Capítulo 342
Anaís, cuando se proponía conquistar a alguien, desplegaba un arsenal de encantos del que nadie conseguía escapar. Sus trampas seductoras eran sutiles pero efectivas, tejidas con la precisión de quien conoce el arte de la persuasión.
Efraín terminó de saborear el último trozo de filete con elegante parsimonia. Dirigiéndose a la mujer que los observaba desde el otro lado de la mesa, le comunicó con voz serena:
-Lo siento, tengo que irme a una reunión.
La mujer contuvo el aliento y con un ademán resignado respondió:
-Adelante, no te preocupes.
Anaís, actuando con rapidez, prácticamente arrastró a Efraín hacia el ascensor. Una vez dentro, sacó una toallita desinfectante que llevaba preparada, se arrodilló junto a él y comenzó a limpiar meticulosamente el dorso de su mano donde había quedado impresa la marca tenue de sus labios brillantes.
Frotó con insistencia, usando hasta tres toallitas diferentes antes de respirar aliviada.
-Ya quedó impecable, señor Lobos. Disculpe lo de hace un momento.
Efraín retiró su mano sin pronunciar palabra alguna.
“Seguramente lo ofendí otra vez con mi atrevimiento. Parece que solo consigo incomodarlo“, pensó Anaís mientras se apresuraba a justificarse:
-En ese momento no tuve alternativa. Esa mujer es astuta y calculadora, imposible engañarla
sin ser convincente.
En cuestión de segundos, el ascensor alcanzó la planta baja. Al abrirse las puertas, descubrió a Roberto esperando afuera, como si hubiera estado al acecho.
Los ojos de Roberto se dilataron con asombro, escrutándola como si hubiera encontrado
evidencia de un delito.
-Anaís, ¿qué son esas marcas en tu cuello?
Anaís sintió punzadas de dolor en sus sienes. La situación no podía ser más inoportuna.
-No tengo por qué darte explicaciones.
Roberto soltó una risa cargada de amargura y la siguió con paso urgente:
-¿No tienes novio? ¿Por qué andas con Efraín vestida así, semidesnuda, y con esas marcas en el cuello? ¿Es tu amante o qué? ¿De verdad no te da vergüenza?
Su voz se iba elevando con cada palabra, alimentada por una rabia creciente hasta convertirse en gritos furiosos.
-¡Paf!
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Capitulo 342
La palma de Anaís impactó directamente contra su mejilla,
El sabor metálico de la sangre inundó la boca de Roberto. Tragó con dificultad, intentando articular alguna respuesta, cuando la voz de Efraín interrumpió el momento.
-Anaís.
Ella giró de inmediato hacia él:
-¿Qué pasa?
Efraín se despojó de la bufanda que llevaba alrededor del cuello y le indicó con un gesto que inclinara la cabeza.
Aún aturdida por la confrontación, Anaís bajó instintivamente la cabeza, permitiendo que él colocara con delicadeza la prenda sobre su cuello expuesto.
-No vayas a resfriarte -le dijo con ese tono inalterable que lo caracterizaba.
Tras estas palabras, Lucas Martínez ya aguardaba para llevárselo.
Anaís permaneció inmóvil mientras Roberto continuaba su perorata a su lado:
-Vaya, parece que se llevan de maravilla. Así que sí es tu amante. Tienes talento para engatusar hombres, Anaís. ¿Sabes lo que Efraín me comentó una vez?
La cabeza le palpitaba. Sabía que aunque le explicara los verdaderos acontecimientos de esa noche, la mente obcecada de Roberto jamás aceptaría la verdad.
Roberto la miraba fijamente, sus ojos inyectados en sangre por la ira contenida.
“Efraín dijo que quien no es amado es el amante… ironías del destino“, pensó con rabia.
Lo que más le atormentaba era no entender por qué, habiendo sido él quien conoció primero a Anaís, ahora Efraín se llevaba el premio mayor. Estaba convencido de que ella se había entregado a él.
¡Maldición!
Con la mente nublada por celos irracionales, extendió bruscamente los brazos intentando atraparla, pero solo consiguió recibir otra bofetada certera.
El semblante de Anaís adquirió una gravedad absoluta, y su mirada hacia él se tornó glacial, impenetrable.
-Roberto, ya te lo dije con todas sus letras: lo nuestro es imposible. Nunca me has gustado ni me gustarás,
-¡Eso no puede ser verdad!
El grito desgarrado de Roberto resonó en el vestíbulo, condensando toda la humillación que sentía.
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