Capítulo 404
El abogado contratado se acercó a Anaís y le susurró algo al oído. Ella mantuvo su rostro impasible y cerró los ojos con serenidad, decidiendo dejar todo el asunto en manos del profesional. Aunque la detuvieron temporalmente, Anais intuía que bastaría con que el abogado encontrara una pequeña fisura legal para conseguir su libertad. Esperaba permanecer encerrada al menos tres días, pero apenas transcurridas tres horas en la celda, un oficial se acercó para informarle.
-Ya puedes irte a tu casa.
Anaís salió desconcertada y, al llegar a la entrada de la comisaría, encontró al abogado que había contratado esperándola. Supuso que su liberación había sido gracias a las gestiones del letrado, quien habría logrado defenderla con extraordinaria eficiencia sin conocer todos los pormenores del caso.
-Gracias, sin ti seguro me hubiera quedado ahí mucho tiempo.
El abogado exhaló con resignación. -Señorita Villagra, yo no hice nada. Parece que alguien más la está ayudando.
¿Alguien más? Anaís no lograba comprender quién podría estar interviniendo a su favor. Despidió al abogado y tomó un taxi para regresar a casa. Al llegar frente a su conjunto residencial, encontró a Roberto esperándola.
Los ojos de Roberto se iluminaron al verla y señaló hacia el estacionamiento. -Ya aceleré la reparación de tu coche. Así no tendrás problemas para ir y venir del trabajo.
-Gracias, te lo agradezco mucho -respondió Anaís con sinceridad, apretando los labios.
Roberto notó la evidente marca de una bofetada en su mejilla y no pudo evitar rozarla suavemente con sus dedos. -¿Quién te hizo esto?
Parecía desconocer por completo los eventos de aquella noche.
-Estoy algo cansada, me voy a casa -contestó Anaís negando con la cabeza, su voz ligeramente ronca-. Gracias por lo del coche.
-Anaís, ¿le contaste a tu novio sobre esto? No deberías ocultarle las cosas. Si no puede ayudarte, al menos debería darte apoyo moral.
Anaís se detuvo momentáneamente. Nunca había sido buena mostrándole a Z los aspectos caóticos de su vida.
-Roberto, me voy arriba.
Roberto permaneció inmóvil en su sitio. La noche ya había caído, ocultando su rostro en las sombras, pero levantó la mano en un gesto amable.
-Sí, sube.
Al entrar en su apartamento, Anaís se sintió abrumada por el cansancio y la ansiedad, con un
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Caputo 404
dolor punzante en la parte posterior de la cabeza. Se sirvió un vaso de agua tibia y contempl por la ventana cómo comenzaba a nevar en el exterior. Era la primera nevada del año, lo que explicaba el intenso frio durante su trayecto de regreso. Entrecerró los ojos y, justo cuando estaba por terminar el agua, su celular comenzó a sonar, Lucas intentaba comunicarse con
ella.
No se sentía con ánimos para responder. Quería evitar cualquier cosa relacionada con Efrain para no recordar a la insoportable Sofía. El teléfono continuó sonando insistentemente hasta que, frustrada, decidió apagarlo y dirigirse al baño para ducharse.
Cuando estaba a punto de conciliar el sueño, el timbre de la entrada sonó repentinamente. Se levantó para abrir la puerta y encontró al médico amigo de Z.
-Señorita Villagra, Z no se siente bien esta noche. ¿Podría venir a verlo si tiene tiempo?
Anais rápidamente buscó su celular, recordando que lo había apagado. Al encenderlo, encontró varios mensajes de Z preguntándole qué estaba haciendo y si tenía tiempo libre, pero sin mencionar nada sobre sentirse enfermo.
-¿Está muy grave?
Se cambió de ropa apresuradamente y salió con él, observando los copos de nieve que caían del cielo. Repentinamente, sintió una inquietud. -¿Exactamente qué enfermedad mental tiene? ¿No tiene cura?
El hombre suspiró mientras conducía. -En etapas tempranas sí se puede curar, pero él no coopera. Ya viste dónde vive; en un lugar así, es imposible que mejore.
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