Despertar del Olvido 277

Despertar del Olvido 277

Capítulo 277 

Anaís aferró el arma con dedos temblorosos, consciente de que Efraín había perdido el control de mismo bajo el influjo de la droga

-Presidente Lobos, créame, todo esto lo hago por su bien

No alcanzó a terminar la frase cuando Efraín avanzó hacia ella con pasos decididos

-Entonces dispara de una vez

Ella mantuvo la calma, apuntó con precisión al brazo de Efraín y, sin vacilar, jaló el gatillo. Sin embargo, en lugar del estruendo de un disparo, solo resonó un clic seco, vacío

Por un instante, el asombro la paralizó. Sus ojos se desviaron al basurero, donde las balas yacían esparcidas como testigos mudos de la trampa. Él las había retirado todas

Abrió la boca para protestar, pero en un movimiento rápido, Efraín le arrancó el arma de las 

manos

La fuerza de su impulso la lanzó contra el sofá cercano. El arma resbaló por el suelo, alejándose varios metros con un sonido sordo

-¡Efraín! -gritó, con la voz cargada de urgenci 

Un relámpago de furia atravesó los ojos de él, pero al instante se transformó en una sonrisa grave, casi burlona

-De verdad, Anaís, no tienes ni una pizca de piedad

Ella no se sintió culpable por sus acciones

-Todo lo hago por su bien, señor Lobos. Ahora mismo no está pensando con claridad, es solo el efecto de las drogas

Al decirlo, notó las gotas de sudor que perlaban la frente de Efraín y, sin pausa, agregó: 

-Si necesita una mujer, puedo salir ahora mismo y encontrarle una que lo complazca. O si prefiere, lo llevo a La Luna, seguro ahí tienen algo para calmarlo

Cuanto más hablaba, más sentía que la presencia de Efraín se volvía opresiva, como una tormenta contenida

De pronto, él la soltó con brusquedad

Anaís se incorporó de un salto, dispuesta a ayudarlo, pero él la rechazó con un gesto firme dejó caer en su silla de ruedas, sumido en un silencio ensimismado

Ella también se sentía inquieta. Esto era culpa de Bárbara, y si Efraín decidía vengarse contra la familia Villagra… 

-Presidente Lobos-empezó, buscando palabras

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Capitulo 277 

En ese momento, alguien golpeó la puerta. Lucas entró sin esperar respuesta

Anaís guardó silencio y tomó asiento en el sofá, observándolo todo con cautela

Lucas se inclinó hacia Efraín y le susurró algo al oído. Él asintió, sin volver a dirigirle una mirada

Anaís dio un paso al frente, pero Lucas la interceptó con cortesía firme

-Señorita Villagra, debo llevar al presidente a un chequeo médico. Cualquier cosa que tenga que decir, será después

No le quedó más opción que detenerse

Cuando ambos se marcharon, ella se agachó con lentitud y recogió el arma del suelo, guardándola en su bolso con manos aún inseguras

No sabía si había sido su imaginación, pero en el instante en que apretó el gatillo, algo en la mirada de Efraín -un brillo feroz y vivo- se había extinguido, dejando tras de un vacío 

insondable

Salió de la habitación y encontró a Bárbara en el pasillo, hecha un ovillo, retorciéndose como si 

el miedo la consumiera

Tomó una bocanada de aire profundo y, pensando en Héctor, marcó el 120 desde su celular

Pero Bárbara, perdida en su delirio, no dejaba de gritar

-¡Qué horror! ¿Por qué existe alguien tan espantoso? ¡Es el diablo, es el mismísimo diablo

-¡Anaís, no te dejaré en paz! ¡Quiero que mueras, no tendrás paz nunca

Anaís cortó el ruido de su voz y regresó al seno de la familia Villagra. Allí, Victoria la esperaba, con las manos entrelazadas y los nervios a flor de piel

Al verla, Victoria se puso de pie de un salto

-¿Cómo está Barbi

-No está muerta -respondió Anaís, seca

El corazón de Victoria dio un vuelco, y ya se disponía a correr hacia su hija cuando Anaís, al ver su figura tambaleante, no pudo contenerse

-Esta vez se metió con Efraín, el heredero de la familia Lobos. Él ya está en un chequeo médico, y si algo sale mal, toda la familia Villagra pagará las consecuencias. Papá ya está como está, ¿de verdad quieres que viva sus últimos días sin un poco de paz

Los hombros de Victoria se hundieron, cargados de una súbita claridad. También ella había 

errado

-Lo siento, Anaís. Pero Barbi es mi hija, es como si fuera una extensión de . Solo te pido que me perdones. ¿Qué madre no tiene sus preferencias? Te prometo que esta será la última vez que la consienta. Después, que se las arregle sola

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15:15 

Anaís la miró, notando la terquedad que aún brillaba en sus ojos, y no encontró palabras para responder

Subió al piso de arriba, donde la tos ronca de Héctor la recibió como un eco doloroso. Sintió un nudo en el estómago y dudó antes de entrar

Pero él, como si presintiera su presencia, habló con voz frágil

-¿Sigues viva

Anaís suspiró y empujó la puerta con suavidad

-Sí, sigo viva

Las lágrimas brotaron de los ojos de Héctor al instante, su mirada opaca reflejaba un cansancio profundo

-Mientras estés viva, con eso me basta. No pido nada más. Solo que sigas aquí

-Papá-susurró ella, acercándose

Héctor negó con la cabeza, débil pero firme, y se sumió de nuevo en el sueño

Apenas pasaron diez minutos cuando despertó sobresaltado, aferrando la mano de Anaís con desesperación

-Anaís, si no salgo de esta, Raúl quedará en tus manos. Ese muchacho no es malo, solo le falta crecer

Ella sintió un dolor agudo en la garganta, como si algo la apretara sin piedad, pero logró articular

-Lo , no dejaré solo a Raúl

Una sonrisa tenue cruzó el rostro de Héctor

-Sé que no quieres la empresa Villagra, que vendiste tus acciones, ¿verdad? Solo deseo que , Raúl y Barbi vivan en paz. No aspiro a más. Tu madreella siempre creerá que la familia le ha fallado a Barbi. No va a cambiar. No esperes demasiado de ella

-Papá, no hables así, descansa -suplicó Anaís

-Si no lo digo ahora, tal vez no haya otra oportunidad. No he dormido en toda la noche. Anaís, quiero que sepas cuánto lo siento todo. Cuando me reúna con tu abuelo, me va a reprender otra vez. Todo esto es mi culpa. No fui buen esposo ni buen padre. También yo he sido un egoístaSus palabras se desvanecieron en un murmullo, y volvió a dormirse

Anaís permaneció sentada en la habitación, con una sensación de ahogo que no podía aliviar, inmóvil ante el peso de todo

Hasta que Raúl irrumpió corriendo, con el rostro desencajado

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15:15 

-¡Anaís, pasó algo

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