Despertar del Olvido 32

Despertar del Olvido 32

Capítulo 32 

Una sombra de determinación oscureció el rostro de Anaís mientras ajustaba la correa del bolso sobre su hombro. Sus pasos resonaban con firmeza sobre el pasillo del centro comercial, marcando el ritmo de su recién descubierta independencia. Fabiana la seguía de cerca, observándola con una mezcla de curiosidad y preocupación

-¿De verdad piensas quedarte con ese bolso? -la voz de Fabiana flotó en el aire, cargada de una duda apenas contenida

-¿Hay algún problema con eso? -respondió Anaís, su tono destilando una seguridad que pocas veces había mostrado

Fabiana sacudió la cabeza y exhaló un suspiro que pareció llevarse consigo todas sus expectativas. Sus pensamientos quedaron suspendidos en el aire, como una frase sin terminar

-Fabiana, acompáñame esta noche -propuso Anaís con renovado entusiasmo-. Quiero mostrarte mi casa nueva. Prepararé la cena, algo especial

Una sonrisa titubeante se dibujó en los labios de Fabiana, como una mariposa indecisa entre posarse o emprender el vuelo

-Claro, me encantaría

En otro punto de la ciudad, Jimena marcaba el número de Roberto con dedos temblorosos por la indignación

-Rober, me acabo de enterar que tu tío está en el hospital. ¿Qué fue lo que pasó

Roberto mismo desconocía los detalles completos. Los rumores hablaban de un escándalo protagonizado por Anaís en un salón privado, donde había humillado a Leopoldo, y que incluso Fausto había tenido que intervenir. Sin embargo, las circunstancias exactas que llevaron a Víctor al hospital permanecían en las sombras, con Leopoldo negándose a revelar más información

Al interrogar directamente a Víctor, este solo había murmurado que todo era culpa de Anaís, como si ella fuera una plaga que dejaba destrucción a su paso

La irritación burbujeaba en el pecho de Roberto. Los parientes maternos nunca habían sido de su agrado, especialmente su tía y prima, cuyos ojos brillaban con una codicia mal disimulada cada vez que aparecían pidiendo dinero. Al menos Anaís había manejado esa situación con maestría, manteniendo a raya a ese par durante un tiempo considerable

¿Por qué precisamente esta noche vuelven a molestar?, se preguntó mientras respondía con sequedad

-Mi tío está bien

Un suspiro de alivio escapó de los labios de Jimena, pero su voz se endureció al mencionar a Anaís

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Capítulo 32 

-Es que esa mujer parece poseída. Me acaba de arrebatar un bolso de cuarenta mil pesos, y todavía tuvo el descaro de decir que se lo ordenaste. Rober, tienes que hablar con ella, que me devuelva lo que es mío

Roberto encendió un cigarrillo, dejando que el humo danzara entre sus dedos mientras procesaba la situación

-Mira, acaba de salir del hospital, debe estar alterada. Después hablo con ella

Una sonrisa de triunfo iluminó el rostro de Jimena, saboreando anticipadamente la victoria

Anaís estaba introduciendo la llave en la cerradura de su nuevo hogar cuando el teléfono vibró con la llamada de Roberto

-¿Qué necesitas? -preguntó con un tono tan distante como las estrellas

-Mi tía dice que le quitaste su bolso. Últimamente tus acciones son cada vez más 

extravagantes, Anaís

Un dolor punzante atravesó sus sienes, mientras un sabor amargo se instalaba en su garganta. Respiró profundamente antes de responder

-¿Me llamas solo por eso

-¿Te parece poco? ¿Hasta cuándo vas a seguir causando problemas

La respuesta de Anaís fue el silencio digital del bloqueo de contacto. Con movimientos precisos, depositó las compras sobre la barra de la cocina y se dirigió a Fabiana

-Ponte cómoda. Los muebles nuevos no tardan en llegar. Contraté servicio de limpieza, así que todo está impecable

El espacio de 150 metros cuadrados revelaba el exquisito gusto de su antigua propietaria, creando un ambiente perfecto para una mujer independiente

Los labios de Fabiana se tensaron antes de preguntar con voz áspera

-¿Vivirás aquí sola

-Sí, me mudé de casa de los Villagra

-¿Era Roberto quien llamó? Como es tu primer día aquí, ¿no piensas invitarlo

Anaís percibió un interés particular en la voz de Fabiana, una curiosidad que iba más allá de la simple preocupación amistosa

-Fabiana, ya no siento nada por él. Ni lo menciones, que me provoca náuseas

Una sonrisa incómoda se dibujó en el rostro de Fabiana mientras se hundía en el sofá

-¿Después de tanto tiempo, de verdad puedes olvidarlo así nada más

-Antes estaba ciega. Ahora veo todo con claridad

Una hora más tarde, después de compartir una cena casera de tres tiempos, llegaron los 

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muebles nuevos. Pequeños detalles que, al distribuirse por la sala y el dormitorio, transformaron el espacio en un santuario de serenidad

-¿Te quedas a dormir? -propuso Anaís

-No puedo, tengo turno nocturnose disculpó Fabiana

Tras despedir a su amiga, Anaís se encontró en el elevador con una mujer de cabello rizado en ondas perfectas. Un suave aroma a licor flotaba a su alrededor, sin comprometer la precisión de su imagen cuidadosamente elaborada, desde los zapatos de diseñador hasta cada mechón de su cabello

El elevador se detuvo en el mismo piso, revelando que eran vecinas. La mujer la reconoció de inmediato y la saludó con un gesto elegante

-Anaís, ¿te mudaste aquí

Anais asintió cortésmente y, notando el sutil bamboleo en los pasos de la mujer, se apresuró a ofrecerle apoyo

Irene Moreno se acomodó un mechón rebelde mientras sus ojos brillaban con el resplandor del alcohol

-Me alegra que te hayas mudado. Admiro tu paciencia por haber aguantado tanto tiempo en 

esa casa

Al abrir la puerta de su departamento, un perro blanco salió a recibirla con entusiasmo. Irene bostezó y, sin transición, lanzó una pregunta que cortó el aire como un látigo

-Por cierto, ¿ya te acostaste con Roberto

-¿Perdón? -Anaís parpadeó, desconcertada por el giro abrupto de la conversación

Irene se recargó en el marco de la puerta, su presencia emanando sensualidad como pétalos 

de una flor nocturna

-¿No has estado con él? Con razón lo persigues tanto. Los hombres son así, una vez que prueban, pierden el interés. Te he visto ir tras él y me preguntaba si ese era el motivo. Toma, quizás te sirva

Un blister sin etiqueta voló por el aire, aterrizando en las manos de Anaís por puro reflejo

Con una sonrisa traviesa, Irene murmuró un buenas nochesantes de desaparecer tras su 

puerta

Anaís guardó el blister en su bolso nuevo, aún procesando el encuentro. En su círculo social, donde todos se conocían, su interés por Roberto era un secreto a voces que resonaba en cada 

salón

Irene pertenecía a los Moreno, una de las cinco familias más poderosas de San Fernando del Sol. Sin embargo, su condición de hija adoptiva y su personalidad indomable nunca habían encajado del todo en el molde familiar, relegándola a este edificio. Su estilo de vida desafiante 

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alimentaba los chismes como leña al fuego

Una mujer hermosa y refinada, reflexionó Anaís mientras entraba a su departamento, jamás escapa de los escándalos en este mundo dominado por hombres

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