Capítulo 35
La tensión en el rostro de Roberto se disipó como la niebla ante el sol matutino, y una sonrisa genuina iluminó sus facciones.
-Así es Barbi, tiene un peso tremendo en la empresa -declaró con orgullo apenas contenido.
Los murmullos en los pasillos corporativos resonaban con admiración: el talento de Bárbara rivalizaba ya con la sagacidad empresarial del mismísimo Héctor.
Leopoldo hizo girar con delicadeza el tallo de su copa de vino tinto, estudiando el rostro de su interlocutor mientras preguntaba con voz medida:
-¿Con quién hablabas por teléfono hace rato?
-Con mi tía, es una pesadez.
-¿Otra vez pidiendo dinero? Tenía tiempo sin molestarte.
-Sí, antes Anaís se encargaba de resolver esas situaciones.
La mención de Anaís ensombreció su semblante como una nube tormentosa. El atrevimiento de bloquearlo le hervía en la sangre.
“Aunque un día vuelva arrastrándose y suplicando, ni siquiera la miraré“, pensó con amargura.
Se incorporó con determinación, decidido a hacer una visita a la residencia Villagra.
Al llegar, encontró a Raúl repantigado en el sofá de la sala, sus largas piernas cruzadas con estudiada elegancia mientras continuaba con su rutina habitual:
-Anaís, prepárame un jugo.
Victoria, sentada junto a él, dejó escapar una risa cargada de desprecio.
-Todavía pensando en Anaís… Si ya ni te pone atención.
El celular tembló en la mano de Raúl cuando la realidad lo golpeó: Anaís llevaba días sin
aparecer.
-Ay mamá, es la costumbre. Ya volverá, tarde o temprano.
“Seguramente regresará con algún modelo exclusivo para contentarme, como siempre“, reflexionó. “Pero esta vez se pasó de la raya. No me voy a dejar convencer tan fácil.”
Victoria se levantó con presteza al ver entrar a Roberto.
-¡Rober! ¿Qué sorpresa verte por aquí?
-Señora Larrain, ¿y Barbi?
-Sigue en la empresa, mi niña tan dedicada -suspiró Victoria-. Ya pronto se va para Las Colinas y no puedo evitar angustiarme. Es un lugar tan precario, me preocupa que vaya a
pasar dificultades. Le insistí que se llevara un chef, pero ella asegura que se las arreglará solo
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Capítulo 35
con su equipo técnico. Me enorgullece su entrega al trabajo, pero como madre, ¿cómo no voy a preocuparme?
La admiración de Roberto por Bárbara se intensificó, mientras el recuerdo de Anaís, eternamente pasiva ante la vida, provocaba en él una mueca de desprecio.
“Ni a los talones le llega a Barbi“, pensó con desprecio.
C
-Mamá, ¿todavía no conoces bien a Bárbara? -intervino Raúl-. Siempre luchando, siempre dando el extra. ¿Cómo no iba a flecharse Rober? Con razón Anaís tiene tan mala fama; jamás pisa la empresa y los accionistas ni la ubican.
Una sonrisa burlona se dibujó en el rostro de Raúl mientras derrotaba al jefe final en su videojuego. Alzó la mirada hacia Roberto:
-¿Vas a buscar a Bárbara?
El corazón de Roberto se llenó de calidez.
-La veré en un par de días, no quiero interferir con sus planes.
Héctor descendió por las escaleras, su rostro resplandeciente de satisfacción.
-Barbi ya partió con su equipo técnico. En la empresa todos tienen una opinión excelente de
ella.
La alegría inundó el ambiente familiar, y Roberto compartía ese orgullo desbordante. La existencia de Anaís se había desvanecido de sus mentes como la última estrella ante el
amanecer.
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