Despertar del Olvido 310

Despertar del Olvido 310

Capítulo 310 

Al descender del taxi frente al imponente hotel, Anaís se dirigió con paso decidido hacia el restaurante, recorriendo el vestíbulo con la mirada sin hallar rastro de Efraín. Tuvo que acercarse a uno de los camareros, quien rápidamente le indicó el número exacto del salón privado donde se encontraba el empresario

Al doblar la esquina del pasillo, divisó a Efraín sentado frente a una mujer ataviada con un ceñido vestido rojo. La desconocida, de figura estilizada, se inclinaba hacia él mientras conversaba con evidente entusiasmo, gesticulando animadamente con sus manos enjoyadas. Él, en contraste, mantenía la mirada clavada en la mesa, con expresión distante y actitud. completamente indiferente a los esfuerzos de su acompañante

Anaís se detuvo en seco, considerando que quizá estaba interrumpiendo un encuentro privado. Justo cuando decidía retirarse discretamente, la mujer giró el rostro y, al detectar su presencia, su semblante sufrió una transformación instantánea. Sin comprender qué había provocado tal reacción, Anaís observó cómo la desconocida recogía su bolso con un movimiento brusco, se levantaba y caminaba hacia ella. La mujer la examinó de arriba abajo con desdén y soltó una risa despectiva

-Nada especial -murmuró antes de alejarse furiosa, sus tacones repiqueteando contra el mármol como si quisieran perforar el suelo del restaurante

Anaís permaneció inmóvil, desconcertada durante varios segundos, hasta que su mirada se encontró inevitablemente con la de Efraín. Retroceder en ese momento resultaría demasiado obvio, así que, comprobando que nadie más lo acompañaba, avanzó con fingida seguridad y ocupó el asiento vacío

-Señor Lobos -saludó, notando las evidentes marcas de labial carmesí en el borde de la copal abandonada frente a ella

Efraín mantuvo su característica compostura y, alzando ligeramente la mirada, preguntó con voz imperturbable

-¿Tienes algo que decir

Anaís comprendió súbitamente que lo ocurrido en la isla había sido meramente una reacción fisiológica pasajera. Ahora, recuperada su serenidad habitual, la actitud de Efraín hacia ella había regresado a la formalidad de siempre. Comparada con la imperturbable calma que él exhibía, sus propias noches de desvelo y preocupación le parecieron ahora ridículas y desproporcionadas

Una sonrisa. de alivio se dibujó en su rostro antes de hablar

-Señor Lobos, respecto al contrato que Bárbara firmó anteriormente con el Grupo Lobos, ¿tiene información adicional sobre ese terreno

Era un asunto confidencial, pero estaba dispuesta a intercambiarlo por otros datos valiosos. Sin embargo, apenas había terminado de formular su pregunta cuando una voz femenina 

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Capitulo 310 

interrumpió a sus espaldas

-Disculpa, pero ese asiento me pertenece. ¿Te has equivocado de mesa

Anaís se quedó paralizada, alzó la vista y se encontró con otra mujer impecablemente vestida que la observaba con expresión hostil. No obstante, al dirigir su mirada hacia Efraín, el semblante de la desconocida se transformó instantáneamente en una sonrisa empalagosa

-Señor Lobos, ¿ella también forma parte de su agenda de hoy? -inquirió con tono meloso

Efraín permaneció en silencio, limitándose a acariciar con parsimonia el borde de su copa de cristal tallado. Anaís estuvo a punto de incorporarse, pero al notar que él no manifestaba reacción alguna, decidió mantener su posición y dirigió una sonrisa calculada hacia la mujer

-No me equivoqué de lugar. Lo siento, pero ya hemos acordado todos los detalles de nuestra 

boda

Los ojos de la mujer se dilataron con incredulidad y buscó confirmación en el rostro de Efraín

-Señor Lobos, ¿es verdad? -preguntó, visiblemente alterada

Efraín esbozó una leve sonrisa apenas perceptible

—Sí

La mujer inhaló profundamente, su rostro perdió todo color y, tras varios intentos fallidos por articular alguna respuesta, finalmente se retiró con evidente desconcierto

Anaís aguardó hasta que la figura de la mujer desapareció entre las mesas antes de permitir que sus hombros tensos se relajaran. Jamás hubiera imaginado que Efraín estuviera participando activamente en citas arregladas, pero resultaba evidente que se encontraba hastiado de las mujeres que desfilaban una tras otra frente a él

Desde aquella noche en la isla, Efraín nunca había mostrado el más mínimo interés en asuntos sentimentales. Ahora volvía a ser el hombre inalcanzable de siempre, abstraído en su propio mundo, distante como una estrella lejana

Se disponía a retomar la conversación cuando él se adelantó

-Los hombres de mi padre están vigilando. Lo que acabas de decir llegará a sus oídos palabra por palabra

Anaís sintió como si un relámpago la hubiera fulminado, quedándose momentáneamente ciega. Recorrió discretamente el entorno con la mirada, percatándose de la presencia de varios guardaespaldas vestidos rigurosamente de negro estratégicamente ubicados

De pronto todo encajaba: el motivo por el que todo había transcurrido tan fluidamente desde el principio era que los observadores la habían catalogado como una más de las candidatas seleccionadas por el señor Anselmo. Ahora comprendía por qué Efraín permanecía obedientemente sentado allí, cumpliendo con las citas impuestas. 

15:52 

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