Capítulo 343
Anaís ignoró a Roberto y se alejó con paso firme mientras él permanecía clavado al suelo, observándola marcharse hasta perderla de vista.
Aturdido y con la mente en blanco, Roberto condujo hasta su casa. Su distracción fue tal que terminó perdiendo el control del vehículo, precipitándose hacia el río en un violento accidente. Al ver cómo el agua comenzaba a inundar el interior del auto con fuerza, su primer impulso no fue intentar salvarse, sino sacar su teléfono para contactar a Anaís.
Los recuerdos de todo lo bueno que ella había hecho por él inundaron su mente, junto con un profundo arrepentimiento que lo consumía. Cuando Anaís descubrió su engaño con Bárbara, él se había justificado alegando que había caído en una trampa, pero ella simplemente le preguntó: “¿Y cada vez después de eso?“. No tuvo respuesta. En aquel entonces, pensaba que
ya había sucedido una vez, qué más daba repetirlo.
si
Vivía convencido de que el amor de Anaís era tan profundo que eventualmente lo perdonaría. Su razonamiento siempre fue el mismo: sin importar sus errores, ella estaría esperándolo en el mismo lugar. Jamás imaginó que perdería la memoria, ni que se acercaría a Efraín, a quien antes no soportaba.
Cuando Anaís respondió la llamada, su voz casi se quebró.
-Anaís, me estoy muriendo.
Anaís, aún furiosa por lo ocurrido, respiró profundamente al recordar todas las provocaciones anteriores de Roberto.
-Mira Roberto, ya estás grandecito para andar con estos dramas infantiles.
-¡Te juro que me voy a morir!
-Pues muérete entonces, pero a mí no me estés llamando.
Las palabras de Anaís surgieron desde su enojo. Momentos antes, Roberto había montado una escena en el lobby del hotel, haciéndola quedar en ridículo frente a Efraín una vez más. Aunque le había aclarado infinidad de veces que no existía nada entre ella y Efraín, Roberto se negaba
rotundamente a creerlo.
-¿Qué acabas de decir? ¡Repítelo Anaís, a ver si te atreves!
Al escucharlo tan alterado y lleno de energía, Anaís confirmó que no corría peligro real y
terminó la llamada.
El agua ya alcanzaba el pecho de Roberto. Impulsado por un potente instinto de supervivencia, se arrastró hacia el asiento trasero, destrozó la ventana de una patada y nadó hacia el exterior. Su mente no dejaba de evocar a Anaís, mientras su rostro se transformaba por el odio y las lágrimas de rabia que se confundían con el agua del río.
Al llegar a la orilla, se desplomó sobre el lodo y lloró desconsoladamente. Un odio visceral hacia Anais crecía en su interior, no podía creer que le hubiera deseado la muerte y que tuviera
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Capitulo 343
a Efraín como amante. ¿Por qué no podía ser él? ¿Acaso no había sido su favorito antes?
Sus pensamientos caóticos fueron interrumpidos por unos pasos acercándose y una sombra que se proyectó sobre él. Roberto alzó la mirada, pero las gotas que caían de su cabello nublaban su visión.
Los ojos le ardían, y después de frotarlos con fuerza, finalmente distinguió a quien estaba frente a él: Andrés.
Inmediatamente apartó la mirada.
-¿Qué haces aquí?
Andrés notó sus ojos hinchados y le extendió una fotografía.
-Rober, ¿sabes por qué Anaís siempre fue tan buena contigo? En realidad, siempre te vio como un reemplazo. A ella le gustaba otra persona, pero solo logré tomar esta foto de espaldas. Se parece algo a ti, pero definitivamente no eres tú. Cuando Anaís era amable contigo, ¿nunca sentiste que miraba más allá, como si viera a alguien más? La persona que realmente le gustaba probablemente tuvo algún problema, y después te usó a ti como consuelo.
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