Capítulo 317
Ella se acercó a Efraín para hablar, y el aroma de su cabello invadió inadvertidamente sus sentidos, haciendo que sus pestañas temblaran varias veces, rozando la palma de Anaís, quien sintió un leve cosquilleo. Intentó disipar aquella extraña sensación en su pecho con una profunda inhalación. “Cierre los ojos primero.” Pensó que Efraín se mostraría impaciente, pero para su sorpresa, él obedeció con docilidad, lo que la hizo percatarse de que esta noche estaba siendo inusualmente cooperativo con ella. Considerando su posición actual, existían incontables personas deseosas de complacerlo, y la brecha entre sus estatus era tan profunda que jamás imaginó que él pudiera tolerarla por tanto tiempo.
Se apresuró a continuar con el proceso, encendiendo las luces de la habitación y conduciéndolo frente a Lucía, quien permanecía sentada en el sofá. Al distinguir claramente el rostro de Efraín, un destello de asombro cruzó su mirada. ¿Era posible que un ser humano tuviera semejante apariencia? ¿Qué habría ocurrido con sus piernas? ¿Estaría condenado a esa condición permanentemente? Aunque experimentó cierta decepción inicial, rápidamente se consoló. Con un atractivo tan impactante, la pérdida de movilidad en sus extremidades resultaba completamente insignificante. Estaba dispuesta a dedicar su vida entera a sus cuidados, incluso si eso significaba convertirse en su asistente personal.
Las palmas de sus manos transpiraban por el nerviosismo, mientras observaba a Anaís abandonar la habitación diciendo:
-Señor Lobos, puede abrir los ojos.
La comisura de los labios de Efraín se curvó levemente, su mirada rebosante de calidez, pero cuando posó sus ojos en la mujer sentada frente a él, aquella expresión risueña se transformó instantáneamente en un témpano.
Lucía se sintió aún más incómoda y, recordando las técnicas de seducción empleadas por otras mujeres, elevó sutilmente su pierna para rozar la de él.
-Un placer conocerlo, Señor Lobos. Me llamo Lucía.
Pronunció estas palabras con evidente nerviosismo, pues aquella sonrisa que había iluminado su rostro un segundo atrás se había desvanecido por completo. Aunque no era particularmente perceptiva para captar señales sociales, en ese instante experimentó una creciente inquietud que tornó ansiosa su expresión. A pesar de la inexpresividad de Efraín, un terror inexplicable la invadió, como si serpientes venenosas invisibles reptaran desde el suelo hacia sus tobillos, ascendiendo lentamente por sus pantorrillas, amenazando con devorarla entera.
Anaís había cerrado la puerta del dormitorio desde afuera y esperaba en la sala, sintiéndose extremadamente satisfecha consigo misma. Incluso esbozó una leve sonrisa, que mantuvo hasta que Lucas ingresó al ambiente.
Lucas, aún preocupado por la situación, decidió acceder con su tarjeta. Al encontrar a Anais sentada en la sala, recorrió rápidamente el lugar con la mirada.
-¿Dónde está el señor?
18:47
Capitulo 317
-Está en el dormitorio.
Anaís respondió en voz baja, temerosa de interrumpir la intimidad entre Efraín y Lucía, y rápidamente condujo a Lucas hacia el pasillo. Él había visto a Anaís en numerosas ocasiones antes de que perdiera la memoria, y realmente no comprendía qué cualidad especial podría ver el presidente en una mujer como ella, pero siendo una decisión personal de su superior, prefería abstenerse de opinar.
Ya en el pasillo, finalmente cedió ante su curiosidad.
-Si el señor está en el dormitorio, ¿por qué te quedaste en la sala?
Anais lucía confundida. ¿Acaso debía interrumpirlos? Probablemente en ese momento él estaría sumergido en la nostalgia de su verdadero amor, y evidentemente no correspondía perturbar ese momento.
Al percibir la confusión en su semblante, Lucas experimentó una creciente inquietud.
-¿Qué preparaste exactamente en el dormitorio?
Un escalofrío recorrió su espina dorsal mientras aguardaba la respuesta.
Anaís dibujó una ligera sonrisa.
-Pues una sustituta, obviamente. ¿No estaba perdidamente enamorado de la hija mayor de los Córdoba? Encontré a alguien que se le parece muchísimo. Aunque me duele usar así a una difunta, no tenía alternativa. Necesito averiguar todo sobre ese terreno.
Una sombra de incredulidad atravesó la mirada de Lucas. Contemplando el rostro frente a él, sintió el impulso casi irrefrenable de abofetearla.
-¡Tú!
Empujó a Anaís con violencia, mientras su pecho se agitaba frenéticamente.
La espalda de Anaís impactó contra la pared, provocándole cierto dolor. Frunció el ceño, incapaz de comprender la razón tras la intensidad emocional de Lucas.
Él se apresuró a abrir la puerta, ansioso por ingresar al dormitorio, pero justo cuando su mano tocó la cerradura electrónica, ésta se abrió desde el interior.
Efraín apareció en el umbral, con un semblante impenetrable.
-Señor, ¿todo está bien? -preguntó Lucas visiblemente alterado.
Efraín mantenía la mirada baja, pero finalmente elevó el rostro, fijando sus ojos en Anaís.
212