Despertar del Olvido 390

Despertar del Olvido 390

Capítulo 390 

El guardaespaldas, desconociendo que aquel vehículo pertenecía a Anaís, reveló que las grabaciones mostraban a una mujer completamente ajena a Sofía rayando el automóvil. El rostro de Sofía se iluminó con una mezcla de alivio y triunfo, mientras dirigía su mirada hacia la habitación contigua

-¡Anaís, eres una desgraciada! ¡Me acusaste de algo que no hice

La comisaría contaba con un excelente aislamiento acústico; Anaís solo alcanzaba a ver la silueta de Efraín conversando con Sofía a través del cristal semitransparente, sin poder descifrar el contenido de su conversación. Alertada por los gritos, Anaís emergió de la habitación con paso decidido

Sofía irguió su postura de inmediato, preparada para el enfrentamiento

-¡Me echaste la culpa de rayar tu carro! Eres una mentirosa. Roberto, ¿cómo te pones de su lado? Te juro que yo no toqué su coche

La mirada de Anaís se posó directamente en Efraín, quien en ese instante comprendió que la persona con quien Sofía había tenido el altercado era precisamente Anaís. El semblante de ésta permanecía impasible, controlando cada gesto para no revelar su desconcierto

-Señorita Lobos, justo después de nuestra discusión, mi auto apareció rayado, y casualmente pasaste por ahí. Si no fuiste , ¿quién más pudo ser

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Sofía mientras se inclinaba frente a Efraín, aferrándose a la manga de su chaqueta como una niña buscando protección

-¡Efraín, mírala

La mano de Efraín, que descansaba lánguidamente a un costado de la silla de ruedas, se tensó ligeramente, mientras sus pestañas descendían ocultando brevemente su mirada

-No fue ella

Anaís conocía la debilidad de Efraín por consentir a Sofía, pero jamás imaginó que llegaría a tales extremos de parcialidad. Intentó articular alguna respuesta, pero las palabras parecían haberse esfumado de su mente. Sofía la observaba con una sonrisa victoriosa, saboreando cada segundo de su aparente triunfo

La ira hervía silenciosamente en el interior de Anaís, quien comprendía que mientras Efraín respaldara a Sofía, cualquier argumento sería inútil. En ese momento, el oficial de policía intervino oportunamente

-Señorita Villagra, hemos revisado las grabaciones y efectivamente no fue la señorita Lobos

Anaís, que aún no había visto las imágenes, soltó una risa cargada de desdén

-Está bien, acepto los veinte mil pesos del señor Lobos y olvidemos este asunto. Adiós

Tomó su bolso con un movimiento elegante y se dirigió hacia la salida, pero Sofía no estaba 

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Capitulo 390 

dispuesta a dejarla marchar tan fácilmente

-Espera, me acusaste sin razón, ¿no crees que me debes una disculpa

Anaís se detuvo momentáneamente, fingiendo no escucharla, y continuó su camino sin mirar 

atrás

-¡Oye

Sofía golpeó el suelo con frustración, para luego componer una sonrisa sarcástica

-Vaya, se nota que vienes de una familia sin clase, ni siquiera sabes comportarte como es debido

Fuera de la comisaría, la rabia seguía latiendo intensamente en el pecho de Anaís. Roberto apareció tras ella, exhalando un suspiro de resignación

-Te llevo a tu casa. Ya te dije que Efraín siempre consiente a Sofía

Anais ignoraba que, en esta ocasión, realmente Sofía era inocente. Para ella, Efraín simplemente favorecía incondicionalmente a su hermana, al punto de manipular las 

declaraciones policiales. Comprendió con amargura que ella y Efraín pertenecían a universos irreconciliablemente distantes

Abordó el automóvil de Roberto y, a través de la ventanilla, observó a Efraín emergiendo de la comisaría. Lucas y Sofía lo flanqueaban, con Sofía parloteando animadamente como un gorrión junto a él. Anaís desvió la mirada, recostándose contra el asiento de cuero, y súbitamente alcanzó una claridad inesperada

Después de todo, había recibido veinte mil pesos como compensación, no tenía motivos para preocuparse. Ni siquiera eran amigos; resultaba natural que Efraín defendiera a Sofía. Además, Efraín siempre la había contemplado con la misma compasión que un ser superior dispensa a un insecto insignificante. El hecho de que no le guardara rencor ya constituía un gesto extraordinario de tolerancia por su parte

Roberto, concentrado en el volante mientras esperaban que el semáforo cambiara, comentó con voz pausada

-Anaís, Efraín te detesta, pero tiene sus límites. Nunca te va a mostrar emociones que te hagan pensar que eres especial. Deberías alejarte de él. Antes pensé que le gustabas y andaba buscando señales, pero lo escuché decirle a Fausto que todavía no puede olvidar a esa mujer

Y esa persona, indudablemente, era su verdadero amor ya fallecido. Anaís comprendía íntimamente que solo haciendo que Lucía interpretara ese papel del amor verdadero, podría influir en las emociones de Efraín. Sonrió, experimentando un leve alivio

-Creí que al menos podía ser su amiga, pero me equivoqué. El señor Lobos tiene amigos de sobra

La mirada de Roberto reflejaba serenidad mientras sujetaba el volante con ambas manos

-Antes me porté como un tonto, siempre gritando y haciéndote pasar vergüenza. Tenías razón 

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Capitulo 390 

en darme esa cachetada. Efraín obviamente no está interesado en ti, y fui yo quien los metió en esto a la fuerza, incomodándolos a los dos. Perdón

Anais jamás esperó que Roberto llegara a mostrar tal nivel de comprensión. Anteriormente, siempre insinuaba frente a Efraín que entre ellos existía algo, lo cual la incomodaba profundamente. Y no había sido en una única ocasión

-Anaís, ¿podemos seguir siendo amigos? Ya no voy a insistir en que volvamos. Veo que ya lo superaste. Aunque soy medio tonto y hago enojar a la gente, nunca he hecho nada tan malo. No me rechazarías como amigo, ¿verdad? Al menos Raúl me dice Rober

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