Despertar del Olvido 233

Despertar del Olvido 233

Capítulo 233 

Al despedir a Gisela en la entrada del mortuorio, Anaís sintió un nudo en la garganta que le impedía articular palabra. Quería ofrecerse a organizar los arreglos funerarios de Federico, pero Gisela, con los ojos aún enrojecidos, negó con un gesto lento y firme, decidida a tomar el autobús sola

Anaís no insistió más. Se limitó a quedarse allí, con la mirada fija en ella, repitiendo con voz suave, casi maternal

-Si necesitas ayuda con algo, por favor, Ilámame cuando quieras

Gisela asintió desde el otro lado de la ventana empañada del autobús. Luego, rendida por el agotamiento, apoyó la cabeza contra el asiento y cerró los ojos, dejando que el sueño la envolviera como un refugio pasajero

Anaís permaneció inmóvil un rato más, con el eco de los sollozos de Gisela resonándole en la mente. Al fin, se giró hacia Roberto. El sudor perlaba la frente de este, cada gota reflejando la luz fría del lugar, y sus labios, pálidos como el papel, temblaban ligeramente

Anaís abrió la boca para preguntarle qué le ocurría, pero antes de que las palabras tomaran forma, los ojos de Roberto se cerraron y su cuerpo se desplomó con un golpe sordo contra el 

suelo

Asustada, lo arrastró como pudo hasta el hospital más cercano. Cuando el doctor le levantó la camisa, Anaís contuvo un grito: la espalda de Roberto era un mapa de cicatrices sangrantes, latigazos tan profundos que en algunos puntos la carne se abría hasta dejar entrever el blanco 

del hueso

Pertenecía a la familia Lobos, una estirpe de poder y prestigio. ¿Quién podría haberlo reducido a ese estado

Anaís se llevó una mano a la boca, incrédula, mientras el aire se le escapaba en un jadeo 

silencioso

No pasó mucho tiempo antes de que una figura irrumpiera en la sala. Aurora Bolaños, con el rostro encendido de furia, se abalanzó hacia ella. Su mano voló en un intento de bofetada, pero Anaís, rápida, atrapó su muñeca en el aire

Aurora temblaba, los ojos brillándole de rabia

-¡Maldita seas, Anaís! ¡Eres un veneno! ¡Si no fuera por ti, Rober no estaría así

Anaís apretó los labios, conteniendo una réplica. ¿Cómo podía ser su culpa si ni siquiera sabía qué había pasado? Estaba a punto de responder cuando una presencia más oscura se hizo notar: Damián Lobos, a quien había conocido esa misma mañana, avanzó con pasos lentos. Su mirada la recorrió como si fuera una pieza de caza, y una sonrisa torcida le curvó los labios

-Anaís, supongo que no tienes idea -comenzó Damián, con un tono que destilaba veneno 

15:33 

disfrazado de calma-. Esta tarde, Rober irrumpió en la mansión como un loco, suplicándole al abuelo que cancelara su compromiso con Bárbara. Dijo que se había arrepentido, que eras tú a quien quería. Esa boda era el orgullo del viejo; las invitaciones ya están repartidas. Cancelarla sería humillarlo, hundir a la familia Lobos en el ridículo. Así que el abuelo aplicó la ley familiary no cualquiera resiste eso

El rostro de Anaís se ensombreció, como si una nube hubiera cruzado su alma. ¡Roberto había perdido la cabeza! Después de tantos encuentros furtivos con Bárbara, ahora que por fin podía tenerla, se retractaba. Todo por un video reciente que había visto, porque ya no deseaba a esa Bárbara. Y decía que aún la quería a ella, a Anaís. Era una burla cruel

Giró sobre sus talones para marcharse, pero Aurora la interceptó, plantándose frente a ella con el rostro crispado de ira

-No te vas a ir así, Anaís. Te quedas aquí hasta que Rober despierte, o juro que no te dejaré en 

paz

Anaís respiró hondo, dejando que el aire llenara sus pulmones como un ancla. Recordó que, a pesar de todo, Roberto la había ayudado esa noche. Cedió y se quedó, esperando con paciencia a que él recobrara el sentido

Pero las heridas de Roberto eran graves. El doctor pasó tres horas limpiando y cosiendo su espalda. En los momentos más dolorosos, cuando arrancaban la tela adherida a la carne destrozada, Roberto temblaba incluso en su inconsciencia, como si el sufrimiento traspasara 

los límites de su mente dormida

Anaís se acomodó en una silla del pasillo, con las manos cruzadas sobre el regazo, esperando hasta que los primeros rayos del amanecer tiñeron el cielo. Entonces, su celular vibró con un mensaje de Z. 

[No creas que no lo , lo todo.

A pesar del cansancio y el mal humor, una sonrisa leve se dibujó en sus labios

Este hombre es incorregible, pensó, y sus dedos volaron sobre la pantalla para explicarle todo desde el principio, culminando con una promesa firme

[Voy a comprarte un regalo más tarde, no te enojes. Te juro que la próxima vez no lo buscaré.

La respuesta llegó en un parpadeo, como siempre, demostrando cuánto le importaba

[No estoy enojado, pero sabes que puedes contar conmigo.

Anaís sintió un calor sutil expandirse en su pecho. No le gustaba defraudar a alguien que la quería tanto. Fue esa sinceridad, esa calidez, lo que la había convencido de no alejarlo del 

todo

Sonrió con suavidad, pensando que una simple camarera poco podía hacer contra el poder de los Lobos. Pero, trabajando en un lugar como ese, Z debía haber oído rumores de la alta sociedad, ¿no es así

15:33 

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