Capítulo 355
El policía, percibiendo la determinación inamovible en sus ojos, la apartó del joven con firmeza pero sin brusquedad.
-Señorita Villagra, intente calmarse, por favor.
Anaís sentía cómo la ira nublaba su juicio; sus sienes palpitaban con fuerza mientras se las frotaba intentando recuperar la compostura perdida en medio de aquella tormenta emocional que la consumía.
-Oficial, cuente con mi total cooperación para su investigación.
Durante el último mes había descuidado la supervisión de Raúl, confiando ciegamente en que Miguel mantendría todo bajo control. Jamás imaginó que su hermano pudiera verse envuelto en semejante desastre. Tomó su teléfono y contactó rápidamente a Miguel Cabrera, solo para descubrir que la familia de éste había estado enferma y se había limitado a guiar a Raúl a distancia. Como el muchacho había completado satisfactoriamente sus cursos virtuales, Miguel no consideró necesario alertarla sobre ninguna irregularidad.
-¿Pasó algo con Raúl? -preguntó Miguel con tono cauto y grave al otro lado de la línea.
Cuanto menos se difundiera este incidente, mejor para todos. El Grupo Villagra ya atravesaba momentos turbulentos; si esta noticia se filtraba, las acciones podrían desplomarse en cuestión de horas. Anaís respondió con evasivas y cortó la comunicación rápidamente, pero la inquietud seguía royéndola por dentro.
Cuando revisó las tendencias en línea, su mente produjo un sonido interno.
-Zumbido-.
Normalmente estos incidentes no alcanzarían relevancia mediática, pero alguien había filtrado información señalando que entre los detenidos figuraba un joven presidente empresarial. Los usuarios de redes esperaban ansiosos que el informante revelara la identidad del ejecutivo.
Anaís sentía el peso de la situación aplastándola mientras intentaba descifrar quién manipulaba a su hermano desde las sombras. Inicialmente sospechó de Valerio, luego de Bárbara Villagra, pero tras analizar detenidamente las circunstancias, Valerio emergía como el principal sospechoso.
Cuando intentó comunicarse con él, descubrió que había escapado al extranjero, donde ahora disfrutaba sin restricciones.
-Sabía que llegaría el día en que me necesitarías para algo. Quieres saber quién le tendió la trampa a Raúl, ¿verdad? Pues no pienso decírtelo.
Anaís, precavida, había activado la grabación desde el inicio de la llamada.
-Valerio, Raúl al menos te permitió marcharte.
-¡Ja, ja, ja! Eso fue por su debilidad, se lo merece completamente. Es igual de inútil que Héctor,
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por eso la empresa nunca ha logrado cotizar en bolsa. Si yo hubiera estado al mando, quién sabe hasta dónde habríamos llegado. Raúl heredó toda la estupidez de Héctor, ambos deberían reunirse pronto en el Infierno.
Anais cortó la comunicación inmediatamente. Ahora solo Raúl conocía la verdad completa.
Permaneció junto a la cama hospitalaria, estratégicamente ubicada cerca de la comisaría para facilitar la vigilancia policial. Cuando Raúl despertó, su mirada vacía se perdió en el techo, consciente de la presencia de su hermana pero incapaz de enfrentarla.
Anais reprodujo la conversación grabada con Valerio, permitiendo que cada palabra resonara claramente en la habitación.
Las pestañas de Raúl temblaron levemente antes de cubrirse completamente el rostro con la sábana, mientras sollozos ahogados emergían de su escondite improvisado.
Ella le había advertido muchas veces que eventualmente tendría que madurar, aunque jamás imaginó que el precio de ese crecimiento resultaría tan doloroso y abrupto.
Con un tirón decidido, arrancó la sábana que lo cubría.
-¿Todavía tienes cara para llorar? La gente detrás de esto quiere hacer público tu arresto. Si nc actuamos rápido, tú y la empresa están acabados. ¿Aún no piensas decirme quién está detrás de todo esto?
Raúl mordió su labio con fuerza, negando entre lágrimas silenciosas.
Anaís tuvo que contener el impulso de abofetearlo nuevamente. A estas alturas, sin embargo, podía intuir quién orquestaba aquella conspiración.
Raúl fallaba en muchos aspectos, pero valoraba a su familia por encima de todo. De lo contrario, no habría caído tan fácilmente en las manipulaciones de Bárbara y Victoria Larrain. Aunque ocasionalmente había mostrado cierto desprecio hacia Anaís, su única reacción después de recibir sus bofetadas fueron amenazas huecas sin convicción real.
Respiró profundamente para serenarse, tomó con firmeza el vaso de agua de la mesita y lo acercó bruscamente a los labios temblorosos de su hermano para que bebiera.
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