Capítulo 318
Anaís quería preguntar si estaba satisfecho, pero un instinto primitivo de supervivencia la detuvo. Se sentía atrapada frente a algo peligroso y letal. No lograba descifrar lo que ocultaba esa mirada impenetrable, y solo atinó a tragar saliva mientras un sudor frío recorría su espalda. Lucas empujó la silla de Efraín, pasando junto a ella como si fuera invisible. La presencia imponente de Efraín la mantuvo paralizada contra la pared, inmovilizada por una fuerza invisible que solo se disipó cuando ambos hombres entraron al ascensor y las puertas se
cerraron.
Reaccionando por fin, Anaís abrió apresuradamente la puerta de la habitación y se dirigió al dormitorio. Lucía permanecía sentada en el mismo sofá, con las mejillas encendidas en un rubor intenso y los labios temblorosos de emoción contenida.
-¿Te fue bien con él? -preguntó Anaís, ansiosa por conocer lo sucedido en aquellos minutos
de intimidad.
El rostro de Lucía se encendió aún más, extendiéndose el rubor hasta su cuello en oleadas
visibles.
-Creo que sí. No dejaba de mirarme fijamente sin decir palabra alguna.
Anaís exhaló aliviada. Conocía lo suficiente a Efraín para saber que rara vez dedicaba su atención completa a alguien; quizás realmente había quedado impresionado. En cuanto a su brusca partida, seguramente se debía a la intensidad de sus emociones. Incluso alguien en una posición tan elevada podía perder la compostura ante un amor verdadero.
Lucía tomó la mano de Anaís con desesperación, su voz vibraba de entusiasmo.
-¿Podré volver a verlo, señorita Villagra?
Anaís ya le había entregado diez mil pesos, suficientes para resolver sus problemas inmediatos. A partir de ese momento, Lucía podría olvidarse de las preocupaciones económicas; ahora solo anhelaba contemplar nuevamente el rostro de aquel hombre.
Sin estar segura de la verdadera actitud de Efraín, Anaís evitó hacer promesas vacías. Se limitó
a ofrecerle otra habitación en el hotel para que esperara mientras ella tanteaba el terreno.
Lucía agregó el número de Anaís a sus contactos para mantenerse comunicadas.
…
Al salir del hotel, una inquietud inexplicable se instaló en el pecho de Anaís. Intentó comunicarse con Lucas, pero no obtuvo respuesta. Sus planes para sondearlo se habían
desvanecido en el aire.
Ya en casa, la intranquilidad seguía atormentándola. ¿Estaría Efraín satisfecho o no? ¿Por qué ese silencio tan penetrante? Pasó la noche entera dando vueltas en la cama, y al amanecer, volvió a llamar a Lucas sin éxito. Al principio supuso que estaría ocupado, pero ahora
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Capitulo 318
comprendía la verdad: él no quería contestarle.
¿Acaso Efraín había quedado descontento? ¿O quizás Lucía no se parecía lo suficiente a su amor perdido?
Buscó el contacto de Efraín en su teléfono, pero el nerviosismo paralizó sus dedos antes de atreverse a llamar.
En ese preciso instante, la llamada de Raúl llegó como un salvavidas en medio de su tormenta
mental.
-Anaís, Valerio está comprando en secreto las acciones de los otros accionistas.
Si lo conseguía, la empresa familiar cambiaría completamente de manos.
Anaís frunció el ceño mientras analizaba la situación. Los altos ejecutivos respaldaban abiertamente a Valerio, y a ese ritmo, realmente podría convertirse en el nuevo presidente.
Rápidamente revisó los datos financieros de los principales directivos del Grupo Villagra. El panorama era desolador; aquellas personas siempre se habían opuesto férreamente a que Raúl asumiera la presidencia.
Raúl sonaba desesperado al teléfono, completamente superado por los acontecimientos, y por eso recurría a ella.
Anaís respiró profundamente y centró su atención en uno de los ejecutivos que poseía el mayor porcentaje de acciones: un siete por ciento. Si Raúl lograba adquirir ese paquete, Valerio jamás podría superarlo, sin importar cuánto invirtiera.
-Primero debes encargarte de tus responsabilidades actuales. Yo me ocuparé del asunto de las acciones–le aseguró con firmeza.
La voz de Raúl sonaba agotada, pero aún luchaba por mantenerse entera.
-Quiero estar contigo, Anaís. Si surge algún problema, podríamos apoyarnos mutuamente.
-No hace falta. Tú sigue revisando la documentación y memoriza todo ese material.