Capítulo 309
Anaís revisó minuciosamente las grabaciones de seguridad proporcionadas por la policía. En las imágenes tomadas durante la madrugada, solo se distinguían sombras borrosas, pero claramente mostraban a Emilio lastimándose a sí mismo con un comportamiento errático y perturbador, algo inexplicable considerando que apenas el día anterior se encontraba en perfectas condiciones.
Independientemente de quién estuviera manipulando la situación, este incidente con Emilio había sembrado el miedo en la alta dirección. Ahora nadie se atrevía a confrontar
abiertamente a Anaís ni a Raúl, lo que les otorgaba una ventaja temporal que no debían desaprovechar.
Con un gesto de cariño, Anaís acarició suavemente la cabeza de su hermano.
-Termina de revisar esos documentos. Esos Cobardes no harán nada por ahora, pero mantente alerta con Valerio. Si te invita a salir, me llamas de inmediato, ¿entendido?
Raúl continuaba madurando día con día. Su extraordinaria inteligencia auguraba un futuro brillante; sin duda, con el tiempo se convertiría en uno de los nuevos potentados de San Fernando del Sol. Como hermana mayor, Anaís sentía la responsabilidad de protegerlo a toda costa, honrando así la memoria de su padre.
Los ojos de Raúl, inyectados en sangre por el agotamiento, se humedecieron súbitamente. Las semanas recientes habían sido un torbellino que apenas le permitía procesar el caos que envolvía a la familia Villagra. Al percibir la genuina preocupación de Anaís, las lágrimas amenazaron con desbordarse, pero se contuvo recordando la promesa hecha durante el
funeral de Héctor.
Respiró profundamente y logró contenerse.
-Anaís, tú también cuídate mucho.
El corazón de Anaís se enterneció momentáneamente. La muerte de Héctor y el auto encierro
de Victoria en un convento tras el escándalo de Bárbara habían cambiado todo. A pesar de no haber desarrollado lazos afectivos sólidos con sus padres, reconocía que ambos siempre trataron bien a Raúl, por lo que el impacto emocional para él resultaba considerablemente mayor que para ella.
Tomó asiento frente a su hermano y comenzó a organizar metódicamente toda la documentación correspondiente a los últimos años del Grupo Villagra, enfocándose especialmente en un proyecto que había manejado anteriormente. Se trataba del acuerdo que Bárbara había firmado con el Grupo Lobos. En su intento desesperado por rescatar la empresa de la quiebra, Anaís había manipulado hábilmente las cláusulas para cancelar unilateralmente el contrato. El plan actual contemplaba la construcción de viviendas en lugar del centro comercial originalmente proyectado, similar al desarrollo de la familia Córdoba. Sin embargo, la precaria situación financiera del Grupo Villagra les impedía competir contra el poderío económico de los Córdoba.
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Capitulo 309
Este proyecto representaba la última esperanza para el Grupo Villagra. Si no conseguían generar ingresos sustanciales, derrotar a Valerio resultaría un triunfo vacío. Héctor había invertido dos arduos años de su vida en este proyecto antes de su fallecimiento.
Al observar a su hermana absorta en los documentos del proyecto, Raúl no pudo evitar interrumpir sus pensamientos.
-Anaís, ¿en serio vamos a construir viviendas en ese terreno?
Anaís bajó la mirada, intrigada por una inquietante duda. ¿Realmente Héctor había adquirido ese terreno por mera casualidad? La familia Córdoba había comprado absolutamente todos los terrenos circundantes, excepto ese precisamente. Considerando las poderosas conexiones de los Córdoba, ¿acaso ya habían escuchado rumores sobre algo especial en esa propiedad?
Lo más perturbador era recordar la indiferencia constante de Efraín cuando ella manipuló las cláusulas para anular el contrato con el Grupo Lobos. Aquella pasividad resultaba sospechosa.
Tras reflexionar unos instantes, decidió llamar a Lucas para indagar más sobre el asunto.
-Martínez, necesito saber si has escuchado algún rumor sobre el terreno que la familia Villagra planeaba desarrollar conjuntamente con el Grupo Lobos.
Lucas ajustó sus gafas mientras un brillo enigmático cruzaba su mirada.
-Eso tendrías que preguntárselo directamente al presidente. Ha estado extremadamente ocupado últimamente, ni siquiera contesta llamadas. Creo que solo conseguirás respuestas si hablas con él personalmente.
Aunque Anaís prefería mantener distancia con Efraín, la importancia del proyecto exigía confrontarlo directamente. Samuel Córdoba, que anhelaba verla destruida, jamás le proporcionaría información útil. Paradójicamente, tenía más esperanzas depositadas en Efraín.
“¿Dónde está el señor Lobos ahora mismo?”
Lucas respondió enviándole inmediatamente una dirección. Se trataba de un hotel de renombre donde, según la información, Efraín se encontraba reunido con alguien en el restaurante.
Sin dudarlo un segundo, Anaís instruyó a Raúl para que revisara meticulosamente los documentos. Tomó las llaves del automóvil y partió decidida hacia el encuentro.