Despertar del Olvido 258

Despertar del Olvido 258

Capítulo 258 

Anaís alzó una ceja, atrapada entre la curiosidad y una leve niebla de desconcierto

-¿Y por qué estás tan convencido de eso

Roberto clavó sus ojos en los de ella, y una chispa de satisfacción danzó en su pecho, cálida y fugaz. Hacía demasiado tiempo que Anaís no le prestaba atención con esa mezcla de paciencia y ternura

-Anaís, que a veces peco de arrogante, pero también que mis habilidades no se miden con las de esos zorros astutos de las familias influyentes. Si logré desenterrar estas pistas, es porque algo no encaja. Tal vez quien está detrás de esto sea un novato, alguien que dio un paso en falso por primera vez y dejó huellas sin querer. O quizá tropezó con un juego que no entiende del todo. Tu accidente no fue cualquier cosa; estuviste al borde, inconsciente por días. Quien sea que lo planeó, quería hacerte daño de verdad. Voy a escarbar en el pasado de ese conductor, a ver si es un viejo lobo con un historial enterrado

Anaís absorbió cada palabra, y un destello de reconocimiento cruzó su mente. Roberto no solo estaba hablando: se había volcado a esa investigación con un empeño que ella no le conocía

-Gracias -dijo, suave pero firme

Los ojos de Roberto se abrieron como platos, y una oleada de alegría lo inundó, tan pura que casi olvidó el dolor que lo ataba a esa cama. ¡Valía la pena cada herida solo por ese instante

-Deberías descansar. Pronto sabré quién es ese conductor, y cuando lo tenga, desenmascararemos al que mueve los hilos

-Sí -respondió ella, con un leve asentimiento

Anaís se puso de pie y abandonó el hospital con pasos lentos. Al llegar a su coche, un bostezo profundo escapó de sus labios, y unas lágrimas tímidas rodaron por sus mejillas, traicionadas por el cansancio. Estaba agotada hasta los huesos

Pero al subir al auto, una presencia silenciosa en el asiento trasero erizó su piel. Un escalofrío la recorrió, afilado y rápido. Iba a girarse cuando unos labios ardientes se estrellaron contra los suyos, robándole el aliento

El coche reposaba bajo la sombra generosa de un árbol frente al hospital, envuelto en un manto de penumbra que lo hacía invisible. Y ella supo al instante quién era: Z. 

Intentó zafarse, pero él la besó con más hambre, con una intensidad que parecía querer consumirla

-Me mentiste -dijo, su voz teñida de enojo y un dejo amargo de reproche, como si quisiera fundirla en su abrazo hasta que no quedara nada más

El corazón de Anaís galopaba desbocado. ¿No vivía él solo en ese edificio olvidado? ¿Cómo diablos llegó hasta aquí?” 

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Capitulo 258 

-Z, me estás asfixiando. Suéltame, por favor -pidió, jadeante

Pero él no cedió. En un movimiento fluido, la arrastró al asiento trasero y la envolvió en un abrazo feroz, casi posesivo

Anaís sintió un temblor leve en su cuerpo, una vibración que delataba su furia contenida. Estaba claro: esta vez, Z estaba realmente enfadado

Con suavidad, ella levantó una mano y le dio palmaditas en la espalda, un gesto torpe pero sincero para apaciguarlo

Pero Z solo entendía el consuelo a su manera, a través del roce, del contacto físico que lo 

anclaba

-¡Z! exclamó ella, con un filo de molestia en la voz. Estaba exhausta, el día siguiente la esperaba con trabajo pendiente, y lo único que quería era desplomarse en su cama

Pero él, con esa inseguridad que lo carcomía, no la soltaba. El coche entero comenzó a estremecerse con la intensidad de su forcejeo

Justo cuando iba a protestar de nuevo, él hundió los dientes en su hombro, un mordisco que parecía un castigo por su pequeña mentira

Anaís arrugó la frente, el dolor agudo confundiéndose con su desconcierto. ¿De dónde salía esa tormenta de emociones

Giró el rostro y depositó un beso leve en su mejilla, buscando calmar las aguas

-Tranquilo, no te enojes. No fue mi intención. No planeaba quedarme toda la noche con él, solo quería asegurarme de que estuviera bien. Estoy rendida, mañana tengo que trabajar. ¿Puedes calmarte, por favor

-¿Sabes por qué estoy así? -preguntó él, su voz sombría, apagada como un eco en una cueva. La lógica le susurró a Anaís que debía medir su respuesta con cuidado

Pero, pensándolo bien, ¿no era todo esto puro celo? No se le ocurría otra explicación

Un suspiro resignado escapó de sus labios

El tono de Z bajó aún más, casi un murmullo cargado de sombras

-¿Sabes por qué estás aquí, dejándome hacer lo que quiero

Anaís frunció el ceño, sintiendo un pinchazo ante lo cortante de sus palabras

-Z… 

-Porque que perdiste la memoria. Me muestro frágil a propósito, y , con ese corazón blando, te dejas llevar por la lástima. Cuando te apiadas de , bajo la guardia y te conquisto poco a poco. Si siento que me compadeces, que me darás todo. Pero ahora, esa compasión se la estás dando a él

Capítulo 258 

Dicho sin rodeos, Z sabía exactamente cómo había ganado su lugar a su lado. Ver a alguien más tentando el mismo camino lo ponía al borde del abismo, y no podía evitar que el miedo lo devorara

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