Despertar del Olvido 245

Despertar del Olvido 245

Capítulo 245 

Anaís jamás había barajado la idea de indagar en las raíces de su amnesia, pero esa noche algo cambió. Se masajeó las sienes con dedos inquietos y abrió el celular para leer el nuevo mensaje de Roberto

[Seguiré investigando, no te preocupes. Pero, por favor, ten cuidado al salir. Siento que alguien. te está vigilando.

Se incorporó de la cama con un movimiento decidido y abrió el armario, donde guardaba una carpeta con varios certificados. Esos documentos, obtenidos con esfuerzo y talento, eran prueba de que no había sido una mediocre en el pasado. No podía ignorarlo: debía desentrañar la verdad detrás de aquel supuesto accidente automovilístico

A la mañana siguiente, al pisar las oficinas del Grupo Lobos, el aroma a café recién hecho flotaba en el aire cuando se topó con Damián. Últimamente, él aparecía con una frecuencia que rayaba en lo inquietante. Al verla, le dedicó esa sonrisa suya, un gesto que parecía tejer secretos en cada comisura. La siguió hasta la cocina con pasos silenciosos, casi felinos, y rompió el silencio

-¿Es cierto que Efraín fue contigo a comer tamales y que aún está en casa descansando

Anaís contuvo el impulso de responder con sarcasmo, consciente de que cualquier desliz podría complicarle las cosas a Z. 

-Sí -dijo, lacónica, mientras revolvía el azúcar en su taza

-Vaya, parece que confía ciegamente en ti. Dime, entonces, si le pusieras algo en la comida, ¿también se lo tragaría sin chistar

Anaís frunció el ceño, el calor de la taza quemándole las yemas. ¿Qué demonios buscaba este tipo? Antes de que pudiera responder, Damián extrajo un frasco blanco del bolsillo y lo depositó en su mano con una lentitud deliberada

-Si alguien toma esto durante un tiempo -explicó, su voz baja y cargada de veneno-, su mente se irá quebrando poco a poco. Se volverá irritable, perderá la cabeza y, al final, morirá de un fallo cardíaco

El rostro de Anaís se endureció al instante, un destello de indignación atravesándola. Este hombre quería la cabeza de Efraín. Sin dudarlo, le devolvió el frasco con un gesto firme

-¿Señor Lobos, me toma por idiota? Esto es un intento de asesinar al heredero de su propia familia. Si lo hago, ¿de verdad cree que podré vivir en paz en San Fernando del Sol? Ni siquiera podría mirar a la cara al viejo. Probablemente ni sabría cómo me quitarían del camino

En un parpadeo, la mano de Damián se cerró alrededor de su cuello con una fuerza que le robó el aliento. Este tipo no seguía reglas, y claramente la veía como un peón fácil de manejar

-Anaís, no te estoy pidiendo tu opinión -siseó, su aliento rozándole la piel-. Si no lo haces, tu papá, tu novio o ese inútil de tu hermanito pagarán el precio. Así que piensalo bien

1/3 

01.51 

La soltó con brusquedad y, antes de que ella pudiera reaccionar, le deslizó el frasco al bolsillo. Anaís se llevó las manos al cuello, jadeando, mientras su mirada se perdía en un abismo de furia y cálculo. No lo haría. Tal vez podría contárselo todo a Efraín y urdir un plan juntos. Pero, con la familia Lobos envuelta en una guerra interna perpetua, ¿confiaría en ella alguien como Efraín, curtido en traiciones desde niño

Al intentar salir de la sala de descanso, lo encontró aún allí, bloqueando la puerta. Damián, con su porte impecable y esa mirada reptiliana que helaba la sangre, la observaba como si ya 

hubiera ganado

-Anaís, te doy un dato: aunque fuera veneno puro, Efraín se lo tragaría sin pestañear -dijo, su tono cargado de burla

Ella lo detestaba. Odiaba a esos tipos que escondían dagas tras sonrisas melosas. Le crispaban los nervios hasta el límite. Impaciente, Damián alzó la voz

-Quiero una respuesta en media hora

De vuelta en su escritorio, Anaís apenas podía concentrarse, la mente dando tumbos entre opciones imposibles. Los treinta minutos se esfumaron como arena entre los dedos, y un mensaje de Damián iluminó la pantalla

[Si no quieres que le pase algo a tu querido novio, esta noche busca a Efraín y dale la medicina.

Se levantó de un salto, el pulso acelerado, y marcó el número de Z. Nada. Le envió una ráfaga de mensajes, pero el silencio al otro lado era ensordecedor. Con el corazón en un puño, llamó

Damián

-Anaís, ¿ya lo pensaste bien? -respondió él, su voz destilando victoria

Ella apretó los dientes, la sombra de la derrota oscureciendo su rostro. Odiaba que la 

arrinconaran así

-¿Lo tienes a él

-Sí, ya le corté un dedo. Ni siquiera gritó -replicó Damián con una calma escalofriante

Anaís cerró los ojos por un instante. Z, su Z, ese hombre desarmado y lleno de luz, como un golden retriever que solo sabía dar cariño, no merecía esto. Respiró hondo y dijo

-Déjalo libre y haré lo que me pides

-Jeje, soltarlo no es una opción. Hasta que Efraín no se haya tomado la mitad de esa medicina, tu noviecito se queda aquí, como mi invitado especial

Anaís cortó la llamada con un golpe seco y arrancó rumbo a Bahía de las Palmeras, el volante temblando bajo sus manos crispadas

Al llegar al vestíbulo, lo vio: Efraín reposaba en un sofá, su presencia tan imponente como una orquídea en lo alto de un risco, inalcanzable y peligrosa. Por un segundo, las palabras se le atoraron en la garganta. Él alzó la vista, sus ojos fríos recorriéndola sin prisa

Capítulo 245 

-¿Qué haces aquí

Anaís retrocedió un paso, pero enseguida esbozó una sonrisa temblorosa

-Presidente Lobos, la conciencia no me deja dormir. Vine a prepararle una comida

La mirada de Efraín se clavó en ella, profunda y silenciosa, durante un minuto eterno. Anaís sintió un cosquilleo helado en la nuca, como si él pudiera leerle el alma. Finalmente, él soltó una risa suave, casi imperceptible

-Está bien

33 

Despertar del Olvido

Despertar del Olvido

Score 9.9
Status: Ongoing Type:
Despertar del Olvido

Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Options

not work with dark mode
Reset