Despertar del Olvido 329

Despertar del Olvido 329

Capítulo 329 

-Come algo para recuperar energías, este chocolate era uno de los favoritos de Anaís -dijo Fabiana extendiendo el pequeño dulce con una sonrisa ensayada

Los ojos de Raúl se iluminaron al instante ante la mención de su hermana y tomó el chocolate sin dudar, llevándolo a la boca con avidez. Durante la siguiente hora de caminata, Fabiana continuó ofreciéndole varias piezas más mientras observaba detenidamente sus reacciones, calculando cada gesto y palabra

Finalmente llegaron a la puerta de la casa del viejo doctor. Raúl ayudó a Fabiana a sentarse en un banco de piedra para que descansara mientras él se adelantaba a tocar la puerta con determinación. El anciano médico, a pesar de sus ochenta años, abrió con un vigor sorprendente. Su hogar desprendía un intenso aroma a hierbas medicinales que impregnaba cada rincón, mezclándose con el aire fresco de la montaña. Al ver a Raúl, un destello de reconocimiento cruzó su mirada cansada

-Señor, ¿tiene algún remedio para el insomnio? -preguntó Raúl sin perder tiempo en saludos

El médico tradicional examinó el rostro del joven con atención, acariciando su barba blanca con dedos nudosos

-¿Eres el hijo de Héctor, verdad? Hace años que no te veía. ¿Cómo está Héctor ahora

San Pedro del Valle, donde se encontraban, era un pueblo prácticamente fantasma, especialmente aquella colina solitaria donde solo habitaba el viejo doctor. Su esposa había partido de este mundo treinta años atrás, y él había consagrado el resto de su existencia al estudio minucioso de las hierbas medicinales ancestrales, sin abandonar jamás la montaña excepto para recolectar nuevos especímenes para sus remedios

-Mi padre falleció -respondió Raúl, su expresión ensombreciéndose notablemente

Los ojos del viejo doctor se abrieron con genuina sorpresa. Tras un prolongado silencio, tomó un sorbo de la infusión que sostenía entre sus manos arrugadas

-Ay, tan joven¿Cómo pudo irse así? Recuerdo cuando venía aquí, siempre lleno de vitalidad. Era un hombre extraordinario, el más brillante que dio San Pedro del Valle. Después de hacerse de dinero, mejoró todos los caminos del pueblo. Hasta construyó una escuela para los niños. Héctor nunca olvidó sus raíces, era un hombre íntegro. Qué lástima que se haya ido tan pronto. Raúl esbozó una sonrisa amarga que más parecía un gesto de dolor contenido

-Señor, vine por un remedio para el insomnio. que usted es el mejor en esto. ¿Podría prepararme algunos? Le prometí a Anaís que conseguiría esta medicina. También necesito algo para los dolores menstruales, ella sufre mucho durante su periodo. Se lo agradecería infinitamente

El médico, visiblemente confundido, terminó de beber su infusión con calma

-¿Qué hermana? ¿No falleció tu hermana

Capítulo 329 

Raúl se estremeció violentamente y escupió varias veces al suelo, como queriendo alejar aquellas palabras

-No diga esas cosas, doctor. Anaís y Bárbara están perfectamente bien. Aunque Bárbara anda algo trastornada en el hospital psiquiátrico, pero viva

-ImposibleRecuerdo que Héctor… 

-Señor, el tiempo apremia -interrumpió Raúl, jalando suavemente al viejo por el brazo-. Por favor, prepare los remedios rápido. Le pagaré lo que sea necesario

El anciano, percibiendo la urgencia en su voz, guardó silencio y se dirigió con pasos lentos pero seguros hacia su botiquín. Con manos expertas preparó más de cincuenta dosis de medicinas, envolviéndolas cuidadosamente en papel de arroz

-Hiérvelas a fuego lento. Llévatelas todas, treinta son para el insomnio

Raúl metió apresuradamente todos los paquetes en una bolsa de tela y depositó varios miles de pesos sobre la mesa de madera

-Gracias, doctor. Si funcionan, vendré seguido

El anciano aceptó el dinero sin falsa modestia y acompañó a Raúl hasta la entrada del jardín. Viendo al joven tan apresurado, no pudo contener su curiosidad

-¿Tu hermana Anaís se parece a ti

-Por supuesto, somos guapísimos los dos contestó Raúl con una sonrisa genuina-. ¡Cuídese mucho, doctor! Nos vemos pronto

El viejo médico permaneció inmóvil, siguiendo con la mirada la figura del joven hasta que desapareció entre los árboles. Después, con pasos pausados, regresó a su refugio en la montaña. Su jardín rebosaba de hierbas medicinales tanto en el patio delantero como en el trasero, donde se alzaba una pequeña colina solitaria

Con gesto solemne, tomó una flor de magnolia de invierno y la colocó delicadamente frente a la colina, murmurando para mismo con voz apenas audible

-Qué extraño

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