Capítulo 305
Anaís recorrió el centro comercial hasta encontrar un regalo que, sin ser demasiado costoso, sabía que Z apreciaría. Mientras se dirigía a su coche con la compra en mano, dos guardaespaldas de traje oscuro le bloquearon el paso con movimientos coordinados y profesionales.
-Señorita Villagra, nuestro jefe desea tomar un café con usted.
Anaís frunció el ceño y dirigió su mirada hacia la cafetería cercana, donde distinguió la silueta de un hombre que al principio le resultó desconocido. Tras unos segundos, lo reconoció: era Andrés, el hermano de Damián, con quien compartía cierto parecido físico. Según los rumores que circulaban por San Fernando del Sol, acababa de regresar del extranjero para investigar la misteriosa desaparición de su hermano.
Anaís estuvo a punto de declinar la invitación alegando falta de tiempo, pero el guardaespaldas se adelantó con tono que no admitía réplica.
-Nuestro señor preferiría no tener que recurrir a métodos más contundentes.
Con expresión sombría, Anaís no tuvo más alternativa que encaminarse hacia donde Andrés la esperaba. A diferencia de la personalidad taciturna de Damián, Andrés irradiaba un carisma natural, cálido como un día de verano. Los Lobos, después de todo, eran conocidos por su extraordinario atractivo, herencia de una privilegiada genética familiar.
Una vez sentada frente a él, Andrés esbozó una sonrisa afable.
-Anaís, cuánto tiempo sin vernos. Roberto me contó que perdiste la memoria y que ahora estás muy cercana a Efraín.
Con un gesto cortés, deslizó un vaso de jugo hacia ella.
-Ya es algo tarde para un café, mejor toma algo refrescante.
Anaís observó la bebida con recelo, sin atreverse a probarla por temor a que estuviera adulterada.
-¿En qué puedo ayudarlo, señor Lobos?
-No es nada importante. Acabo de volver al país y quería ponerme al día con viejos amigos. Como has perdido la memoria, quizás no recuerdes que solíamos llevarnos bastante bien.
Anaís estaba a punto de responder con incredulidad cuando su celular vibró insistentemente. Al revisar la pantalla, vio otro mensaje de Z: una fotografía de una nueva herida en la palma de su mano, con la clara insinuación de que si ella no acudía pronto, continuaría lastimándose. Su expresión cambió instantáneamente y marcó su número con dedos temblorosos, pero él dejó que la llamada sonara sin contestar.
Anaís se incorporó abruptamente, consciente de que no podía perder más tiempo.
-Señor Lobos, disculpeme, tengo una emergencia. Podemos hablar en otra ocasión.
Capitulo 305
Apenas había dado unos pasos cuando la voz de Andrés la detuvo.
-¿Será un mensaje de Efraín? Es curioso, antes lo detestabas y ahora que le sonríes tras perder la memoria, debe estar aterrado de que recuerdes a quien realmente amabas.
Anaís se quedó paralizada. ¿La persona que más amaba? Todo San Fernando del Sol sabía de su obsesión por Roberto durante años. ¿No era él a quien siempre había amado?
Andrés sonrió con sutileza, bajando sus pestañas mientras agitaba suavemente su bebida.
-Anaís, sé perfectamente por qué antes no soportabas a Efraín. Te garantizo que si te acercas demasiado a él ahora, cuando recuperes la memoria te arrepentirás profundamente.
Anaís lo miró confundida.
-¿Por qué asumes que fue el señor Lobos quien me envió este mensaje?
Andrés dejó su vaso y entrecerró los ojos penetrantes.
-Intuición. Ha percibido mis intenciones y naturalmente quiere mantenerte alejada de mí.
Anaís recordó cómo Efraín la había llevado precipitadamente a Los Sauces justo cuando Andrés regresó al país. Una inquietud se apoderó de ella y comenzó a sentir punzadas en las sienes, pero por más que intentaba, no lograba recordar qué conflictos tenía con Efraín. Desde que despertó sin memoria, siempre había considerado a Efraín como alguien extremadamente educado y profesional. De no haber ocurrido aquel incidente en la isla, jamás habría renunciado, pues además de todo, Efraín era un jefe excepcional.
Andrés se levantó con movimientos pausados y se acercó a ella con aire confidencial.
-Anaís, quizás otros en San Fernando del Sol lo ignoren, pero yo lo sé perfectamente. La persona que realmente amabas no era Roberto, sino…
-Disculpa, Andrés, pero mi teléfono no deja de sonar.
Anaís miró el nombre que parpadeaba en la pantalla y rápidamente interrumpió a Andrés antes de que pudiera continuar.
-Lo siento de verdad, pero necesito ir con mi novio urgentemente. No es el señor Lobos quien me está escribiendo, apenas lo conozco, disculpame.
Dicho esto, presionó el botón para contestar la llamada y salió apresuradamente del lugar.
Del otro lado de la línea, la voz de Z sonaba oscura y amenazante.
-¿Me estás engañando otra vez?
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