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Capítulo 288
-¿Has estado en ese lugar antes? -preguntó Anaís inclinándose levemente hacia el pasillo.
-Una vez, y fue suficiente -respondió el hombre mientras un escalofrío recorría su espalda.
-¿Tan impresionante resultó? -Anaís arqueó una ceja con cierta burla en su mirada.
-Cuando terminó de hablar, volteó hacia donde yo estaba y le preguntó a uno de sus hombres: “¿Qué hace esta hormiga aquí?“. Te juro que casi me doblo del susto ahí mismo.
Anaís soltó una carcajada cristalina. “Este tipo exagera como si estuviera contando una película de terror“, pensó mientras se acomodaba mejor en su asiento.
-Parece que tuviste bastante suerte al colarte en Nocturnia -comentó ella deslizando un mechón de cabello tras su oreja-. Pero si te vio y sigues respirando, ¿no significa que no es tan despiadado como cuentas?
El semblante del hombre se endureció instantáneamente, borrando cualquier rastro de fanfarronería.
-No he contado lo que ocurrió después -musitó con voz apenas audible-. Abrí la puerta del baño y me encontré con siete u ocho cuerpos tirados, todos con el rostro irreconocible. Los habían golpeado hasta matarlos. Retrocedí tropezando con mis propios pies, a punto de mojarme los pantalones del terror.
En realidad sí se había orinado, pero teniendo a una mujer tan atractiva como Anaís escuchándolo, debía mantener algo de dignidad.
El hombre revivió mentalmente aquella escena y su tez adquirió un tono cenizo.
-Por eso tenía las manos manchadas de rojo. Acababa de matar justo antes de que yo lo viera. Su mirada me atravesó como si fuera basura insignificante. No podía moverme. Sentí que estaba frente a algo inhumano, sin emociones. Un verdadero monstruo. Cuando dijo “hormiga“, me sentí exactamente así, diminuto, como si pudiera aplastarme con un simple
movimiento.
Anaís enarcó ligeramente la ceja y le extendió una botella de agua al hombre.
-Gracias -dijo él dando un trago largo-. Después de eso, juré nunca volver. El lujo de ese sitio es alucinante, pero el mundo de los ricos es algo que no podemos ni imaginar. Mejor regresar al campo y vivir tranquilo.
Anaís esbozó una sonrisa conciliadora.
-Tiene sentido. Bebe un poco más, tus labios están pálidos.
-Ja, ja, gracias, muy amable -respondió el hombre con evidente turbación.
Anaís reclinó su asiento para descansar. Volvió a soñar con la piscina de Nocturnia. En su
sueño, sus dedos rozaron algo helado y al retirar la máscara presenció algo impactante.
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Capitulo 288
Despertó de golpe con la frente perlada de sudor. “Ese hombre y sus historias me afectaron más de lo que pensaba“, reflexionó mientras secaba su rostro con un pañuelo. En ese momento escuchó al conductor anunciar: “Hemos llegado a Los Sauces“.
Con movimientos ágiles recogió su equipaje y descendió del tren. Al llegar al hotel, solicitó una habitación.
Los Sauces era una localidad emergente, pequeña pero con una ubicación privilegiada junto al mar. El país vecino había anunciado recientemente la eliminación de requisitos de visa para los ciudadanos locales, lo que convertiría a Los Sauces en un punto estratégico entre ambas naciones. El Grupo Lobos planeaba desarrollar proyectos hoteleros y comerciales ahí, aprovechando esta coyuntura.
Tras instalarse, Anaís llamó a Lucas para consultar sobre su hora de llegada.
Lucas observó discretamente al hombre en el asiento trasero, quien no había pronunciado palabra desde su partida.
-Estaremos allí en aproximadamente tres horas -respondió en tono bajo.
El automóvil avanzaba más lento que el tren y seguía una ruta alterna.
-Bien, descansaré un momento. Avísame cuando arriben -indicó Anaís, tendida sobre la
cama.
Entre dormida y despierta, percibió un alboroto en el pasillo que inicialmente atribuyó a su imaginación. Al aguzar el oído, reconoció inmediatamente la voz imperativa de Sofía dirigiendo el traslado de objetos.
“¿Qué hace Sofía en Los Sauces?“, se preguntó Anaís mientras una punzada de dolor atravesaba sus sienes.
La voz de Sofía continuaba resonando en el corredor.
-¡Cuidado! Es algo que Efraín necesita, y si lo dañan, no tendrán cómo compensarlo.
-Este artículo también es crucial. Todo ha sido desinfectado. Efraín no tiene alternativa más que hospedarse en un lugar tan básico como este.
-Esto es mío. Cuando él llegue, infórmenle que no hay más habitaciones disponibles, así podré compartir la mía con él.
La excitación en la voz de Sofía era evidente mientras seguía impartiendo directrices al personal del hotel.
Anaís volvió a recostarse sobre la almohada, consciente de que esta visita a Los Sauces distaba mucho de ser la tranquila estancia que había imaginado.
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