Capítulo 339
Anaís despertó en el auto, regresó a casa y durmió hasta el día siguiente. Tras darse un baño matutino, observó su reflejo en el espejo sintiendo una renovada energía, lo que finalmente la impulsó a tomar su teléfono y marcar el número de Efraín que tanto había dudado en llamar.
-Señor Lobos, ¿tiene tiempo esta noche? Me gustaría invitarlo a cenar.
La noche anterior ya había reservado un restaurante elegante y revisado minuciosamente el menú, asegurándose de que no hubiera mariscos y que todo fuera del agrado de Efraín.
Efraín sostenía el celular en silencio, su respiración apenas perceptible al otro lado de la línea.
Anais interpretó ese silencio como falta de disponibilidad y justo cuando iba a ofrecerle una alternativa, escuchó su voz.
-Mi padre me ha arreglado otra cita a ciegas.
Anaís se quedó paralizada. Si el anciano había escuchado sus palabras anteriores, debía estar enterado de su relación con Efraín. Que siguiera organizando citas en estas circunstancias solo podía significar una cosa: la familia Lobos la rechazaba rotundamente.
Había prometido proteger a Efraín de esos encuentros indeseados, así que no podía eludir su responsabilidad ahora.
-¿Dónde va a encontrarse con ella? Iré a verlo.
La pluma de Efraín se detuvo sobre el documento que firmaba, dejando una pequeña mancha de tinta en el papel inmaculado.
-En el Hotel Imperial -respondió con tono despreocupado, mientras escuchaba la
determinación en la voz de Anaís.
-No se preocupe, estaré allí a las seis en punto.
Apenas terminó la frase, Anaís escuchó una ligera risa escapar de los labios de Efraín, lo que provocó que sintiera un leve rubor ascender por sus mejillas mientras colgaba apresuradamente.
Tres minutos después, su teléfono vibró con un mensaje de Z.
[Necesito verte hoy. Te extraño demasiado como para esperar más tiempo.]
Eran apenas las nueve de la mañana, calculó que tendría tiempo suficiente para visitar a Z y Juego prepararse adecuadamente para su encuentro con Efraín a las seis. Decidió aprovechar esas horas intermedias visitando el centro comercial, donde eligió cuidadosamente una bufanda masculina, y compró otra idéntica para ella, creando así un juego para parejas.
Había notado que a Z le resultaban indiferentes los objetos lujosos; prefería aquellas pequeñas cosas que las parejas ordinarias compartían, símbolos tangibles de conexión.
Condujo hasta el lugar acordado y, al estacionarse en aquel deteriorado patio, volvió a divisar la
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Capítulo 339
tumba solitaria que siempre capturaba su atención. Bajó del auto intrigada, aproximándose hacia la lápida con pasos cautelosos.
Justo cuando estaba a punto de descifrar las letras grabadas en la piedra, su celular vibró interrumpiéndola.
[Entra ya.]
Temiendo despertar su irritación, Anaís tomó rápidamente la caja de regalo con la bufanda y se apresuró hacia la entrada.
Esta vez, al abrir la puerta, no la recibió un beso apasionado sino un abrazo profundo y
necesitado.
Z hundió su rostro en el cuello de ella, aferrándose como si hubiera esperado ese momento
durante una eternidad.
-Perdón por desaparecer estos días, he estado demasiado ocupada -murmuró ella mientras extraía la bufanda de su envoltorio y la colocaba delicadamente alrededor del cuello
masculino.
-¿Es para mí? -preguntó Z con una voz cargada de asombro infantil.
El corazón de Anaís se conmovió ante aquella reacción genuina.
-Sí, es toda tuya.
Él mordió suavemente la sensible piel de su cuello, sin aplicar demasiada presión, alternando entre succiones y caricias, mientras su voz revelaba una profunda satisfacción.
-Gracias por pensar en mí.
Con esas muestras de afecto sincero, Anaís encontraba imposible mantener cualquier resquicio de enfado hacia él.
Z era como un golden retriever emocional, siempre buscando caricias y afecto, incapaz de ocultar su alegría ante la más mínima muestra de atención.
Aunque la habitación permanecía en penumbras, podía percibir claramente el calor y la sinceridad que emanaban de cada uno de sus gestos y toques. La condujo hasta el sofá donde, utilizando la bufanda recién regalada, los envolvió a ambos en un capullo de intimidad.
Anaís mordió su propio labio con nerviosismo, extendió las manos para encontrar el rostro masculino en la oscuridad y lo besó con una mezcla de ternura y pasión contenida.
Z respondió con entusiasmo inmediato, recostándola con delicadeza sobre el sofá.
Lo que Anaís desconocía completamente era que los hombres que la seguían habían perdido su rastro en algún punto del trayecto. Ahora varios vehículos negros permanecían detenidos en la carretera mientras algunos agentes realizaban llamadas frenéticas para revisar las grabaciones de las cámaras de seguridad cercanas. Pero apenas transcurridos unos minutos, todas las cámaras de vigilancia en la zona habían sido misteriosamente desactivadas.
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Capitulo 339
Uno de los hombres, visiblemente tenso, contactó inmediatamente con Andrés Lobos.
-Lo siento mucho, señor, hemos perdido completamente el rastro del objetivo.
El rostro de Andrés se endureció con disgusto. Durante los últimos días había ordenado seguir a Anaís con la intención de descubrir quién era ese misterioso novio que mencionaba.
Sin embargo, Anaís había estado absolutamente concentrada en sus obligaciones laborales, desviándose únicamente para realizar una breve visita a Bahía de las Palmeras. Tras interrogar discretamente a Sofía, había averiguado que Anaís había acudido allí para solicitar un favor personal a Efraín.
La interacción entre Anaís y su hijo no reflejaba la intimidad característica de una pareja enamorada. Entonces, ¿quién demonios era realmente su novio?
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