Capítulo 330
Cuando Raúl salió al exterior, levantó bruscamente a Fabiana, quien descansaba sentada sobre una piedra. Sus movimientos delataban la ansiedad que lo consumía tras conseguir lo que tanto buscaba.
-Vámonos ya. Conseguí la medicina. Para los cólicos menstruales tenemos veinte dosis en total: ocho para ti y doce para Anaís.
En su mente distorsionada, jamás consideraría una división equitativa; su balanza siempre se inclinaba hacia Anaís, como si fuera el centro gravitacional de sus pensamientos.
Fabiana comenzó a descender la montaña mientras escuchaba a Raúl hablar sin pausa sobre las virtudes de Anaís: su belleza incomparable, su talento culinario, su admirable ética de trabajo y tantas otras cualidades que parecían conformar a una persona perfecta, casi mitológica. Durante las dos horas que duró el descenso, Raúl no dejó de enumerar, como si recitara un rosario personal, cada una de las supuestas maravillas de su hermana.
El semblante de Fabiana se oscureció gradualmente. A lo largo del sinuoso camino, le ofreció algunos caramelos a Raúl, quien los aceptó sin el menor atisbo de duda, llevándolos a su boca con la confianza de un niño.
Cuando ambos subieron al auto, Raúl extrajo el pan que había preparado en el vehículo y le sugirió a Fabiana que comiera algo, argumentando que les esperaban seis horas de camino hasta San Fernando del Sol, un trayecto que requeriría fuerzas.
-Raúl, toma estos caramelos por si en algún momento estás tan ocupado que olvides comer. Una hipoglucemia mientras conduces puede ser fatal.
Fabiana dejó una bolsa repleta de caramelos en la guantera del auto, observando cuidadosamente las reacciones de Raúl.
-Gracias.
Raúl no había tenido un momento de descanso en todo el día: más de diez horas al volante y varias caminando por la montaña. Sin embargo, la simple idea de recibir la aprobación de Anaís funcionaba como un combustible inagotable para su cuerpo exhausto.
Llegó a San Fernando del Sol a las siete de la noche, dejando primero a Fabiana en su casa, tal como ella le había indicado al inicio del viaje.
-No te olvides de los caramelos. Come más mientras conduces para mantener tus fuerzas.
Fabiana le recordó al bajar del vehículo, con un tono que oscilaba entre la preocupación genuina y algo más sutil que pasaba desapercibido para Raúl.
-Claro, lo recordaré. Aquí tienes tu medicina.
Le entregó las ocho dosis a través de la ventanilla del auto, con una devoción que rayaba en lo religiosa.
Capitulo 330
Fabiana sonrió agradecida, observando cómo el auto se alejaba hasta desaparecer en la distancia. Entonces, su sonrisa se desvaneció como una máscara que ya no necesitaba usar, dando paso a una expresión gélida y calculadora.
Desde un rincón sombrío, una figura emergió lentamente, acompañada de una voz ronca cargada de sarcasmo.
-Eres toda una actriz, con razón esa estúpida de Anaís no ha descubierto quién eres realmente.
Fabiana arrojó la medicina al bote de basura cercano con un gesto despreocupado, como si desechara algo sin el menor valor.
-Yo no desperdicio mi talento hasta el momento crucial, no como tú, que te exhibes ridículamente. No vuelvas a buscarme, tu torpeza me pone en riesgo.
La mujer entre las sombras se enfureció instantáneamente, sintiendo un hormigueo de rabia en su cuero cabelludo.
-¡Fabiana! ¿Te crees mejor que yo? No eres más que una muerta de hambre. ¿Te gusta Efraín? ¿De verdad crees que alguien como tú puede estar a su altura? ¿Sabes quién es Efraín en realidad? Es un monstruo, cualquiera que él quiera está condenado a una muerte horrible.
En un movimiento repentino, las manos de Fabiana se cerraron alrededor del cuello de la mujer, y sus ojos se transformaron en algo terrorífico, casi inhumano.
-No te metas con el señor Lobos. Tú, loca, no tienes derecho a juzgarlo. Yo no soy como Anaís. Lo que quiero, lo obtengo por mis propios medios. Si ya perdiste en este juego, limítate a ver desde las sombras cómo yo lo gano.
La mujer, con el rostro enrojecido por la falta de aire, miraba aterrorizada a quien creía conocer.
Había pensado que Fabiana era simplemente una acompañante asustadiza, pero ahora entendía que su verdadera naturaleza era mucho más oscura y peligrosa de lo que jamás hubiera imaginado.
-Cof, cof.
Al ser liberada del agarre mortal, la mujer quedó tendida sobre el suelo frío, temblando de miedo.
Fabiana se agachó lentamente frente a ella, sin un ápice de compasión en su mirada, y le dio unas palmadas condescendientes en el rostro.
-Bárbara, si yo tuviera tus conexiones, ya tendría todo lo que deseo. Si te molesta tu situación, cúlpate a ti misma por tu estupidez y avaricia. Eres tan obvia en tus intenciones. Gente como tú es la que más rápido se mete en problemas. La próxima vez ni te molestes en buscarme. Una loca que aparece muerta por ahí… ni la familia Villagra se tomaría la molestia de investigar. ¿No crees?
Bárbara palideció instantáneamente, retrocediendo varios pasos mientras contemplaba horrorizada a esa persona que ahora le resultaba completamente desconocida.
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Capitulo 3300
Fabiana, por su parte, se incorporó con aire despreocupado. Incluso extrajo un pañuelo para limpiar meticulosamente sus manos, como si el mero contacto con Barbara le provocara repulsión.
Barbara no se atrevió a mostrar enfado. De repente comprendió, con dolorosa claridad, que entre todas las personas involucradas en aquel juego de manipulaciones, ella era la más prescindible.
Fabiana se adentró con paso firme en el callejón. Este pasaje, ubicado en un barrio marginado de San Fernando del Sol, parecia no intimidarla en absoluto. Avanzaba con la certeza de quien sabe que, tarde o temprano, obtendrà exactamente lo que desea, sin importar los medios necesarios para conseguirlo.