Capítulo 33
Los primeros rayos del sol se colaban por las ventanas mientras Anaís preparaba un modesto desayuno en su nuevo hogar. El aroma del café recién hecho inundaba la cocina, mezclándose con la dulce satisfacción de la independencia. Por fin tenía un espacio propio, lejos de la mansión de los Villagra y sus miradas condescendientes. Los cuatrocientos mil pesos en su cuenta bancaria le proporcionaban un colchón de seguridad, suficiente para olvidarse de mendigar por esos veinte mil que aún necesitaba para las facturas del hospital.
La pantalla de su celular brilló mientras buscaba el contacto de Efraín para agregarlo a WhatsApp. Las horas se arrastraron hasta el mediodía sin que apareciera la confirmación de su solicitud. Resignada, optó por enviar un mensaje de texto.
[Señor Lobos, disculpe la molestia. Sobre los veinte mil pesos que le debo, ¿podría aceptar mi solicitud de WhatsApp para coordinar el pago?]
El silencio digital fue su única respuesta. La distancia que Efraín mantenía con todos parecía haberse convertido en un muro infranqueable.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Fátima se acercó a su escritorio, dejando caer un pesado contrato sobre la superficie pulida.
-El Proyecto Manzana Compartida de Las Colinas será tu responsabilidad directa -declaró Fátima con un dejo de malicia en su voz-. Ve a preparar tu equipaje. Y si la señorita Villagra no puede manejarlo, la puerta está bien amplia. El departamento seguirá funcionando con o
sin ti.
La noticia corrió como pólvora por la oficina. Sus compañeros apenas disimulaban su alivio: Las Colinas, una zona marginada, representaba un proyecto gubernamental sin prestigio ni beneficios. Para quienes llegaban al Grupo Lobos, era poco más que una pérdida de tiempo.
Las sonrisas falsas no tardaron en aparecer, acompañadas de felicitaciones que destilaban hipocresía.
-Anaís, esto demuestra la confianza que tienen en ti los de arriba -comentó uno.
-Sí, cualquiera quisiera una oportunidad así -añadió otro, sin molestarse en ocultar su sonrisa burlona.
La noche anterior, Anaís le había prometido a Efraín encargarse personalmente del proyecto, pero la falsedad de sus colegas le revolvía el estómago.
-Si tanto les interesa, puedo hablar con el presidente Lobos -respondió con una sonrisa serena-. De hecho, me pidió que eligiera un asistente. ¿Alguien quiere anotarse?
Los rostros antes sonrientes perdieron todo color.
Anaís se levantó con elegancia, tomando los documentos del proyecto. La escasa información proporcionada por Fátima la obligaba a buscar detalles directamente en la planta superior. Ni siquiera sabía quién la acompañaría a Las Colinas o la hora de partida.
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Capítulo 33
Al llegar al último piso, se encontró con Lucas, quien la recibió con su habitual expresión de desprecio.
-Señorita Villagra -pronunció su apellido como si fuera una mancha en su lengua.
-¿Se encuentra el presidente Lobos? Necesito información sobre el Proyecto Manzana Compartida de Las Colinas…
-El presidente no recibirá a nadie hoy.
-Pero estoy por salir a preparar mi equipaje. Al menos necesito saber los detalles del viaje.
La indiferencia en el rostro de Lucas permaneció inmutable.
“Qué ingenua fui“, pensó Anaís. Desde su despertar en el hospital, se había acostumbrado al rechazo, pero siempre había creído que Efraín era diferente. Ahora comprendía que esa diferencia solo existía en su imaginación.
Su existencia se asemejaba a una isla en medio del océano: solitaria, inaccesible, donde nadie se atrevía a tender puentes.
-Está bien, iré a empacar–murmuró con una sonrisa resignada.
Lucas continuó con sus labores, ignorándola como si fuera parte del mobiliario.
De vuelta en su departamento, Anaís seleccionó cuatro mudas de ropa y dos pares de tenis deportivos. Mientras cerraba la maleta, su celular vibró con un mensaje.
[Baja]
Parpadeó varias veces, incrédula ante la brevedad del mensaje.
Con la maleta en mano, descendió hasta la entrada del edificio. La familiar limusina negra de Efraín aguardaba en la acera. Al abrir la puerta, lo encontró en el interior, con una silla de ruedas plegada a su lado.
-¿Señor Lobos? ¿Usted también va a Las Colinas?
“¿El presidente del Grupo Lobos en un proyecto como Manzana Compartida?“, se preguntó, desconcertada. La presencia del máximo ejecutivo en un proyecto menor desafiaba toda lógica.
10.10