Capítulo 41
-¡Ve a descansar de una vez!
El cansancio pesaba sobre los hombros de Anaís como una manta de plomo. Sus párpados luchaban contra la gravedad mientras se acomodaba en el improvisado catre. La oscuridad la envolvió casi al instante, arrastrándola hacia un sueño profundo.
Inés observó con preocupación las rodillas ensangrentadas de su compañera. La visión de las heridas le revolvía el estómago, pero con las cámaras aún transmitiendo, mantuvo su compostura. En silencio, admiraba la fortaleza de aquella mujer que se había entregado por completo a la causa.
Durante cuatro horas, Anaís permaneció sumida en un sueño reparador. La voz del conductor conversando con Inés la trajo de vuelta a la consciencia, penetrando la bruma del descanso interrumpidò.
-Deberíamos dejarla dormir un poco más la preocupación teñía cada palabra de Inés-. Esos miserables nos están difamando.
El conductor, un hombre curtido por años al servicio del Grupo Lobos, respondió con
pragmatismo:
-Señorita Inés, necesitamos despertar a la señorita Villagra. Si seguimos esperando, perderemos toda la clientela.
-Pero no ha dormido en toda la noche. Una hora más, solo una.
A pesar de sus intentos por hablar en susurros, la conversación atravesó el velo del sueño. Anaís se incorporó lentamente, llevándose una mano a la frente. Su voz emergió áspera como papel de lija:
-¿Qué está pasando?
El rostro de Inés, se iluminó al instante.
-¡Anaís, despertaste! Todo es culpa de esa Bárbara. No sé cómo, pero se metió en el negocio de las manzanas y te mencionó en su transmisión. Ahora todos piensan que viniste a ayudar a los campesinos solo para perseguir a un hombre -su voz temblaba con cada palabra-. Están cancelando pedidos en masa, el sistema casi colapsa y la plataforma nos está presionando. Si esto continúa, nos van a denunciar y todos saldremos perjudicados. ¿Qué podemos hacer?
La angustia de Inés era palpable. La noche anterior había sido un éxito rotundo, pero la tarde se había convertido en una pesadilla: no solo las ventas se habían detenido, sino que los pedidos originales se desvanecían uno tras otro.
Las lágrimas amenazaban con desbordarse de sus ojos.
Anaís tomó un sorbo de agua, intentando suavizar su garganta reseca. Conocía bien a Bárbara; este tipo de jugadas eran su especialidad.
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Capítulo 41
-Inés, muéstrame su canal de transmisión.
Con dedos temblorosos, Inés navegó hasta el canal de Bárbara.
El contraste era notable. Mientras el espacio de Anaís reflejaba la rusticidad auténtica del campo, el set de Bárbara lucía meticulosamente arreglado, proyectando la imagen de una empresaria exitosa. A pesar de su naturaleza despreciable, había que reconocer su talento para la presentación.
Pero lo más impactante eran sus precios: cincuenta pesos por kilo. Comparado con los noventa pesos que cobraba Anaís por la misma cantidad, la oferta de Bárbara resultaba irresistible.
Con estudiada casualidad, Bárbara había mencionado a Anaís como su hermana, sugiriendo que había huido de casa en un intento desesperado por recuperar la atención de su prometido. Los espectadores comenzaron a tejer sus propias conclusiones, convencidos de que Anaís utilizaba la venta de productos agrícolas como pretexto para una persecución romántica, inflando los precios para beneficio propio.
“Esta acusación podría destruir todo lo que hemos logrado“, resonó en la mente de Anaís.
Inés se secó las lágrimas con el dorso de la mano.
-Al mediodía el chat se llenó de insultos. Tuve que cerrar la transmisión, era insoportable. Mientras tanto, el canal de Bárbara está explotando: más de veinte mil espectadores y cincuenta mil pedidos.
Anaís respiró profundamente y apoyó su mano en el hombro de Inés con delicadeza.
-No te preocupes. Vamos a reabrir nuestro canal.
-No, no has visto lo crueles que son esos comentarios–suplicó Inés.
Pero Anaís ya estaba iniciando la transmisión, su voz sorprendentemente serena.
-No importa. Si Bárbara me usa para ganar popularidad, también puedo voltear la situación a mi favor.
Su éxito de la noche anterior no había sido casualidad. Bárbara la había mencionado buscando atraer audiencia, pero Anaís no pensaba quedarse de brazos cruzados.
-Anaís, por favor, atiende tus rodillas primero -insistió Inés, observando la inflamación con preocupación. Si te da tétanos será un problema serio.
Pero Anaís ya esbozaba una sonrisa ante la cámara.
Los comentarios no se hicieron esperar, cada uno más venenoso que el anterior.
[¡Maldita! Los campesinos se rompen la espalda cultivando y tú los desprecias así. Deberías morirte, y pensar que anoche te apoyamos tanto.]
[Parece que dicen la verdad en el otro canal; está vendiendo manzanas para atraer a un hombre.]
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Capitulo 41
[Seguro está fascinada porque todos dicen que es bonita. Vamos a reportar su transmisión y los que compraron anoche, cancelen sus pedidos. Dicen que si la tasa de cancelación es alta, la plataforma cerrará su canal.]
[Maldita mujer, asquerosa e inmunda, ver tu cara me da náuseas.]
Los insultos resbalaban sobre Anaís como gotas de lluvia sobre cristal. Con determinación, abrió el canal de Bárbara y la desafió a una confrontación directa.
El chat enmudeció por un instante antes de estallar en una avalancha de mensajes.
[¿Qué pretende esta mujer?]
[¿Va a enfrentarla cara a cara?]
Bárbara tampoco esperaba semejante audacia. La presión de los comentarios la empujó a aceptar el desafío, cuestionando si tenía miedo.
“¿Temerle a esa desgraciada?“, pensó Bárbara mientras los canales se fusionaban en uno solo. La comparación fue instantánea: el maquillaje elaborado de Bárbara palidecía ante la belleza natural de Anaís.
La envidia destelló en los ojos de Bárbara antes de que su voz melosa llenara el aire:
-Hermana, qué sorpresa encontrarte en Las Colinas. Toda la familia está muy preocupada por
- ti.
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