Capítulo 401
Su rostro rebosaba satisfacción, esa arrogancia de quien se sabe respaldada atravesaba a Anais como una corriente helada, paralizándola por un instante. Con la mente ya al límite y las palabras de Sofía martilleando en sus oídos, Anaís tomó una silla y la lanzó contra ella en un arranque impulsivo que los oficiales no pudieron prever.
Sofia no logró esquivar el impacto. Una herida comenzó a sangrar en su frente mientras tocaba la zona con expresión incrédula, tambaleándose como si fuera a desplomarse.
-¿Te atreviste a aventarme eso?
Los policías intervinieron rápidamente para contener a Anaís.
-¡Señorita Villagra, si continúa así, tendremos que arrestarla!
No era la primera vez que Sofía resultaba herida por Anaís. Sus ojos destellaban resentimiento mientras apretaba los labios con fuerza.
-Está bien, tú espera y verás, te voy a llevar personalmente a la cárcel.
Sin perder tiempo, sacó su celular y llamó a Efraín, quien respondió de inmediato al escuchar
sus sollozos.
-Efraín, estoy lastimada, tengo mucha sangre en la frente.
El rostro de Efraín permaneció impasible, aunque su voz denotaba cierta tensión.
-¿Dónde estás?
-En la misma comisaría de la otra vez. Anaís también está aquí, fue ella quien me atacó.
La mano de Efraín se detuvo en seco mientras su nuez de Adán oscilaba visiblemente.
-¿Ella también está allí?
Sofía intensificó su llanto, mostrando las palmas manchadas de sangre.
-Sí, está aquí. Mató a alguien.
La llamada se cortó apenas terminó de hablar.
Sofía sonrió complacida, interpretando la reacción de Efraín como preocupación. Miró a Anaís con desdén; aunque la herida pulsaba dolorosamente, la perspectiva de ver a su rival en problemas le provocaba un placer casi tangible.
-Efraín viene en camino. Parece que no aprendiste nada ayer. Te lo dije, él siempre me va a apoyar a mí.
Anaís permaneció en silencio, con las pestañas caídas y la mente perdida en un laberinto de pensamientos.
Efraín llegó antes de lo previsto, acompañado por Lucas. La escena era un déjà vu de lo
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ocurrido anteriormente. Sofía, al verlo, corrió hacia él desesperada.
-Efraín, mira mi frente, y luego mira a Anaís. Su cara está manchada de sangre, ¡de verdad mató a alguien!
Bajo la luz artificial de la comisaría, Anaís permanecía quieta, con expresión glacial. Al escuchar las acusaciones, apenas dirigió una mirada fugaz en aquella dirección, un gesto cargado de indiferencia como si nada hubiera cambiado entre ellos.
Los dedos de Efraín se tensaron sobre la silla de ruedas mientras su semblante se ensombrecía gradualmente. Sofía, percibiendo el cambio, preguntó con cautela:
-¿Te pasa algo? ¿Te sientes mal?
Tiró de la manga de Lucas con insistencia nerviosa.
-Lucas, Efraín no se siente bien, deberíamos llevarlo al hospital primero.
Jamás había visto a Efraín con un rostro tan pálido y descompuesto.
Él ignoró sus palabras y preguntó con voz queda:
-¿Por qué fue esta vez?
En apenas veinticuatro horas habían terminado dos veces en la comisaría.
Las lágrimas de Sofía comenzaron a fluir nuevamente.
-Solo le dije unas palabras duras, y me lanzó una silla.
Efraín dirigió su mirada hacia Anaís, su tono volviéndose aún más distante.
-Dime tú.
Anaís evitó mirarlo directamente, desviando la vista deliberadamente.
-No tengo nada que decirle al señor Lobos.
Los dedos de Efraín se contrajeron súbitamente mientras sus labios se tensaban. Tras unos segundos que parecieron eternos, preguntó:
-¿Qué significa eso de… no tienes nada que decir?
Pronunció cada sílaba con un esfuerzo visible, como si las palabras le quemaran la garganta.
-El significado literal. Lo de ayer está fresco en mi memoria. Ya sé cómo va a elegir el señor Lobos.
Mientras hablaba, limpiaba metódicamente las manchas de sangre de su mejilla.
-Ya contacté a un abogado, llega en diez minutos máximo. Sobre mi problema con la señorita Lobos, la compensación se determinará según sus lesiones conforme a la ley. ¿Algo más, señor Lobos?
Por primera vez, Efraín quedó sin palabras.
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Sofía, enfurecida, se levantó de un salto señalando a Anaís acusadoramente.
-¡Eres una desgraciada! ¿Qué actitud es esa? ¿Quién te crees para burlarte así, Efraín? ¿Crees que solo tú puedes contratar un abogado? ¡Yo también puedo y te voy a demandar!
Ante su comportamiento descontrolado, Anaís no pudo contener una risa sarcástica.
-El señor Lobos de verdad ha criado a una gran dama de sociedad.
Era evidente que sus palabras no solo ridiculizaban a Efraín, sino que los criticaban a ambos con una precisión implacable. Incluso la persona más paciente tiene un límite, y después de verse repetidamente involucrada en sus conflictos, ¿cómo podría no estallar finalmente?
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