Despertar del Olvido 244

Despertar del Olvido 244

Capítulo 244 

Cuando Irene emergió del ascensor, el aire fresco del pasillo la recibió como un bálsamo, pero su alivio se desvaneció al toparse con Anaís, que bajaba con una bolsa de basura en la mano. Con un movimiento instintivo, Irene alzó el cuello de su chaqueta y deslizó los dedos por su cabello revuelto, intentando ocultar las huellas que Iván había dejado en su piel

No sospechaba que Anaís ya la había visto antes, en aquel reservado, expuesta y vulnerable

Anaís, por su parte, sintió un nudo en el estómago. Había elegido el peor momento para salir. El silencio entre ambas vibraba con una incomodidad casi tangible

-Oye, dejé tu coche bien estacionado en el garaje. Luego te paso las llaves -dijo Anaís con rapidez, buscando romper el hielo

Irene, siempre tan serena y compuesta, no lograba encontrar su centro esa noche. Los celos de Iván eran un veneno que conocía bien, y esas marcas en su cuello, tan deliberadamente impresas, no se desvanecerían en días. Sin un suéter de cuello alto para esconderlas, sabía que Anaís las había notado

Quiso articular una excusa, pero las palabras se le enredaron en la garganta. ¿Cómo explicar algo que ni ella misma entendía del todo

Anaís, sin embargo, no le dio tiempo a intentarlo. Se deslizó hacia el ascensor con agilidad

-Voy a tirar la basura. Anda, regresa pronto a casa -dijo con una sonrisa tensa

Irene exhaló un suspiro quedo, agradecida por la escapatoria, y esbozó una leve curva en los labios

-Gracias

Al cruzar el umbral de su apartamento, corrió al baño con el corazón latiéndole en los oídos. Frente al espejo, confirmó sus temores: su cuello era un mapa de rojos y morados, un testimonio mudo de la obsesión de Iván. Abrió su celular con manos temblorosas y el mensaje de Gustavo brilló en la pantalla, clavándose en su pecho como una espina. Si Iván seguía así, su relación con Gustavo se desmoronaría

Desde los días del colegio, Iván había sido una sombra que ahuyentaba a quienes se acercaban a ella. Entonces, lo justificaba: él, atrapado bajo el yugo de los Moreno, temía perderla si ella encontraba a alguien más. Irene, más lúcida que sus pares, siempre supo lo que quería. Criada entre los Moreno, conocía el peso de su lugar ambiguo en esa familia. Las miradas de reojo, los susurros que la señalaban como intrusa, la habían empujado a destacar en todo: estudios, habilidades, carácter

Odiaba aquel ambiente, la forma en que la observaban como a una pieza fuera de lugar. De niña, se esforzaba por complacer a Iván, demostrando su valía a los Moreno a través de él. Al principio, lo veía como una carga, pero con los años, un cariño genuino floreció por ese pequeño hermano dependiente. Sin embargo, cuando los Moreno percibieron esa cercanía, su actitud hacia ella se endureció. Harta, Irene cortó lazos con la empresa familiar y trazó su 

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propio camino

Jamás imaginó que Iván perdería la cabeza de esa manera. Ahora, los rumores de su supuesta enemistad aliviaban a los Moreno, que antes temían un escándalo mayor: que él estuviera enamorado de ella, su hermana en nombre, criada bajo su techo. Un amor así sería una mancha imborrable para la familia

Sentada en el sofá, se frotó el cuello con dedos cansados. Un zumbido anunció un mensaje de Iván. Solía ignorarlo, él siempre hablaba solo, pero tras sus últimas locuras, temía que bloquearlo desatara algo peor. Lo había desbloqueado con resignación

La foto que le envió era audaz, provocativa. No podía negar que Iván había madurado en un hombre de belleza magnética, pero eso solo avivó su furia

[Iván, ¿qué te pasa? ¿Eres un pervertido o qué?

Esperó, tamborileando los dedos contra el cojín. La respuesta tardó

Dejó el celular a un lado, luchando contra el impulso de cortarlo de raíz. Apenas habían pasado unos minutos cuando él llamó

-¿Ya llegaste a casa, hermanita? -dijo con esa voz melosa que borraba cualquier afrenta 

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-Irenerespondió ella con sequedad, mientras él soltaba un mmmalargado. Su respiración, más pesada, la desconcertó

-¿Qué estás haciendo? -preguntó, frunciendo el ceño

Iván dejó escapar un resoplido burlón

-¿Y a ti qué te importa? me provocaste y ahora me dejas así. ¿No puedo encargarme solo

Irene apretó los dientes, muda de rabia. No había insulto que le hiciera justicia. Colgó con un golpe seco, sintiendo que la ira le recorría el cuerpo como un incendio

El timbre sonó entonces, sobresaltándola. Inspiró hondo, intentando aplacar su tormenta interna, y abrió la puerta

Era Anaís, con las llaves del coche en la mano. Su mirada se posó fugazmente en el celular de Irene, aún encendido sobre la mesa. Una nueva foto de Iván, subido de tono, ardía en la pantalla

El rubor trepó por las mejillas de Irene, y por un instante deseó desaparecer. Ella, siempre tan segura, se sentía desnuda bajo esa mirada accidental

Anaís apartó los ojos con discreción y le tendió las llaves

-Buenas noches -dijo con calma, antes de girar y cerrar su puerta con un golpe suave

De vuelta en su habitación, Anaís dejó escapar un suspiro largo. Recordó los titulares 

20.09 

Capitulo 244 

sensacionalistas sobre la supuesta ruptura entre los hermanos Moreno, pero nadie imaginaba la profundidad de ese abismo. A Irene no parecía gustarle Iván, eso era evidente. ¿Cómo terminaría todo aquello

Se dejó caer en la cama, dando vueltas sin hallar reposo. El celular vibró, y pensó en Z, pero era Raúl Villagra

[Anaís, los Lobos cancelaron el compromiso. Bárbara está encerrada en su cuarto y no sale. No sabemos que planea.

Frunció el ceño. ¿Entonces Roberto había recibido una paliza y la boda se fue al traste? No le importó demasiado. Iba a apagar el celular cuando llegó otro mensaje, esta vez de Roberto

[¿No vas a investigar lo del accidente que te dejó sin memoria, Anaís? Creo que alguien lo provocó.

No pensaba responder, pero esas palabras la hicieron incorporarse lentamente

[¿A qué te refieres?

Roberto sabía que debía medir sus palabras para no perderla

[Tu amnesia no vino del accidente. Tal vez te drogaron.

Tenía un sospechoso en mente, pero no lo diría. Efraín, con su calma aparente, le parecía capaz de cualquier cosa.

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