Capítulo 38
La voz quebrada de Efraín rompió el tenso silencio que envolvía el baño.
-Acércate -murmuró con un tono grave y áspero, apenas reconocible.
Anaís avanzó con pasos vacilantes. El vapor de la ducha flotaba entre ellos como una cortina translúcida, mientras observaba la figura imponente de Efraín. Su piel bronceada brillaba bajo la tenue luz, pequeñas gotas de sudor resbalando por su cuello como rocío matutino.
La toalla húmeda había perdido su efecto refrescante. Con movimientos pausados, Efraín se incorporó y formó un cuenco con sus manos bajo el chorro de agua fría. Las gotas cristalinas resbalaron por su rostro, salpicando la fina tela de su bata.
-Presidente Lobos, sigue usted resfriado -musitó Anaís, la preocupación tiñendo su voz.
Efraín se inclinó nuevamente sobre el lavabo, el agua fría golpeando su rostro en un intento vano por recobrar el control. Su voz emergió ronca, cargada de una intensidad que hizo
estremecer a Anaís.
-¿Y qué sugieres que haga entonces?
La pregunta quedó suspendida en el aire denso del baño. Anaís conocía bien a Irene; aquello no era un simple medicamento. Ver a un hombre de voluntad inquebrantable como Efraín luchando contra sus efectos le oprimía el pecho. Cualquier otra persona ya habría sucumbido, y los efectos podrían prolongarse durante horas. Su estado de salud era delicado, con las piernas en rehabilitación, y las consecuencias de esta situación podrían ser devastadoras.
Tras unos momentos de angustioso silencio junto al lavabo, las palabras brotaron de sus labios sin pensarlo:
-¿Y si busco a otra mujer?
La respiración de Efraín se detuvo perceptiblemente. El ambiente cargado de tensión se transformó en una oleada de hostilidad que pareció congelar el aire mismo.
-Lárgate siseó entre dientes.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Anaís. Jamás había sentido tan vívidamente la furia de Efraín, como un relámpago atravesando la quietud de la noche.
Sin atreverse a pronunciar palabra, se deslizó hacia la puerta y abandonó el baño. En la recámara, la preocupación la consumía, imaginando mil escenarios sobre el estado de Efraín.
Transcurrieron dos horas eternas antes de que la puerta del baño se abriera. Efraín emergió en su silla de ruedas, su mirada perdida en algún punto distante, y se dirigió directamente a su habitación sin dedicarle siquiera una mirada.
Anaís quiso preguntarle por su resfriado, pero las palabras murieron en su garganta ante la muralla de hielo que él había erigido entre ambos.
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Capitulo 38
La mañana siguiente llegó con el primer rayo de sol. Al salir de su habitación, se encontró con Lucas, quien emergía del cuarto de Efraín. Su mirada se tornó distante y profesional al verla.
-Señorita Villagra, aquí tiene el plan de acción para el proyecto de apoyo agrícola -declaró con tono formal-. Hemos designado a una empleada para asistirla. El documento contiene todas las instrucciones necesarias, y su acompañante la espera en el vestíbulo.
Anaís dirigió una mirada ansiosa hacia la puerta de Efraín.
-¿Cómo se encuentra el presidente Lobos?
-El presidente tiene programada una reunión con el encargado de Las Colinas para discutir el desarrollo turístico -respondió Lucas con sequedad-. Es un asunto completamente ajeno al Proyecto Manzana Compartida que usted coordina.
El mensaje era claro: mantente alejada de Efraín.
Anaís comprendió la indirecta y se dirigió presurosa al vestíbulo, donde encontró a su nueva asistente. Inés Casas la saludó con una cortesía distante que revelaba su cautela profesional.
Con el plan de acción en mano y un equipo esperando afuera de la posada, Anaís comenzó a instruir a Inés mientras caminaban hacia la salida.
-La cosecha de este año ha sido afectada por las lluvias -explicó. Las manzanas son más pequeñas que en temporadas anteriores, y los comerciantes se niegan a comprarlas. Tenemos diez días antes de que empiecen a deteriorarse; el tiempo apremia.
Apenas se acomodaron en el vehículo, un trueno resonó en la distancia, presagiando la tormenta que se avecinaba.
-Anaís -intervino Inés, observando el cielo plomizo-, el huerto está en una zona remota. Si la Iluvia arrecia, no podremos regresar hasta la madrugada.
Anaís frunció el ceño, consciente de que la lluvia acortaría aún más la vida útil de las manzanas que aún pendían de los árboles. Con los comerciantes tradicionales negándose a comprar la fruta pequeña, solo quedaba una alternativa.
-Inés, necesitamos equipo para transmisión en vivo -declaró con determinación-. El Grupo Lobos tiene una división dedicada a ese sector. Contacta con ellos y solicita un espacio destacado en su plataforma. Eso nos garantizará audiencia.
-¿Iniciaremos la transmisión esta noche? -preguntó Inés, mordisqueando su labio con inquietud.
Anaís asintió, sin apartar la vista del cielo amenazante.
-Montaremos una carpa en el huerto. Prepara la iluminación y coordina con nuestro contacto. Al llegar, sincronizaremos con el equipo de transmisiones para comenzar la venta inmediatamente.
La venta en línea podría ser la salvación para aquellas manzanas rechazadas.
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Capítulo 38
Inés observó a Anaís con renovado respeto. Había esperado que optaran por la salida fácil: vender la fruta a precio de descuento a una fábrica de jugos.
Sin perder tiempo, Inés realizó la llamada.
Tres horas más tarde, arribaron al huerto. Una carpa temporal se alzaba bajo un cielo cada vez más oscuro, donde nubes negras presagiaban la inminente tormenta.
Tras ajustar la iluminación, Anaís contactó con la compañía de transmisiones, que accedió a destacar su espacio en la página principal.
Se enfundó en un impermeable y le entregó otro a Inés. Desde su llegada, Anaís había demostrado una eficiencia y precisión que Inés admiraba en silencio, consciente de sus propias limitaciones.
-Anaís, eres diferente a lo que imaginaba -confesó Inés.
Anaís, con el rostro limpio de maquillaje, no respondió. En su lugar, marcó el número del responsable del proyecto.
-¿Está todo coordinado con los agricultores? -preguntó con calma-. ¿Han definido el precio
de venta?
La respuesta la sorprendió.
-¿Sesenta pesos por kilo?
Era una caída significativa respecto a los ochenta pesos de años anteriores, justificada por el menor tamaño de la fruta.
-¿Qué opinas de ofrecerlas a noventa pesos? -propuso tras una breve reflexión.
Un silencio tenso precedió la respuesta.
-Señorita Villagra, ese precio podría dificultar las ventas.
-Hagamos la prueba insistió. Si encontramos compradores, los agricultores no perderán su
inversión.
Tras finalizar la llamada, Anaís negoció los detalles con la plataforma de transmisiones antes de tomar su lugar frente a la cámara. Aunque las transmisiones en vivo no eran su fuerte, la situación requería acción inmediata. Con solo el chofer e Inés presentes, y notando la naturaleza reservada de su asistente, Anaís decidió tomar las riendas del proyecto personalmente.
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