Capítulo 341
ís se acurrucó contra el brazo de Efraín con naturalidad estudiada, ignorando
beradamente a la mujer sentada frente a ellos mientras jugueteaba con el borde de su
nga.
Sus ojos, enmarcados por un maquillaje que resaltaba su juventud, se fijaron en él con jida adoración antes de dirigir una mirada despectiva hacia la desconocida.
Quién es ella, Efraín?
mujer tensó su mandíbula, apretando los labios hasta formar una línea recta mientras peaba la mesa con sus cubiertos plateados, produciendo un tintineo que cortó el aire como à declaración de guerra.
so mismo me pregunto yo. ¿Tú quién eres?
Soy la novia de Efraín, apenas formalizamos lo nuestro -respondió Anaís con voz melosa. mó un trozo de bistec con el tenedor y lo acercó a los labios de él-. ¿Quieres probarlo,
ior?
aín permaneció impasible, sin abrir la boca. Anaís aprovechó para inclinarse hasta que sus ›ios rozaron su oreja.
Señor Lobos, cómalo por favor. Si no, esta actuación se nos va a caer a pedazos.
I mirada de Efraín se detuvo en la bufanda que ella llevaba, y un destello indescifrable cruzó is ojos oscuros. Cuando intentó girar su rostro, Anaís lo sujetó firmemente por las mejillas, ›ligándolo a mantener la mirada al frente mientras sostenía el tenedor con el trozo de carne
gosa.
Anda, cómelo -insistió con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
as respiraciones de ambos se entremezclaban en la escasa distancia que separaba sus >stros. Ella lo miraba directamente, desafiante, mientras él mantenía la vista baja antes de endirse y aceptar el bocado que le ofrecía.
naís actuó por puro instinto, temiendo que cualquier movimiento brusco de Efraín pudiera lelatar su farsa, así que eligió ser directa y contundente. Después de alimentarlo, volvió su atención hacia la mujer.
-¿Lo ves? Somos extremadamente cercanos.
Debía reconocerlo: la desconocida poseía una belleza indiscutible. A pesar de su atuendo calculadamente provocativo, mantenía un aire de sofisticación profesional que resultaba intimidante.
La mujer entrecerró sus ojos, evaluando a Efraín que permanecía con la mirada baja, sus pensamientos completamente indescifrables. Soltó una risa gélida que pareció cristalizarse en el aire entre ellos.
-¿Y eso qué tiene de especial? Yo alimento así a muchos hombres. Veamos si son capaces de darse un beso con lengua, aquí mismo.
Capítulo 341
El rostro de Anaís mantuvo su sonrisa mecánica mientras su mente procesaba aquellas palabras, quedando momentáneamente paralizada.
La mujer, percibiendo su ventaja, se recostó con arrogancia en su asiento y arqueó una ceja perfectamente delineada.
-¿No son pareja? ¿Ni siquiera se han besado?
El corazón de Anaís martilleaba contra sus costillas. Besar a Efraín frente a aquella mujer no solo complicaría su situación con Z, sino que probablemente desataría la furia del mismo Efraín. Lo ocurrido en la isla había sido producto de la fiebre y las alergias; fuera de aquel incidente, él jamás había mostrado interés real hacia ella.
Permaneció inmóvil, como si una fuerza invisible hubiera congelado cada músculo de su
cuerpo.
La mujer estalló en una risa cargada de desdén mientras agitaba su copa de vino tinto, observando las ondas formarse en el líquido carmesí.
-Efraín, ¿de dónde sacaste a esta actriz de segunda?
Antes de que pudiera terminar su burla, Anaís se quitó la bufanda multicolor de su cuello y la colocó con delicadeza alrededor del de Efraín. La imagen resultaba sorprendentemente armónica; a pesar de la incongruencia entre su sobrio traje y aquella prenda de colores vibrantes, su rostro aristocrático lograba unificar ambos elementos contrastantes, suavizando su habitual frialdad.
Anaís tomó su mano con determinación y depositó un beso en el dorso antes de acurrucarse contra él con fingida ternura.
-Mire, señorita, no hacemos exhibiciones públicas. Efraín es una persona discreta, igual que yo. Pero en la intimidad, nuestra conexión es… intensa.
Su cuello, ahora expuesto, mostraba marcas inequívocas de pasión reciente que cualquiera podría interpretar correctamente.
Los dedos de la mujer se detuvieron en medio de su movimiento circular sobre la copa de cristal, mientras un destello de comprensión indeseada atravesaba su mirada.
Anaís sirvió jugo en un vaso para Efraín y cortó otro trozo de bistec con cuidado.
-¿Tienes hambre, cariño? Recuerdo que tienes una reunión esta noche, ¿ya casi es hora?
Acercó la carne a sus labios con una sonrisa cómplice brillando en sus ojos. Con las marcas rojizas adornando su cuello como prueba silenciosa, su presencia resplandecía con una seguridad que dejaba a la otra mujer sin palabras.
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