Capítulo 353
Anaís se aproximó unos pasos, pero cada movimiento que ella hacía provocaba que Raúl retrocediera con evidente nerviosismo. El rostro de ella se endureció mientras sus ojos se clavaban en él con severidad.
-No te muevas de donde estás.
Anaís sabía que bastaría con oler sus dedos para descubrir si había fumado. En cuestión de segundos, Raúl quedó completamente paralizado, como si sus pies se hubieran fusionado con el suelo. Ella se acercó con determinación, tomó sus dedos y los acercó a su nariz. El aroma a tabaco era inconfundible.
-Raúl, ¿ahora también aprendes a mentir?
El joven se estremeció visiblemente, con la culpabilidad reflejada en cada centímetro de su rostro mientras comenzaba a disculparse.
-Es que tenía miedo de que te enojaras.
Anaís soltó su mano con un gesto de decepción.
-Que no se repita.
-Anaís, te prometo que no volveré a fumar. Tuve algunos problemas en la escuela y me sentía mal. Perdón.
Al percibir la sinceridad en su disculpa, Anaís se contuvo de seguir reprochándole. Simplemente levantó la mano y le revolvió el cabello en un gesto familiar que siempre habían compartido.
Sin embargo, la semilla de la duda ya estaba plantada. Al día siguiente, decidió visitar la universidad para verificar si Raúl realmente estaba ocupado con asuntos académicos como había afirmado. Desconocía los detalles de su carrera, y localizar a alguien en el campus resultaba complicado debido a la constante rotación de aulas.
Tras varios intentos infructuosos, optó por dirigirse al concesionario donde Raúl había comprado su auto. Recordaba que allí trabajaba un compañero de él, aquel que
supuestamente le había arrebatado a su “diosa“. En ese mismo lugar, Anaís le había propinado
una bofetada durante su último encuentro, dejándolo evidentemente resentido.
Al ingresar en el concesionario, inmediatamente reconoció su figura erguida. Se aproximó con
cautela.
-Hola. –
图
El joven, de edad similar a Raúl, la observó brevemente. Sus ojos revelaron que la recordaba perfectamente.
-Soy la hermana de Raúl. Quiero saber si ha estado asistiendo a clases últimamente y si tienen algún proyecto reciente.
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Capitulo 353
El muchacho apretó los labios mientras continuaba puliendo meticulosamente el cristal de un automóvil. Cuando Anaís pensaba que no obtendría respuesta, él murmuró:
-Hace mucho que no va a la escuela. ¿No ha pedido clases en línea?
Anaís permaneció inmóvil, procesando aquella información durante unos segundos antes de sacar su celular para llamar a Raúl, quien no respondió. Salió rápidamente y contactó a un investigador privado, solicitándole que averiguara el paradero actual de su hermano.
La inquietud se apoderó de ella mientras esperaba en casa. Transcurrieron tres angustiantes horas hasta que el investigador le comunicó la ubicación exacta de Raúl. Sin perder un instante, condujo hacia un bar discreto ubicado en una zona poco familiar.
Al llegar, descendió del vehículo, cerró la puerta con firmeza y avanzó hacia la entrada. A pesar de que apenas atardecía, el establecimiento ya rebosaba de actividad y jóvenes bulliciosos.
Raúl solía divertirse ocasionalmente, pero siempre en pequeños grupos universitarios donde bebían moderadamente. Jamás frecuentaba lugares tan caóticos como aquel. La preocupación de Anaís se intensificó mientras recorría el local hasta empujar una puerta que revelaba a varios jóvenes dispersos por el suelo, rodeados de sustancias claramente prohibidas.
Anaís sintió que se congelaba momentáneamente, pero reaccionó con rapidez y avanzó decididamente. En el centro yacía Raúl, sumido en un profundo sopor. Lo sujetó por el cuello de la camisa y le propinó varias bofetadas consecutivas.
Raúl se quejó adolorido, frunciendo el ceño. Al reconocerla, el escaso color que quedaba en su rostro se esfumó por completo.
-Anaís, ¿cómo… cómo llegaste aquí?
Su nerviosismo era palpable mientras intentaba cubrirse el rostro con las manos. Anaís, dominada por la furia, lo incorporó de un tirón.
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