Capítulo 302
Emilio había estado con el rostro pálido desde el principio, sintiendo cómo la situación escapaba de su control con cada segundo que pasaba. Su postura, inicialmente confiada, ahora se desmoronaba ante la presencia de Roberto.
-Mire señor Lobos, Anaís ya no tiene interés en usted. Le pido que se comporte y nos deje tranquilos.
Apenas terminó de hablar, Roberto le dio una patada a la silla de Emilio, haciéndolo caer estrepitosamente al suelo. Con la familia Lobos ostentando un alto estatus en la ciudad, Roberto podía permitirse cualquier comportamiento en San Fernando del Sol. Su apellido era suficiente escudo. ¿Cuándo un simple actorcito de quinta iba a tener el valor de desafiarlo?
Emilio se enfureció tanto que le temblaba el cuero cabelludo, con los labios titubeantes por la
rabia contenida.
-No me sorprende que Anaís ya no quiera nada con usted.
Roberto abrazó a Anaís con fuerza y levantó la barbilla con arrogancia, mirando a Emilio como si fuera un insecto insignificante.
-Mírate en un espejo antes de abrir la boca. No eres más que un triste sustituto.
Emilio se sintió profundamente humillado. Había creído conquistar a Anaís con facilidad, pero ahora, mientras era maltratado frente a ella, la mujer no hacía absolutamente nada por defenderlo. Olvidando en un instante las instrucciones de Valerio, se dio la vuelta y se marchó,
no sin antes lanzar una última amenaza.
-Anaís, cuando de verdad quieras estar conmigo, primero deshazte del tipo que tienes al lado.
Su actitud era pretenciosa, como si Anaís no pudiera sobrevivir sin su presencia.
Después de marcharse en su coche, el enojo de Emilio creció exponencialmente con cada kilómetro recorrido. Decidió reunirse con algunos amigos para desahogarse y, para su sorpresa, escuchó a varios de ellos hablando precisamente sobre Anaís.
-Estuve en un proyecto cerca de Río Claro hace unos días y ni te imaginas lo famosa que es Anaís por esos rumbos.
-¿Anaís? ¿Y esa quién es?
-La hija de Héctor, la que siempre anda pegada al señor Lobos. Está guapísima, la verdad. Emilio debe conocerla, ¿no? ¿Tu papá no es pez gordo en el Grupo Villagra?
Todos los presentes dirigieron su mirada hacia Emilio. Aunque no estuvieran en el centro del poder, todos eran jóvenes privilegiados que se movían en los mismos círculos exclusivos.
Aún resentido por la humillación sufrida a manos de Roberto, Emilio dejó su copa de vino sobre la mesa con un gesto calculado.
-Claro que la conozco. Últimamente no me deja en paz, me anda buscando por todos lados,
16:00
pero todavía no le he dicho que sí.
Los ojos de los presentes brillaron de curiosidad mientras comenzaban a murmurar entre ellos, ansiosos por más detalles jugosos.
-¿En serio te anda persiguiendo?
Emilio, con su atractivo físico, había ganado popularidad rápidamente y era considerado un ídolo juvenil, adorado por las chicas de la ciudad. Esbozó una sonrisa de satisfacción mientras su mirada reflejaba un orgullo desmedido.
-Sí, no deja de buscarme. Esta misma noche me invitó a cenar, pero la mandé a volar. Es cierto que está buenísima, pero ya saben cómo es esto, cuando se apagan las luces, todas las viejas son iguales en la cama.
Los presentes estallaron en risas mientras lo alababan por su supuesta hazaña.
-No manches, ¿de verdad te la llevaste a la cama? Yo la vi una vez y ni siquiera me volteó a
ver.
Emilio se burló, recuperando toda la confianza que había perdido frente a Roberto mientras se regodeaba en la admiración de sus amigos.
-No es tan difícil de conquistar como parece. Cuando me ve, se le va la onda varias veces. Si la invito a algún lado, acepta sin pensarlo, y ahora estoy considerando si debería darle el gusto de salir conmigo.
Las adulaciones continuaron resonando a su alrededor, alimentando su ego herido.
Emilio recordó el rostro de Anaís, y una mezcla de deseo carnal y molestia lo invadió por completo. Esa mujer seguramente ya había pasado por las manos de Roberto varias veces, ¿por qué ahora se hacía la difícil con él? Cuando finalmente la tuviera, la trataría exactamente como se merecía.
Justo cuando estaba a punto de presumir un poco más, sintió una presencia amenazante sobre él, como si un depredador invisible lo estuviera acechando. Levantó la vista instintivamente y se encontró con la mirada penetrante de un hombre que lo observaba desde el segundo piso.
El desconocido permanecía entre las sombras, pero su máscara plateada brillaba con un destello frío y amenazador.
Emilio sintió un mal presentimiento que le recorrió la espalda, y rápidamente bajó la cabeza, intentando pasar desapercibido.
Al terminar la reunión, caminó solo hacia el estacionamiento. Justo cuando iba a abrir la
puerta de su coche, fue secuestrado sin que nadie lo notara.
Cuando recuperó la consciencia, vio nuevamente al hombre de las sombras, con su máscara plateada que reflejaba un resplandor aterrador bajo la tenue luz. Emilio sintió un miedo paralizante que le impedía articular palabra.
16.01
Capitulo 302
-¿Quién diablos eres tú?
El hombre no respondió. Avanzó lentamente hacia él y levantó su barbilla con la punta de un cuchillo que apareció de la nada.
-¿Dijiste que ella se distrae cuando te ve?
Emilio no supo inmediatamente a quién se refería hasta que un dolor punzante en su mejilla lo
hizo reaccionar. Sus pupilas se contrajeron de terror al sentir el corte en su piel.
Era una estrella en ascenso, su rostro era su mayor tesoro y su sustento.
“¡Mi cara vale más que mi vida!”
-¡Estás completamente loco! ¿Qué piensas hacer? ¡Suéltame ya, suéltame!
Pero el hombre enmascarado tenía una mirada tan vacía y fría que parecía un monstruo desprovisto de toda emoción humana.
Después de recibir tres cortes, Emilio finalmente comprendió la gravedad de su situación.
-¿Hablas de Anaís? ¡Sí, me miró un par de veces! Si tienes algún problema con eso, arréglalo con ella, ¿qué quieres de mí? ¡Ella siempre ha sido una cualquiera!
Apenas terminó de pronunciar estas palabras, el puñal atravesó su hombro con fuerza.
El rostro de Emilio palideció instantáneamente y el miedo por su vida lo hizo entender las complicaciones de la situación. Quizás este hombre era algún pretendiente obsesionado con Anaís, alguien que no había logrado conquistarla y ahora descargaba su frustración en él.
Su valentía se esfumó en un instante.
-Anaís no siente nada por mí, te lo juro. Nunca estuve con ella, todo era puro cuento. A lo mejor me usó como sustituto de alguien más. Hasta me preguntó si nos habíamos visto antes, pero era la primera vez que nos encontrábamos. Lo único es que me parezco algo a Roberto. No sé nada más, lo juro por mi madre.
Sus ojos estaban inundados de terror, temiendo que el puñal le cortara la garganta en cualquier
momento.
El hombre detuvo el avance del puñal y, con movimientos meticulosos, tomó un pañuelo para limpiar cuidadosamente la sangre del arma.
Emilio estaba al borde del llanto, especialmente al observar los gestos pausados y casi elegantes del hombre, sintiéndose como un animal indefenso a punto de ser sacrificado.
-Te prometo mantenerme alejado de Anaís para siempre. Por favor, déjame vivir. ¡Tú y ella hacen la pareja perfecta!
Los dedos largos del hombre se detuvieron por un momento, y una sonrisa enigmática se dibujó en su rostro.
-¿De verdad lo crees?
16.01
Emilio, que había pasado suficiente tiempo en el mundo del espectáculo, sabía perfectamente qué era lo que más satisfacía a hombres como él, y rápidamente se postró de rodillas.
-Sí, sí, sí. ¡Anaís te amará con locura, son perfectos el uno para el otro!
“Claro, una cualquiera y un monstruo sanguinario, ¿qué otra cosa podrían ser sino la pareja perfecta?“, pensó amargamente.
No entendía qué había hecho para merecer semejante castigo, solo le gustaba alardear un poco, y había terminado cruzándose con esta pesadilla viviente.
El hombre, repentinamente animado por sus palabras, arrojó el puñal a un lado y con un tono sorprendentemente ligero, dijo:
-Siempre hemos sido perfectos juntos.