Capítulo 366
Efraín no respondió. Con los párpados caídos, resultaba imposible descifrar lo que sentía en ese momento. El ambiente a su alrededor se había vuelto denso, casi palpable, mientras mantenía aquella impenetrable expresión.
Anaís, recordando los cinco millones mencionados anteriormente, sonrió intentando suavizar la tensión que flotaba entre ellos.
-¿Quieres que vaya a tu casa y te prepare unos tamales para cenar?
Apenas concluyó su pregunta, Iván dejó escapar una risa sarcástica que resonó en el elegante reservado.
-¿lr a Bahía de las Palmeras a preparar comida? En serio, Anaís, tus intenciones son demasiado obvias. Buscas algo más que solo cocinar, ¿no es así?
Anaís sintió la incomodidad crecer en su interior mientras rápidamente cambiaba de estrategia, esquivando el comentario punzante.
-¿Prefieres que pida comida a domicilio? Puedo decirle al chef que la traiga. ¿Te gustaría comer algo más?
Efraín giró lentamente la cabeza, clavando su penetrante mirada en Iván, quien levantó una ceja y esbozó una sonrisa satisfecha. Su expresión parecía decir que no hacía falta agradecimiento alguno; había venido precisamente para alejar a Anaís.
Sin embargo, mientras sonreía victorioso, una inquietud comenzó a apoderarse de él cuando Efraín le preguntó:
-¿Dónde está Irene esta noche?
Iván realmente no tenía idea. Irene lo evitaba constantemente; incluso aunque recientemente habían estado juntos, ella parecía totalmente indiferente hacia él. Aquella dolorosa certeza de que él no podía vivir sin Irene, mientras ella parecía estar mejor sin él, lo golpeó con una repentina tristeza.
-Creo que Irene tiene una cita con su novio esta noche -intervino Anaís, recordando la breve conversación telefónica que habían mantenido esa mañana.
En cuanto pronunció aquellas palabras, el rostro de Iván se transformó. Una sombra glacial pareció cubrirlo mientras se apartaba bruscamente para llamar a Irene.
Casualmente, Irene cenaba con Gustavo Fajardo en el mismo restaurante. Cuando la puerta del reservado contiguo se abrió, Anaís e Irene se encontraron frente a frente, intercambiando miradas de sorpresa.
Irene, que aún no había visto a Iván dirigiéndose hacia el ascensor, colgó el teléfono y sonrió a Anaís con complicidad.
-Con razón me pediste recomendaciones de restaurantes esta mañana. Era para traer al señor
3
10-180
Lobos.
Apenas terminó de hablar, sintió una mirada abrasadora sobre ella. Al levantar la vista, se encontró con el semblante sombrío de Iván, cuya atención se concentraba exclusivamente en Gustavo. Si las miradas pudieran asesinar, Gustavo habría perecido mil veces en ese instante.
Gustavo, con la serenidad propia de su profesión académica, simplemente asintió a modo de saludo.
Anaís percibía la tormenta emocional que inundaba el pasillo cuando Efraín, con voz serena, formuló una pregunta que caería como un rayo.
-¿Ya tienen fecha para la boda?
La cuestión, aparentemente inocente considerando que Irene estaba por cumplir treinta años, encendió la mecha de la furia contenida de Iván, quien se aproximó con pasos firmes sin apartar la mirada de Irene.
-¿Qué significa eso, Irene? ¿Te vas a casar con él?
Su voz traicionaba una mezcla de incredulidad y profundo dolor mientras pronunciaba cada palabra.
Irene, desconcertada por la inesperada pregunta de Efraín, jamás había contemplado matrimonio alguno con Gustavo.
-Iván, hablemos después -respondió, apretando ligeramente los labios.
Los ojos de Iván se inyectaron de un rojo intenso, reflejo de su creciente desesperación.
-¿Después? ¿Cuándo exactamente? ¡Ni me quieres ver y hablas de después! Solo dime, ¿es verdad que planeas casarte a mis espaldas? ¿Él sabe que hace poco estabas en mi cama?
Aquellas palabras, cargadas de angustia y reproche, elevaron la tensión en el pasillo a niveles insoportables. Anaís, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda, discretamente alejó la silla de ruedas de Efraín de aquel campo de batalla emocional.
“Efraín solo preguntó por cortesía“, pensó, “sin imaginar que desataría este conflicto“.
19-18