Capítulo 389
Los policías se presentaron con rapidez para llevar a cabo la investigación y posteriormente trasladaron a Sofía a la comisaría para interrogarla. Anaís, siendo la parte agraviada, también tuvo que presentarse. Cuando la policía localizó a Sofía, esta se encontraba de compras, y la situación la humilló profundamente. Al llegar a la comisaría y descubrir que Anaís era quien había presentado la denuncia, su indignación estalló en gritos descontrolados.
-¡Maldita sea, Anaís! ¿Cómo te atreves a llamar a la policía para que me detengan?
Anaís, sentada tranquilamente a un costado, respondió sin alterarse.
-No quiero negociar nada. Solo quiero que te disculpes.
Sofía contrajo el rostro en una mueca de desprecio.
-¿Disculparme? ¿Contigo? Ni lo sueñes.
Anaís también frunció el ceño y se dirigió directamente al oficial.
-No acepto ninguna negociación. Hoy ella tiene que disculparse.
Sofía extrajo una tarjeta de crédito de su bolso con un gesto despectivo.
-Diez mil, y no pienso disculparme.
El oficial observó a ambas mujeres, comprendiendo que ninguna enfrentaba problemas económicos. Solo pudo intervenir con cautela.
-Señorita Lobos, debe entender que usted cometió la falta. Si la señorita Villagra no acepta una compensación económica, tendrá que ofrecer una disculpa para poder retirarse.
Sofía sintió que la rabia le recorría el cuero cabelludo. Jamás había pasado tanta vergüenza en su vida. Si los demás miembros de la familia Lobos se enteraban del incidente, la reprimenda sería severa. Últimamente, el ambiente en casa era tenso, y no deseaba provocar más conflictos. Solo pudo mirar a Anaís con arrogancia desafiante.
-Piénsalo bien, Anaís. Si hoy no me dejas salir bien librada, te juro que haré tu vida imposible.
Anaís sonrió, consciente de que ya no existían motivos para mantener las apariencias con Sofía. Roberto, que permanecía detrás de ellas, intervino en ese preciso momento.
-Ya llamé a Efraín. Sofía, deja de comportarte como una niña.
Al escuchar que Efraín vendría, Sofía casi saltó de la silla, visiblemente alterada.
-¡Efraín está ocupadísimo! ¿Por qué lo interrumpiste?
-¿Y dejarte seguir con tus caprichos? ¡Tarde o temprano vas a causar un problema grave! Ya le conté todo lo que hiciste.
Sofía enrojeció de ira, apretando los puños con fuerza. Sus ojos se llenaron de lágrimas; era evidente que creía que su hermano había caído bajo el embrujo de Anaís. Mordió sus labios y
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Capitulo 389
secó sus lágrimas con un gesto brusco.
-¿Crees que tengo miedo? Cuando Efraín llegue, me dará la razón.
Efraín apareció media hora después. A pesar de encontrarse en una reunión importante, había acudido personalmente para resolver el asunto de Sofía. Anaís conversaba en voz baja con Roberto en la habitación contigua.
-Si Efraín se pone firme, tienes que agachar la cabeza y pedir perdón. Sofía siempre ha sido una consentida, y Efraín la consciente demasiado.
A través del cristal semitransparente, Anaís observó que Efraín ya había llegado. Se desplazaba en silla de ruedas, pero su presencia imponía respeto, escoltado por varios guardaespaldas. Cuando Sofía lo vio, sus ojos se anegaron en lágrimas.
-¡Efraín!
Corrió hacia él y se arrodilló a su lado con gesto suplicante.
-No quiero disculparme, Efraín. Tienes que ayudarme.
Efraín dirigió su mirada penetrante hacia el oficial.
-¿Qué hizo exactamente?
Aunque el policía no conocía a Efraín, su presencia revelaba que se trataba de alguien importante, por lo que respondió inmediatamente.
-Dañó a propósito el auto de otra persona.
Sofía abrió los ojos desmesuradamente, con expresión de absoluta sorpresa.
-¿Dañar un auto? ¡Hoy no hice nada de eso! ¡Me están incriminando! Efraín, te juro que yo no fui. Si lo hubiera hecho, nunca más volvería a verte en mi vida.
Para Sofía, aquel juramento representaba un compromiso absoluto. Además, no sabía mentir frente a Efraín; lo que más temía era no poder volver a verlo.
Efraín se dirigió con frialdad a uno de sus guardaespaldas.
-Revisa las grabaciones de seguridad de ese momento.
Los guardaespaldas actuaron con celeridad, realizaron una llamada y pronto recibieron el video de vigilancia. Uno de ellos se inclinó ligeramente, dirigiéndose a Efraín con profundo respeto.
-Señor Lobos, la señorita Lobos no dañó ningún vehículo.
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