Capítulo 396
Anais había quedado hoy con Laura para verse, pero antes Samuel la había amenazado diciendo que quería ir con él. A regañadientes, Anais le llamó, y para su sorpresa, Samuel fue muy diligente; en menos de media hora ya estaba afuera del complejo donde vivía. El auto de Anaís aún estaba en reparación, por lo que tuvo que golpear suavemente la ventana del auto
de Samuel.
-¿Me lleva, señor Córdoba?
No sabía si era su imaginación, pero hoy Samuel parecía haberse arreglado de forma especial. Samuel soltó una risa sarcástica, levantó la barbilla y le indicó que subiera al auto. Anaís, sabiamente, decidió no sentarse en el asiento del copiloto, sino en la parte trasera. El auto arrancó de repente y su rostro casi chocó contra el respaldo del asiento delantero. Samuel volvió a emitir esa risa burlona.
-No me vayas a ensuciar los asientos con tu maquillaje.
Anaís se enfureció tanto que le dolía la cabeza; realmente esperaba que Samuel algún día se obsesionara tanto con una mujer que pasara de ser el orgulloso presidente a un perrito faldero. ¡Eso sería perfecto!
“Solo de imaginarlo, verlo arrastrándose por migajas de atención… ¡Qué delicia sería presenciar su caída!”
Samuel había frenado bruscamente a propósito para molestarla, y ahora que la escuchaba reír,
estaba desconcertado.
-¿De qué te ríes?
-De nada.
El auto continuó su camino hasta llegar al lugar donde habían quedado de verse con Laura. Laura ya estaba sentada junto a la ventana, y al verlos llegar juntos, se sorprendió un poco. Samuel levantó una ceja y se sentó frente a ella.
-Qué coincidencia.
Pensaba que Laura cambiaría su expresión rápidamente, pero solo mostró un leve asombro antes de poner una sonrisa estándar.
-Buenas tardes, señor Córdoba.
Al escucharla usar el formal “usted“, a Samuel le incomodó un poco. Anaís se sentó a su lado y después de intercambiar algunas palabras con Laura, comenzó a explicar el proceso de inversión que tenía planeado. Debido a la presencia de Samuel, no quiso entrar en detalles hasta que Laura comentó:
-Los dos artistas ya llegaron, Anaís. ¿Quieres venir a verlos? Para mí, los dos tienen bastante potencial.
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Capitulo 396
Anais asintió y se levantó. Miró a Samuel, quien había estado callado casi todo el tiempo.
-¿No prefiere adelantarse, señor Córdoba?
Samuel no pensaba irse; finalmente estaba a punto de descubrir dónde trabajaba Laura. La mirada de Laura también se dirigió hacia él, manteniendo siempre su cortesía.
-¿También quiere venir a ver, señor Córdoba?
-Tal vez en tu estudio haya algún artista que me interese.
Pronunció “interese” con un tono sugestivo, pero Laura solo sonrió.
-Sería una suerte para ellos.
El rostro de Samuel se oscureció y dejó de hablar. Los tres salieron, y Anaís sintió que el ambiente era extraño, probablemente solo Laura se sentía cómoda. Laura abrió la puerta de su
auto.
-Anaís, ven conmigo.
Anaís asintió e intentó entrar, pero Samuel la sacó sin ninguna delicadeza. Samuel le lanzó las llaves de su auto de lujo.
-Tú maneja mi auto.
Anaís miró las llaves en su mano, un poco confundida. Samuel ya se había sentado en el asiento del copiloto del auto de Laura y cerró la puerta con destreza. Anaís miró a Laura. El rostro de Laura permanecía sereno, le sonrió.
-Te mando la dirección. Nos vemos allá.
Anaís solo pudo asentir, pensando que definitivamente había algo entre esos dos. Una vez que Laura se subió al auto, su actitud se enfrió de inmediato.
-¿Vino hoy por mí, señor Córdoba?
Samuel se sentó en el asiento del copiloto y, al escucharla, soltó una carcajada sarcástica.
-¿Crees que estás a mi altura? ¿No dijiste que lo nuestro ya había terminado? Esta vez lo hago solo por Anaís.
¿Por Anaís?
Los ojos de Laura reflejaron sorpresa por un instante, pero rápidamente se tornaron en una mirada decidida.
-Así que le gusta Anaís.
El comentario hizo que Samuel se sintiera incómodo al instante. La familia Córdoba tenía un conflicto con Anaís, y él preferiría gustarle a un mendigo antes que a ella. Sin embargo, en ese momento, por enfadar a esa mujer, decidió morderse la lengua y aceptar la insinuación. Laura encendió el motor y estaba a punto de pisar el acelerador cuando escuchó su voz.
Capitulo 396
-Laura, el mundo del espectáculo es complicado. A veces, tener un respaldo es mejor que luchar solo. ¿No lo has pensado?
Ella frunció el ceño, observándolo con atención.
-¿Qué quiere decir?
Samuel tragó saliva, mirando su rostro impasible, sintiendo una insatisfacción creciente. Al escuchar que estaba allí por Anaís, ella no mostró ni una pizca de emoción. ¿Cómo podía ser tan serena con alguien con quien había compartido tantas noches?
“¿Acaso no fui suficiente en la cama?”
En la vida de Samuel, nunca había experimentado un fracaso tan rotundo, y eso lo hacía más
terco.
-Me llamas señor Córdoba. ¿Sabes quién soy?
En San Fernando del Sol, no cualquiera puede ser llamado señor Córdoba. Laura encendió el auto, su tono de voz aún más indiferente.
-No lo sé, ni necesito saberlo. Esa fue nuestra regla desde el principio.
Samuel estaba tan furioso que sentía la piel del cuero cabelludo tensarse. Era su culpa por haber establecido esas reglas desde el inicio, sin imaginar que ella las seguiría tan al pie de la letra. Estaba lleno de ira.
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