Despertar del Olvido 229

Despertar del Olvido 229

Capítulo 229 

El rumor apenas audible de la sala envolvía el ambiente, pero Anaís apenas lo percibía

atrapada en el remolino de sus propios pensamientos, cuando la voz serena de Efraín la trajo de vuelta

-¿Dijiste que viniste con tu jefe

Anaís, con el cansancio pesándole en los párpados, dejó escapar un bostezo sutil

-Sí, así es

-¿Y qué tal es él

-Es buena gente

-¿Comparado conmigo

Los ojos de Anaís se abrieron de golpe, como si un relámpago hubiera cruzado su mente. La figura de Efraín se recortaba contra la penumbra de la sala, imponente y elegante, incluso en su quietud. No me salió tan mal la jugada, pensó con una chispa de orgullo

-No hay comparación posible. Son como el cielo y la tierra. Él es como un pico nevado, majestuoso, pero frío y lejano. , en cambio, eres como una amapola en la nieve, vibrante y llena de vida. Mi jefe es de esos que solo se admiran desde abajo, sin tocarlos

-¿Y cómo estás tan segura de eso? Quizás no lo conoces tan bien como creesni a tampoco

Anaís frunció el ceño y, con un gesto instintivo, tomó el rostro de Efraín entre sus manos, sus dedos rozando la calidez de su piel

-Es verdad, no te conozco del todo, pero podrías dejarme hacerlo poco a poco. ¿Cómo voy a saber quién eres si siempre nos escondemos en las sombras

-Ya me viste antes, y estabas tan emocionada que hasta me diste un golpe

Anaís se enderezó de inmediato, un calor incómodo subiéndole por el cuello. ¡Carajo, mejor me hubiera quedado callada!Se rascó la mejilla con las yemas de los dedos, atrapada en un torbellino de vergüenza. ¿Tan impulsiva fui?Acababan de compartir un momento íntimo y, sin pensarlo, lo había golpeado. No es raro que esté tan inseguro. ¡Soy un desastre!” 

Respiró hondo, alzó la mano y le dio una palmada suave en la mejilla, casi como una caricia

-¿Fue aquí donde te pegué? ¿Te duele todavía

-Si te preocupas por mí, entonces no duele nada

Anaís se maldijo en silencio. ¡Eres una idiota, Anaís! ¿Cómo pudiste hacerle daño a alguien tan entregado?Se levantó de un salto y depositó un beso rápido en cada mejilla

-Claro que me duele verte así, pero ahora tengo que irme. Ya he dejado a mi jefe esperando 

Capitulo 229 

demasiado y necesito quedar bien con él. Si quieres algo, mándame un mensaje o llámame, ¿

Al girarse para marcharse, él atrapó su muñeca con dedos firmes

-¿No te estás acercando demasiado a tu jefe

Anaís soltó una risita, divertida por el destello de celos en su voz. ¿Celoso, eh?” 

-Tranquilo, no me gusta de esa manera. Solo digo que es buena persona, pero no es mi tipo

-¿Y si un día se vuelve como yo? ¿Qué harías entonces

Anaís lo interrumpió con un beso fugaz en los labios

-¡Para, no me vengas con esas historias de terror! Solo imaginarlo me pone los nervios de punta. Si eso pasara, sería un farsante de cuidado, de esos que te erizan la piel

La presión en su muñeca se aflojó al instante

-Mmm, nos vemos luego

Al salir de la sala, Anaís no pudo reprimir una sonrisa. Antes de dejarla ir, él se había asegurado de limpiarla con una toallita húmeda, borrando cualquier rastro de su encuentro. Era obediente, , pero con un aire de autoridad que la desarmaba

De lo último que dijo, prefirió no pensar demasiado. Efraín era como una flor inalcanzable, destinada a brillar en las alturas; quien osara arrancarla cargaría con la culpa

Dio un par de vueltas por el lugar antes de encaminarse al salón donde estaba Efraín. Al entrar, los hombres ya debatían acaloradamente sobre un nuevo proyecto. Una punzada de culpa la atravesó al pensar que había aprovechado ese tiempo para sus travesuras

Sus ojos se cruzaron con los de Efraín, quien mantenía su habitual indiferencia, desviando la mirada con rapidez. Sus orejas, sin embargo, seguían teñidas de un rojo sutil

Intrigada, Anaís evocó a Z en su mente. Z siempre iba directo por lo que quería, insistiendo hasta conseguirlo. Efraín, en cambio, se envolvía en silencio. Se colocó tras él, aspirando el aroma fresco a pino que desprendía, tan distinto al de Z, ese perfume indescriptible que tanto la atraía

Aún saboreaba el recuerdo de Z cuando una voz cortante irrumpió en sus pensamientos

-Digo, señorita Villagra, ¿no se tomó la molestia de disimular las huellas de su pequeño desliz

Era Samuel, con su tono mordaz habitual. Estaba a punto de encender un cigarrillo cuando Efraín lo detuvo con un gesto

-Hay damas presentes

Samuel estuvo a punto de replicar que Anaís no contaba como tal, pero cedió ante la mirada de Efraín y guardó el cigarrillo con un bufido

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Capitulo 229 

Anaís, con desenfado, se ajustó el cuello de la blusa

-Acabo de salir a ver a mi novio, perdonen el retraso

El rostro de Samuel se torció en una mueca de desprecio

-¿No se supone que Roberto Lobos está a punto de casarse? ¿Qué haces todavía viéndolo a escondidas? ¿No te da vergüenza ser la otra, y encima de tu propia hermana

Fausto soltó una mirada fugaz a alguien en la sala y dejó escapar una risa seca

-Lo que yo decía, algunas mujeres no tienen alma. Esperan y esperan, y al final, nada. Mejor que se casen de una vez

Samuel, confundido, pensó que hablaba de él

-¿Y por qué tan sarcástico? Yo no espero a nadie, últimamente estoy muy bien con mi nueva conquista

Fausto empujó la cabeza de Samuel, que se había acercado demasiado

-No hablaba de ti

-¿No hablabas de ? Aquí solo estamos Iván y yo. Iván no está con Irene Moreno porque ella lo ve como un niño. Entonces, ¿de quién hablas? No puede ser Efraín; todos sabemos que ni el fin del mundo lo haría mirar a una mujer

Anaís asintió con firmeza, respaldando la idea. Efraín parecía inmune a cualquier deseo, como si las pasiones humanas le resultaran ajenas, casi repulsivas

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