Despertar del Olvido 246

Despertar del Olvido 246

Capítulo 246 

Anaís avanzó hacia la cocina con pasos decididos, abrió el refrigerador y extrajo algunos ingredientes al azar, dejándolos sobre la encimera con un leve tintineo. Sus manos se movían rápidas, cortando y mezclando, mientras su mente giraba en torno a la angustia por Z. En un descuido, la hoja del cuchillo rozó su dedo; apenas un rasguño, pero la sangre brotó en pequeñas gotas carmesí que tiñeron la tabla de cortar. Sacudió la cabeza, retomó el control y, con dedos temblorosos, finalizó la preparación. Luego, del bolsillo extrajo el frasco y vertió dos píldoras en un cuenco, disimulando el gesto con la naturalidad de quien condimenta una 

receta

Lo que escapaba a su percepción era el diseño traicionero de la puerta: opaca desde dentro, pero un cristal revelador desde el exterior. Cada movimiento suyo, cada titubeo, quedaba expuesto como en un escenario bajo reflectores

Con una sonrisa ensayada, llevó los platillos a la mesa y alzó la voz

-Presidente Lobos, venga a probar esto

Efraín cerró el documento que sostenía con un crujido suave del papel y maniobró su silla de ruedas hasta la mesa. Anaís le acercó los platos con esmero y le tendió un cuenco humeante de sopa

Él, sin embargo, no hizo ademán de tomarlo. Sus ojos se detuvieron en el líquido, escrutándolo, y tras unos segundos que parecieron eternos, bajó la mirada

-Te lastimaste la mano. Mejor dame de comer

Anaís observó sus propios dedos, aún con rastros de sangre seca. ¿No estaba él manipulando una pluma hace un instante? La duda le mordió la lengua, pero la guardó en silencio. Tomó la cuchara, la llenó de sopa y la acercó a sus labios con cuidado

Efraín alzó los ojos y la estudió con fijeza

Ella forzó una sonrisa, aunque le temblaba la comisura

-Ándele, pruébela, que me quedó de lujo

Él la contempló un instante más, intenso y silencioso, antes de inclinarse y tomar la cucharada. Terminó la sopa con calma

-Está buena

Anaís exhaló un suspiro que llevaba conteniendo demasiado tiempo

-Qué bueno que le gustó

Tras alimentarlo hasta la última gota, deslizó la mano al bolsillo para colgar la llamada que Damián mantenía activa, escuchándolo todo. Ahora él debía estar satisfecho, pensó. Su plan era confesárselo todo a Efraín una vez libre de esa vigilancia, pero entonces, sin previo aviso, él se desplomó sobre la mesa

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01:52 – 

Anaís saltó de la silla, el corazón latiéndole en la garganta

-¡Presidente Lobos

Del teléfono brotó la risa estridente de Damián

-Anaís, qué inocente eres. ¿De veras creíste que usaría algo lento? Esto es tan letal que con una gota basta. ¡Estás perdida

Ella cortó la llamada de un golpe seco

En el trayecto, había cambiado las píldoras por vitaminas inofensivas dentro del auto. ¿Envenenar a Efraín? Jamás sería tan torpe. Todo había sido una actuación, sabiendo que Damián la espiaba

Se dejó caer de rodillas junto a él, y sin pensarlo dos veces, le aplicó respiración artificial, sus manos temblando contra el pecho inmóvil. ¿Por qué se desmayó si no había peligro

El sudor le perlaba la frente, los nervios la consumían. Tras diez minutos de esfuerzo, Efraín abrió los ojos con un jadeo débil

Anaís, con los ojos enrojecidos, soltó un aliento trémulo

-Presidente Lobos, no me dé esos sustos

Él se llevó una mano a la frente, la voz apenas un hilo

-No he comido nada en todo el día. Seguro fue el azúcar baja

La frustración la atravesó como un relámpago. Apretó los dientes, las mejillas arreboladas de furia contenida, el cuerpo vibrándole de impotencia. No encontraba palabras, solo un nudo en la garganta

Efraín, en cambio, lucía sereno, como si el caos no lo tocara. Se pasó los dedos por la comisura de los labios, indiferente

-¿Qué hacías

Anaís, aún encendida, bajó la vista, incómoda

-Se desmayó y le hice respiración artificial

La mirada de Efraín se volvió extraña, recorriéndola de arriba abajo con una mezcla de curiosidad y recelo

Ella recordó su aversión al contacto femenino y se apresuró a jurar

-No fue a propósito, estaba desesperada. Presidente Lobos, créame, por favor

Él giró la silla, dándole la espalda

-Vete. No quiero verte. 

Su tono destilaba repulsión, como si hubiera sido mancillado

Capítulo 246 

Un escalofrío le recorrió la espalda. Ya en el pasado, en la caja del socio, él la había malentendido, y ahora esto. Ni un océano podría lavar su reputación. Abrió la boca, pero tras un largo silencio, solo atinó a decir

-Tengo novio, presidente Lobos. No tengo ningún interés en usted

-¿Y quién ha visto a ese novio? ¿Cómo que no es puro cuento

Anaís se quedó helada, el pensamiento de Z sufriendo en manos de Damián golpeándola con fuerza. Las palabras se le atragantaron

Quería sincerarse, pero él la miraba con desprecio. Tomó aire profundamente. Damián creía a Efraín muerto, así que pronto movería sus piezas. Si Efraín actuaba entonces, Damián estaría acabado. Podía rastrearlo, descubrir dónde retenía a Z. 

Se encaminó a la entrada, cambió sus zapatos con rapidez y salió sin mirar atrás

Efraín, al verla partir tan resuelta, rozó con las yemas de los dedos las hojas de una planta frondosa frente a él

Lucas emergió de un rincón, vacilante, y tras un momento de duda, habló: 

-Jefe, no tiene por qué tratarla así

Era casi como si disfrutara enredándola

Efraín detuvo los dedos sobre la hoja y bajó la mirada

-¿Tú también crees que me excedí

-No es eso, peroese humor tan retorcido no va con su posición

Sabía que Anaís había sustituido el veneno, y aun así fingió el desmayo, llevándola al borde para desnudar su esencia

Efraín retomó el roce de la planta, su voz ligera

-Pero así soy yo de verdad

Desde que ella perdió la memoria, engañarla y jugar con ella se había vuelto sencillo. Antes, con una sola mirada, desmantelaba sus tretas

Debo agradecer a quienes la dejaron en blanco, pensó, con un brillo fugaz en los ojos

01:52 

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