumpió Raúl con un gesto de hastío-. Deja de justificarla. Siempre hace lo mismo: promete venir a cancelar el compromiso y nunca aparece. Esta vez creí que iba en serio, pero veo que sigue jugando con todos

Mientras el ánimo general se desplomaba, Bárbara resplandecía con un brillo apenas 

contenido. La confianza en las capacidades de Leopoldo la llenaba de una satisfacción 

VA 

18:38 

Capitulo 22 

silenciosa. Que sufra las consecuencias, pensaba, se lo tiene bien merecido

Las agujas del reloj avanzaron inexorablemente hasta las ocho. El silencio se volvía más pesado con cada minuto que pasaba

Roberto se levantó abruptamente, su rostro ensombrecido por la frustración. Un golpe seco resonó cuando su puño impactó contra la mesa

-Mi tiempo es demasiado valioso para esto. Me retiro

Bárbara se apresuró tras él, su voz teñida de preocupación

-Roberto, por favor, no te vayas así… 

Pero Roberto ya había tomado su decisión. No era tanto el enojo lo que lo impulsaba, sino una mezcla turbulenta de emociones que necesitaba procesar en soledad

De vuelta en el salón, Bárbara mantenía una expresión dolida mientras Victoria extraía una tarjeta de su bolso

—Toma, mi amor -dijo Victoria, extendiendo la tarjeta que contenía un millón de pesos-. Cómprate algo lindo para animarte. Y no te preocupes por la casa que te gustó, iremos a verla pronto

-Gracias, mamita -respondió Bárbara, abrazándose al brazo de su madre-. Siempre puedo contar contigo

Victoria acarició el cabello de su hija con ternura

-Si aprendieras a ser más decidida, mi niña, nadie podría pisotearte así

La bruma del sueño se disipó lentamente mientras Anaís abría los ojos. El reloj marcaba las diez de la noche. Un suspiro escapó de sus labios mientras reunía fuerzas para incorporarse

La habitación estaba vacía, el silencio interrumpido solo por el suave zumbido del aire acondicionado. Por el mobiliario y la decoración, dedujo que se encontraba en una suite de hotel reservada por Efraín. Su piel se sentía pegajosa por el sudor de la fiebre, así que se dirigió al baño para tomar una ducha revitalizante

Apenas había terminado de secarse cuando unos golpes suaves resonaron en la puerta. Al abrirla, se encontró con un empleado que empujaba un carrito de servicio

-Señorita Villagra, me alegro de verla despierta. ¿Le apetece cenar algo

El aroma de la comida despertó su apetito, recordándole que no había probado bocado en todo el día. Comió con moderación, sintiendo cómo las fuerzas regresaban paulatinamente a su cuerpo

Al revisar su teléfono, la pantalla mostraba una cascada de llamadas perdidas: Victoria, Roberto, incluso Raúl. Un mensaje de Roberto destacaba entre las notificaciones

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Capitulo 22 

[Ya sabía que no ibas a venir.

Su rostro permaneció impasible mientras deslizaba el dedo por la pantalla, hasta que un mensaje de un número desconocido captó su atención

[Disfruta tu suerte mientras puedas, maldita. La próxima vez no te vas a salvar.

Leopoldo, pensó, mientras una sombra oscurecía momentáneamente su semblante. Se había prometido a misma que no le permitiría salirse con la suya

Otro mensaje del mismo número desconocido apareció en la pantalla. El contenido le heló la sangre: Víctor estaba en el hospital. La amenaza implícita era clara como el cristal: debía prepararse para las represalias. Su mente divagó hacia escenarios perturbadores, imaginando despertar en lugares desconocidos

La mención de Víctor y sus secuaces le provocó una sensación de náusea. Eran personas despreciables cuya presencia en su vida representaba una amenaza constante. Su departamento ya no era un refugio seguro; volver allí estaba descartado por el momento

Con determinación, marcó el número de Fabiana. Su amiga le informó que Leopoldo estaba bebiendo en La Luna. Sin dudarlo un instante, Anaís decidió enfrentarlo

El local estaba envuelto en una atmósfera densa cuando llegó. Fabiana seguía con su uniforme de mesera, y las luces tenues apenas iluminaban el ambiente cargado de humo

conversaciones en voz baja

-Préstame tu uniforme -pidió Anaís con urgencia

Fabiana la miró con preocupación

-No hagas locuras, por favor. Si algo sale mal, podrían investigarme

-Te prometo que no pasará nada -aseguró Anaís, aunque la certeza en su voz flaqueaba ligeramente

Con renuencia, Fabiana le entregó el uniforme. Anaís se lo puso rápidamente, añadiendo una gorra para ocultar su rostro, y se dirigió al área reservada donde se encontraba Leopoldo

Como joven señor de la familia Moratalla, Leopoldo ostentaba un prestigio considerable, aunque su posición era secundaria dado que ya existía un heredero principal. El reservado estaba lleno de rostros conocidos del círculo social, algunos amigos cercanos, otros simples conocidos que coincidían allí para beber

Leopoldo, con la lengua suelta por el alcohol y el corazón envenenado por el rencor, comenzó a soltar improperios

-Anaís no es más que una cualquiera su voz arrastraba las palabras con desprecio-. Anoche Víctor la tuvo para él toda la noche. Sus gritos se escuchaban por todo el pasillo

-¿En serio? -intervino uno de los presentes con incredulidad-. ¿No que andaba tras Roberto como perrito faldero? ¿Y ahora está con Víctor

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10:20 

Capitulo 22 

Una sonrisa torcida deformó los rasgos de Leopoldo

-Es que no la conocen bien. Hace cualquier cosa por complacer a Roberto, incluso seducir a todos sus amigos cercanos. Es una trepadora de primera. Si eres amigo de Roberto, puedes tenerla cuando quieras. Va tanto al ginecólogo que me da miedo que tenga algo contagioso

Anaís mantuvo la cabeza gacha mientras servía las copas, conteniendo la rabia y la humillación que amenazaban con desbordarla. Cada palabra era como ácido que corroía su dignidad, pero sabía que debía mantener la compostura

ΔΙΑ 

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