Despertar del Olvido 281

Despertar del Olvido 281

Capítulo 281 

-¡Presidente Lobos

-¡Anaís

Sus voces se cruzaron en un eco breve, suspendidas en el aire como hilos a punto de enredarse

Los ojos de Efraín, oscuros y turbulentos, destilaban una mezcla de emociones: furia contenida, un dejo de vulnerabilidad y algo que parecía arañar el borde del dolor

-Soy yo, ¿y ahora qué vas a hacer? ¿Apuntarme con un arma otra vez, como anoche

Anaís se quedó inmóvil, sorprendida por la intensidad que vibraba en su tono. Él, siempre tan compuesto, parecía ahora un hombre herido, lejos del jefe distante que solía ser

-No tienes por qué angustiarte por lo de anoche. Fueuna circunstancia inevitable

-¿Ah, ? -replicó él, con una risa seca que no alcanzó sus ojos. ¿Intentas matarme y me pides que no me preocupe

-No era mi intención matarte -dijo ella, bajando la mirada un instante-. Anocheolvídalo. Además, ya no creo que estés detrás de lo que pasó con la familia Villagra

Se giró con la intención de marcharse, pero algo la detuvo. Volteó de nuevo hacia él, frunciendo el ceño con una mezcla de duda y reproche

-Pero, señor Lobos, debo decirlo: últimamente te has portado de un modo extraño

A veces, sus preguntas y su forma de mirarla parecían traspasar la línea invisible que separa a un jefe de su subordinada. Sin embargo, estaba claro que entre ellos no había más que esa relación profesional, marcada por jerarquías y silencios

Cuando volvió a su escritorio, el agotamiento la aplastó como una ola silenciosa. Su ropa, aún empapada, se adhería a su piel y agriaba aún más su humor. Decidió pedir permiso y escapó a casa para cambiarse

Al llegar, el aire parecía cargado de quietud. Miguel y Raúl seguían allí. Raúl, ahora con ropa masculina que le devolvía un poco de dignidad, dormía profundamente en el sofá, rendido tras la noche extenuante. Anaís avanzó con pasos suaves para no perturbarlo y encontró a Miguel absorto, trabajando con dedicación en los datos que ella le había pedido

Le dedicó un leve asentimiento, se cambió rápidamente y salió otra vez. Esta vez, su destino era el hospital. Necesitaba ver a Bárbara y aclarar si el incendio de la noche anterior llevaba su firma

Apenas cruzó el umbral de la habitación, la voz de Victoria rasgó el aire como un látigo

-Barbi, ¿fuiste quien provocó el incendio en la familia Villagra anoche

Bárbara estalló en una carcajada salvaje, casi inhumana, y arrojó una taza contra la pared

17:05 

Capitulo 281 

-¡Ja, ja, ja! No fui yo, pero es como si lo hubiera hecho. ¡Se lo tienen merecido por tratarme como basura! Si alguien va a caer, que caigamos todos juntos

Victoria, incapaz de contenerse, cruzó el rostro de Bárbara con una bofetada

Los ojos de Bárbara se encendieron de odio, fijos en ella como brasas a punto de estallar

Victoria retrocedió, intimidada por esa mirada feroz

-¿Qué pasa con esa mirada? ¿Crees que te he traicionado

-¿Y no es así? -siseó Bárbara-. Siempre elegiste a Anaís. Todos en la familia Villagra son igual de miserables. Hice tanto por ustedes, y prefirieron ignorarme por esa zorra. ¡Todos merecen morir! ¿Héctor ya está muerto? ¡Se lo merece

-¡Paf!– 

Victoria, temblando de furia, le asestó otra bofetada. Su rostro estaba pálido como la ceniza, devastado por la pérdida de su esposo y por ver a la hija que tanto había protegido convertida en un reflejo de crueldad. Aquello era su penitencia

Bárbara, al notar su expresión, intuyó la verdad sobre Héctor y soltó otra risa estridente

-Mamá, te voy a ser sincera. La muerte del abuelo también pasó por mis manos. Le hice creer que Anaís se había entregado a medio mundo para trepar hasta Roberto Lobos. El viejo no lo resistió, se quebró y se fue. ¡Bien merecido! Quería que entendieran que quien se acerque a Anaís acaba mal. Primero el abuelo, ahora el papá. Ustedes la odian desde hace años, pero la verdadera culpable soy yo. ¡Ja, ja, ja! ¿Y qué más da? Anaís ya los ve como desconocidos y no los va a perdonar. Ah, y por cierto, ya cedí mis acciones a Valerio. Pronto la empresa de la familia Villagra será de otro. ¡Todo esto se lo tienen más que merecido, malditos

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