Despertar del Olvido 237

Despertar del Olvido 237

Capítulo 237 

Anaís sentía el ardor punzante en sus rodillas ensangrentadas, pero su inquietud pesaba más que el dolor. Sus ojos habían estado siguiendo con cautela los movimientos del anciano, y solo cuando lo vio desaparecer tras subir las escaleras, se atrevió a deslizar una mano temblorosa hacia su celular para contestar los mensajes

[¿Es grave lo tuyo? ¿Ya tomaste algo para el dolor?

Dentro de la habitación, el anciano empujó la puerta con un crujido seco y se plantó frente a Efraín, su semblante endurecido por la preocupación

-Efraín, esta vez vas a quedarte en casa y descansar como es debido

Recostado contra las almohadas, Efraín dejó escapar un leve mmm, apenas audible

El anciano frunció el ceño, frustrado por la habitual reserva de su hijo

-No quiero que esto vuelva a pasar. Si sucede de nuevo, te aseguro que Anaís no se va a quedar solo arrodillada ahí abajo

Al oír aquello, la mano de Efraín, que descansaba sobre la sábana, se cerró lentamente en un puño, aunque su rostro permaneció impasible, como tallado en mármol

El anciano, al notar su aparente indiferencia, soltó un suspiro de alivio

-Últimamente parece que estás de mejor humor. Al menos ella tiene algún efecto positivo en ti; por un momento pensé que todo esto era una farsa. Descansa bien

-Mmm

Efraín bajó la mirada, sus pestañas proyectando una sombra sutil sobre sus mejillas, como si el cansancio lo envolviera poco a poco

Còn un gesto de prudencia, el anciano se levantó y abandonó Bahía de las Palmeras, dejando tras de sí el eco de sus pasos firmes

Afuera, una llovizna fina comenzaba a tejer un velo sobre el paisaje. Anaís, resignada a permanecer arrodillada hasta el alba, se sobresaltó cuando la puerta de vidrio del patio se abrió de golpe. Allí, bajo el marco, estaba Efraín, envuelto en una chaqueta oscura, observándola desde una distancia que parecía abismal

Sus ojos se iluminaron al instante, y con un impulso casi desesperado, se incorporó para correr hacia él. Pero el movimiento fue demasiado brusco: sus piernas cedieron, y una piedra afilada se incrustó en su rodilla, arrancándole un jadeo

Las pupilas de Efraín se contrajeron, y dio un paso adelante por puro instinto, pero su voz lo 

detuvo

-Presidente Lobos, quédate ahí, hace fresco. Ya casi acabo con esto

Con los dientes apretados, Anaís extrajo la piedra de su piel y, en menos de diez segundos

YA 

15:33 

Capitulo 237 

Capítulo 237 

Anaís sentía el ardor punzante en sus rodillas ensangrentadas, pero su inquietud pesaba más que el dolor. Sus ojos habían estado siguiendo con cautela los movimientos del anciano, y solo cuando lo vio desaparecer tras subir las escaleras, se atrevió a deslizar una mano temblorosa hacia su celular para contestar los mensajes

[¿Es grave lo tuyo? ¿Ya tomaste algo para el dolor?

Dentro de la habitación, el anciano empujó la puerta con un crujido seco y se plantó frente a Efraín, su semblante endurecido por la preocupación

-Efraín, esta vez vas a quedarte en casa y descansar como es debido

Recostado contra las almohadas, Efraín dejó escapar un leve mmm, apenas audible

El anciano frunció el ceño, frustrado por la habitual reserva de su hijo

-No quiero que esto vuelva a pasar. Si sucede de nuevo, te aseguro que Anaís no se va a quedar solo arrodillada ahí abajo

Al oír aquello, la mano de Efraín, que descansaba sobre la sábana, se cerró lentamente en un puño, aunque su rostro permaneció impasible, como tallado en mármol

El anciano, al notar su aparente indiferencia, soltó un suspiro de alivio

-Últimamente parece que estás de mejor humor. Al menos ella tiene algún efecto positivo en ti; por un momento pensé que todo esto era una farsa. Descansa bien

-Mmm

Efraín bajó la mirada, sus pestañas proyectando una sombra sutil sobre sus mejillas, como si el cansancio lo envolviera poco a poco

Còn un gesto de prudencia, el anciano se levantó y abandonó Bahía de las Palmeras, dejando tras de el eco de sus pasos firmes

Afuera, una llovizna fina comenzaba a tejer un velo sobre el paisaje. Anaís, resignada a permanecer arrodillada hasta el alba, se sobresaltó cuando la puerta de vidrio del patio se abrió de golpe. Allí, bajo el marco, estaba Efraín, envuelto en una chaqueta oscura, observándola desde una distancia que parecía abismal

Sus ojos se iluminaron al instante, y con un impulso casi desesperado, se incorporó para correr hacia él. Pero el movimiento fue demasiado brusco: sus piernas cedieron, y una piedra afilada se incrustó en su rodilla, arrancándole un jadeo

Las pupilas de Efraín se contrajeron, y dio un paso adelante por puro instinto, pero su voz lo 

detuvo

-Presidente Lobos, quédate ahí, hace fresco. Ya casi acabo con esto

Con los dientes apretados, Anaís extrajo la piedra de su piel y, en menos de diez segundos

15:33 

Capítulo 237 

cojeó hasta él. Su rostro estaba pálido como la luna, pero en sus ojos brillaba una chispa de alivio

La mano de Efraín, que colgaba a su lado, tembló apenas, un movimiento casi imperceptible

Ella lo observó, notando cómo sus labios se movían sutilmente, como si las palabras pugnaran por salir

Anaís se quedó inmóvil, expectante, aguardando lo que diría

Pero él solo murmuró una palabra, cargada de un peso indefinible

-Anaís

Confundida, ella esbozó una sonrisa tímida

-Qué bueno verte bien. Me tenías con el alma en un hilo. Si algo te hubiera pasado por mi culpa, no me lo perdonaría jamás. Oye, ¿tienes hambre? Puedo prepararte algo rico

Las palabras que Efraín había contenido se ahogaron en su garganta. Bajó la mirada y tomó una bocanada de aire profundo

-Mmm

Anaís lo sostuvo con cuidado, guiándolo hasta el sofá. Quiso apresurarse a la cocina, pero él la detuvo, cerrando los dedos con firmeza alrededor de su muñeca

Sus ojos, nublados por una tormenta de emociones, la atravesaron

-Siéntate. Primero hay que curarte esas heridas

Ella, acostumbrada a ignorar el dolor, agitó la mano con despreocupación

-Estoy bien, de verdad

Pero antes de que terminara, él ya la había sentado con una autoridad silenciosa

Anaís quedó en el sofá, y sus pantalones fueron subidos hasta el muslo, dejando al descubierto las heridas que marcaban su piel como un mapa de su sacrificio. Efraín pidió un botiquín y se arremangó las mangas con precisión, dispuesto a limpiar las heridas él mismo

De pronto, Anaís retrocedió un poco, recordando algo

-Yo me encargo

Le quitó el aerosol desinfectante de las manos con rapidez, lo aplicó sobre las heridas con un siseo contenido y luego untó un ungüento para detener el sangrado, bajando el pantalón de 

inmediato

La mano de Efraín quedó suspendida en el aire, los dedos crispados, antes de volver

sentarse

Anaís sabía que la pequeña marca de un mordisco en su pantorrilla, un recuerdo de Z, aún no se había borrado. Si Efraín la veía, seguro preguntaría otra vez por su novio. Y que su jefe 

QIA 

15:33 

Capítulo 237 

descubriera algo así la llenaba de una vergüenza sorda

Sentado a su lado, Efraín guardó silencio, y de pronto, ella no supo qué decir

Se levantó de nuevo, decidida a cocinar, pero su voz la detuvo

-Puedes irte a casa

Anaís se congeló en el acto. No le parecía justo dejarlo solo, no cuando su estado era, en parte, responsabilidad suya

-Déjame al menos prepararte algo de comer

Él, perdido en sus pensamientos, jugueteaba con el borde de su manga

-No hace falta, gracias

Efraín había vuelto a encerrarse en esa coraza de distancia que tan bien conocía

Confundida, Anaís no se atrevió a insistir. Caminó tímidamente hacia la entrada, cambió sus zapatos y planeó su regreso, aunque una punzada de culpa la retenía

Se sentía en deuda con él. A pesar de su posición, Efraín tenía una gentileza que la desarmaba; ni siquiera tras lo ocurrido parecía guardarle rencor. Más lo pensaba, más crecía su remordimiento. Y con lo del contrato aún en el aire, se quedó merodeando en la entrada por diez minutos, incapaz de marcharse del todo

Efraín, desde el sofá, le daba la espalda, inmerso en un mutismo que parecía desafiarla

Al cabo, Anaís cedió primero. Se puso las pantuflas de nuevo y se acercó por detrás, con pasos 

suaves

-Presidente Lobos, me dijo Martínez que la próxima semana te quedarás descansando en casa. Me gustaría venir todos los días a cocinar para ti, como una forma de disculparme

-¿Y no vas a ver a tu novio

La pregunta la tomó desprevenida. No esperaba que él supiera de su prisa por ver a Z, y un calor tímido le subió al rostro

-Voy después

Al decirlo, notó cómo Efraín alzaba la mirada hacia ella, inquisitivo

-No lo amas tanto

Anaís se sonrojó, como si él hubiera desnudado una verdad que ella misma apenas reconocía

Con Z, lo que sentía no era amor, solo un cariño tibio. Tal vez había aparecido en el momento justo, cuando ella estaba perdida tras olvidar todo, y su presencia discreta, sin exigencias, la había ganado. No sabía qué le atraía antes, pero ahora, sin duda, él ocupaba un espacio en su corazón. Amor, sin embargo, era una palabra demasiado grande, un peso que no estaba lista 

para cargar

BIA 

15.00 

Capitulo 

El aire se volvió denso, incómodo

Efraín se puso de pie de repente y subió las escaleras en silencio, sin mirar atrás

Anaís dudó, atrapada entre irse o quedarse. Sacó su celular y revisó el chat con Z, que seguía sin responder

¿Y si el dolor lo dejó fuera de combate?” 

Tecleó otro mensaje

[¿Cómo estás ahora? Déjame ir a verte, solo dame una dirección.

Pero la pantalla permaneció muda, sin respuesta.

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