Capítulo 412
En ese instante, Raúl comenzó a sollozar con desesperación, sus ojos anegados en lágrimas rebosantes de súplica mientras la miraba fijamente.
Anaís sacudió la cabeza con firmeza.
-Suéltame ya, Raúl. Ese numerito de lágrimas no te va a funcionar esta vez. No pienso seguir lidiando con tus problemas.
Raúl se aferraba a ella con terquedad, negándose a soltarla mientras permanecía de rodillas, completamente sometido.
Lucía, que observaba la escena desde un costado, sintió cómo la furia la invadía y arremetió contra Anaís.
-¿En serio, Anaís? Raúl es tu hermanito. ¿Ya se te olvidó lo que te pidió tu papá cuando murió? ¿Ahora resulta que no quieres hacerte cargo de él? ¡Si Héctor pudiera ver esto desde la tumba, jamás te perdonaría!
Raúl apretó los labios y le lanzó una mirada fulminante.
-Cierra la boca.
Lucía resopló con desdén y desvió la mirada.
-Solo me preocupo por ti. No quiero que el papá de mi hijo ande arrodillándose frente a todo mundo a cada rato.
Anaís estaba tan exhausta por toda aquella teatralidad que ni siquiera tenía energías para enfadarse. Miró a Raúl, quien seguía postrado ante ella.
-Ya suéltame, tengo que irme. Hay mil pendientes esperándome en la empresa.
Raúl lloraba con tanta intensidad que sus lágrimas y mocos se fusionaban en un desastre. -No me dejes, Anaís. La regué horrible. Ni siquiera sé cómo pasó todo. Esa mañana me desperté y estaba acostado junto a ella, yo…
Anaís lo interrumpió abruptamente.
-Entonces dile que aborte.
Raúl dejó de llorar instantáneamente, quedándose en completo silencio.
Lucía estalló en cólera.
-¿En serio, Anaís? Tú también eres mujer. ¿Cómo puedes pedirle a otra que aborte? No tienes corazón. Raúl es tu hermano, y este bebé también es tu familia. ¿Cómo puedes ser tan cruel? Te lo digo claramente, no voy a abortar, voy a tener a este bebé.
Anaís inclinó la cabeza súbitamente y le dio una suave palmadita en el hombro a Raúl.
-Ni siquiera has cumplido veinte años.
1/2
20:12
Capitulo 412
Raúl dijo, con la voz quebrada.
-Pero papá siempre me dijo que hay que responder por nuestros actos con las mujeres. Lucía fue mi primera vez. Me estuvo apoyando cuando sentía que iba a derrumbarme. Anaís, no puedo hacerle eso…
Finalmente, algo en su interior se ablandó.
Lucía, al escuchar aquellas palabras, reveló un destello de triunfo en su mirada. Fabiana tenía razón: Raúl seguía siendo un muchacho inmaduro, fácil de manipular.
Sin perder un segundo, se arrodilló también, con los ojos bañados en lágrimas.
-No lo hagas sufrir, Anaís. Pase lo que pase, sigue siendo tu familia. ¿Todo esto es mi culpa, no? Me gusta Raúl, quiero tener a su hijo. ¿No puedes perdonarme? Te prometo que a partir de ahora, estaré con él siempre.
Anaís contempló aquel patético melodrama y, sorpresivamente, soltó una risa amarga. Al final resultaba que ella era la villana de la historia.
Miró a Lucía con evidente sarcasmo. -¿Qué pasó? ¿Ya se te quitaron las ganas de estar con Efraín?
Lucía se sonrojó violentamente, pero recuperó su compostura con asombrosa rapidez.
-El señor Lobos y yo somos de mundos diferentes. Mientras pasaba tiempo con Raúl, me fui enamorando de él, y ahora estoy decidida a tener este bebé.
Anaís inspiró profundamente, recordando al difunto Héctor, y finalmente se inclinó lentamente hasta quedar frente a frente con Raúl.
-Piénsalo bien, Raúl. Te mantengo aquí por tu propio bien. Lucía y yo ya teníamos problemas desde antes. Ella se acercó a ti, quedó embarazada a propósito, te alteró emocionalmente a propósito, todo para usarte contra mí. Tener este bebé solo traerá más problemas en el futuro. ¿De verdad quieres estar con una mujer tan calculadora? Su relación comenzó con una manipulación.
Raúl abrió la boca, pero las palabras se negaron a salir.
Lucía, temiendo que surgieran dudas en él, rápidamente se acercó arrastrándose y le sujetó la mano con fuerza.
-Raúl, tú tienes miedo de que Anaís te abandone, y yo tengo miedo de que tú me dejes. Entiendes ese sentimiento, ¿verdad? Además, estoy embarazada. De verdad estoy emocionada por la llegada de esta vida.
20:12