Despertar del Olvido 242

Despertar del Olvido 242

Capítulo 242 

Irene retrocedió con pasos temblorosos, hasta que su espalda chocó contra la elegante carrocería del auto negro, atrapándola en un rincón de penumbras y metal

-Iván, ¡ya basta! exclamó, su voz quebrándose entre la furia y el cansancio

Iván se lamió la comisura de los labios, donde un hilo de sangre brotaba tras la bofetada que ella le había propinado. Lejos de inmutarse, sus ojos brillaron con una intensidad perturbadora. -Irene, me llegó el rumor de que vas a presentar a Gustavo Fajardo a tus padres. ¿Es verdad eso? -preguntó, su tono cargado de una mezcla de burla y reproche

El pecho de Irene subía y bajaba con agitación contenida mientras sus dedos se aferraban al marco de la puerta, buscando un apoyo que no llegaba

-Es mi vida, Iván. No tengo por qué darte explicaciones -respondió, firme, aunque un suspiro escapó de sus labios. Luego, suavizando la voz, añadió-: Pronto todos seremos familia. Deja de verme como enemigo. Deberías llamarlo cuñado y aceptar las cosas como son

Una risa seca y cortante brotó de Iván, mientras sus ojos se oscurecían como nubes antes de una tormenta

Irene frunció el ceño, inquieta por esa actitud impredecible que la desarmaba

-Y deja de dirigirte a mí de esa manera, ten un poco de respeto. Si sigues buscándome así, la familia Moreno me va a hacer la vida imposible. Por favor, Iván, no seas tan obstinado -suplicó, aunque su tono llevaba un dejo de exasperación

Apenas terminó de hablar, él la tomó de la muñeca con un movimiento brusco y la empujó al interior del auto. La cabeza de Irene chocó contra el asiento, un golpe sordo que la dejó aturdida, y antes de que pudiera recobrar el aliento, Iván ya estaba sobre ella, su aliento cálido rozándole el rostro

-Me tratas como a un perro -siseó él-. Me quieres cerca cuando se te acomoda y me alejas cuando te aburres. ¿Cuántas máscaras más tienes guardadas, Irene

La puerta se cerró con un estruendo seco, y el aire dentro del vehículo se volvió denso, cargado de una electricidad que quemaba. Aunque el espacio era amplio, Irene apenas logró incorporarse antes de que él la sujetara con fuerza por el pecho, inmovilizándola

Ella tomó una bocanada de aire, luchando por mantener la calma

-Te lo he dicho mil veces: esa noche fue un error. Estaba borracha, no sabía lo que hacía -dijo, su voz temblando de frustración

Iván se inclinó hacia ella con una lentitud deliberada, casi felina. Una de sus manos descendió, apartando con descaro la tela de su ropa para deslizarse por su piel

Irene dejó escapar un jadeo, alzando la mano para abofetearlo de nuevo, pero él la interceptó 

20-09 

Capitulo 242 

con un agarre férreo

-¡lván! -gritó, su voz resonando en el confines del auto

Él retiró los dedos con una calma perturbadora, frotándolos entre sí mientras una sonrisa torcida asomaba en su rostro

-Tu boca dice una cosa, pero tu cuerpo me cuenta otra historia. ¿Qué pasa, Irene? ¿Gustavo no te da lo que necesitas? -preguntó, su voz destilando veneno

Antes de que terminara la frase, ella lo abofeteó con toda la fuerza que le quedaba. La cabeza de Iván se ladeó, y una marca roja floreció en su mejilla como un eco silencioso del golpe

Un dolor punzante atravesó el pecho de Irene, más profundo que cualquier marca física. Hubo un tiempo en que él había sido su refugio, su sombra inseparable. Nunca imaginó que ese vínculo infantil se torcería en algo tan oscuro. Aquella noche, perdida en el alcohol, había sido un desliz que aún la perseguía. Pero él no estaba borracho. ¿Cómo no supo distinguir su voz entre las brumas

Se frotó el entrecejo, agotada, y extendió una mano para acariciar con suavidad el rostro de 

Iván

-¿Te duele? -preguntó, su voz teñida de una compasión que no podía evitar

Habían crecido juntos, compartido risas y secretos. Aunque él fuera como un hermano menor, un cachorro leal a su lado, el cariño persistía, imposible de borrar

Iván soltó una carcajada gélida, casi cruel

-Mejor mátame de una vez con tus golpes, Irene. Sería más honesto -replicó, su lengua afilada cortando como siempre

Ella lo conocía demasiado bien para ofenderse. Buscó un botiquín en el auto, pero al no encontrarlo, se limitó a masajearle la mejilla con las manos, un gesto torpe y lleno de nostalgia. Desde aquella noche, lo había evadido como a una enfermedad, pero él parecía incapaz de soltarla. La seguía, la vigilaba, ahuyentaba a cualquiera que se le acercara, como un guardián celoso y despechado

Cuando todo se quebró entre ellos, nadie lo entendió. “Iván está obsesionado con Irene, decían, y ella no podía negarlo. Mientras sus dedos lo acariciaban, él aprovechó para rodearle la cintura con los brazos, acercándola más

-Iván, por favor, ya no somos niños -murmuró ella, su voz cargada de cansancio

Habían pasado tres años desde aquel error, tres años en los que ella intentó construir una vida lejos de él. Pero Iván no cedía. Cuando Irene abandonó la familia Moreno, él la persiguió con rivalidades infantiles, robándole clientes, desafiándola en cada paso

Su lugar en la familia ya era frágil, una cuerda floja que apenas la sostenía. Si alguien descubriera lo que pasó entre ellos, su nombre quedaría en ruinas. Si lo amara, tal vez valdría la pena arriesgarlo todo. Pero no lo amaba. Y esa certeza la desgarraba más que cualquier 

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