Capítulo 338
Cuando Raúl vio a Bárbara, sus ojos se desorbitaron con incredulidad. Su cuerpo estaba completamente cubierto de heridas, todas visiblemente infligidas por alguien más. La indignación se apoderó de él, impulsándolo a dirigirse hacia el hospital para exigir explicaciones, pero Bárbara lo contuvo con ademán desesperado.
Consumida por el miedo y el agotamiento, su voz tembló al hablar en un hilo apenas audible.
-No vayas a buscar problemas con ellos. Me lo merezco después de todo. He hecho muchas cosas terribles, Raúl. Esta vez realmente aprendí mi lección. Solo quiero que vengas a verme de vez en cuando. Igual solo estaré aquí dos meses más, ¿podrías hacer eso por mí?
Raúl contempló las heridas infectadas que maculaban su piel y asintió con compasión. No solo aceptó su petición, sino que además llamó a alguien para que la cuidara en la casa. Ya había pagado dos meses de renta para la propiedad, pero jamás esperó que la persona que acudiría a su llamado fuera justamente Fabiana.
Ella permaneció momentáneamente paralizada en el umbral, tan sorprendida como él. Su mirada recorrió el interior de la casa hasta toparse con los ojos de Bárbara. Raúl cerró la puerta rápidamente, aterrado ante la posibilidad de que Fabiana le contara todo a Anaís, y le suplicó apresuradamente.
-Por favor, guárdame este secreto. Solo dejaré que Bárbara se quede aquí dos meses más, después la mandaré al extranjero.
Fabiana apretó los labios antes de exhalar un suspiro resignado.
-No diré nada.
-¿No tenías otro trabajo? ¿Cómo es que aceptaste este encargo? -cuestionó Raúl confundido. El rostro de Fabiana dibujó una sonrisa amarga mientras sostenía un maletín médico entre sus
manos.
-¿Anaís no te lo contó? Tengo varios trabajos. La Luna es mi principal fuente de ingresos porque los clientes son generosos con las propinas. También ayudo a mis familiares con un restaurante, incluso me encontré con Anaís ahí. Pero nunca imaginé que tú serías el empleador esta vez. Pagas bien, no tengo motivos para rechazar el trabajo.
Raúl inicialmente quería pedirle que se marchara, pero ante sus palabras, simplemente enmudeció. Fabiana le ofreció unos dulces con una leve sonrisa en los labios.
-Déjame quedarme. Si quieres venir a verla después, solo avísame con tiempo. No te preocupes, he sido niñera antes y estoy acostumbrada a cuidar personas. No le faltará nada.
Contar con alguien conocido para el cuidado resultaba naturalmente reconfortante. Raúl rápidamente le transfirió cincuenta mil pesos.
-De acuerdo, Anaís. Te lo agradezco mucho.
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Capitulo 338
Aceptó los dulces y los consumió con una sonrisa dibujada en el rostro.
-Pero por favor, no le menciones nada de esto a Anaís.
Fabiana asintió mientras tomaba el maletín médico y abría la puerta del cuarto.
-No lo haré.
Raúl abandonó el lugar con la tranquilidad restaurada en su semblante.
Lo que él ignoraba por completo era que apenas Fabiana cruzó el umbral de la habitación, arrojó el maletín médico a un costado. Su voz se tornó gélida cuando habló.
-Arréglatelas tú misma.
Bárbara había sido torturada por Gabriel durante varios días, dejándola sin un solo rincón de su cuerpo que no estuviera lastimado. Al ver a Fabiana, esbozó una mueca burlona.
-Vaya actriz resultaste ser.
Fabiana frunció el ceño con severidad.
-Te lo advertí, no peleo batallas para las que no estoy preparada. Si no me hubieras amenazado con esos mensajes, jamás habría venido.
Un destello frío cruzó sus ojos mientras se aproximaba con pasos calculados, asestando una patada en la pierna de Bárbara.
-¿De verdad crees que no me atrevería a lastimarte?
Fue en ese preciso instante cuando comprendió que había caído directamente en la trampa de Bárbara. Ahora Raúl sabía que ella estaba encargada de cuidarla, y si algo le ocurría a Bárbara, ella sería la primera sospechosa. Peor aún, antes de presentarse ahí, no tenía idea de que la persona que debía cuidar era precisamente Bárbara.
Con una risa sarcástica, Bárbara se levantó trabajosamente. Se acercó al maletín médico, lo abrió y rebuscó entre los medicamentos que pudiera utilizar. Comenzó a desinfectar sus heridas mientras lágrimas gruesas y pesadas rodaban por sus mejillas.
Fabiana no sentía compasión alguna por ella. Personas como Bárbara eran demasiado tontas, malvadas y estúpidas para terminar en una situación así.
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