Capítulo 414
El doctor tenía razón. Con esos problemas mentales que padecía, no debería permanecer solo en aquel lugar sombrío. Z guardó silencio mientras parecía considerar la propuesta. Anaís comprendió entonces que no podía forzarlo a tomar una decisión que él no deseaba.
Respiró hondo antes de ceder.
-Está bien, si no quieres mudarte no voy a obligarte. Intentaré venir más seguido cuando tenga tiempo, pero prométeme que si te enfermas vas a tomar tus medicamentos. No te hagas el valiente.
El silencio se extendió por casi un minuto al otro lado de la línea. Anaís estaba a punto de terminar la llamada cuando finalmente respondió.
-Pero me gusta verte preocupada por mí.
Le fascinaba contemplar esa expresión de impotencia en su rostro. Con solo imaginarlo, sentía que su corazón palpitaba desbocado en su pecho.
Anaís desconocía qué clase de inclinación perversa era aquella, y soltó una risa cargada de ironía.
-¿Te gusta verme angustiada? ¿Eso te hace sentir bien?
-Sí, Anaís -respondió él, con un tono apenas audible-. Me encanta que te preocupes así por mí.
Anaís apretó los dientes, desconcertada ante la confesión. ¿Cómo había desarrollado semejante personalidad? De repente, dejó escapar una risa mientras se llevaba la mano a la frente.
-De acuerdo. Si te enfermas, recuérdame llamarte para que tomes tus medicinas, ¿ok? Ya cedí bastante, no abuses.
Su tono cambió instantáneamente, volviéndose más alegre, como si incluso su ánimo se nubiera elevado con aquella pequeña victoria.
-Bueno.
Tras colgar, Anaís se desplomó sobre la cama. No había descansado ni una hora cuando su celular volvió a sonar. Era el vigilante.
-Señorita Villagra, llevamos a Lucía al hospital. El señor Villagra sigue en la habitación, sentado sin moverse.
Raúl realmente quería ver el estado de Lucía, pero temía enojar más a Anaís, así que permanecía inmóvil junto a la cama, paralizado por la indecisión.
Anaís sintió que su dolor de cabeza intensificaba.
-¿Cómo se ve?
1/2
-Atordido, como si no hubiera vida en sus ojos.
Anais conocía la importancia que ella representaba para Raul. Cuando toda la familia Villagra la detestaba, Raul afirmaba odiarla, pero sus acciones siempre contradecían sus palabras. Verdaderamente no sabia cómo manejar esta situación. Permaneció reflexionando varios minutos antes de responder.
-Dejeolo asi por ahora, necesito estar tranquila un rato.
Después de terminar la llamada, el sueño la abandonó por completo. Se levantó dirigiéndose a la sala, consumida por la irritación.
Mientras tanto, cuando Lucia despertó en el hospital, llamó inmediatamente a Fabiana. El desmayo había sido real, y al recobrar la consciencia, temió haber perdido al bebé. Al confirmar que aún lo conservaba, quiso consultar con Fabiana sobre sus próximos pasos.
Fabiana respondió con rapidez, su mirada reflejando una frialdad calculadora.
-Si quieres conservar a este bebé, ve a buscar a Victoria. Está retirada, te daré su dirección. Desde que Héctor falleció, ha estado deprimida, pero cuando sepa que la familia Villagra tendrà un nuevo integrante, seguro se alegrará, especialmente porque quiere mucho a Raúl.
Lucia abrió los ojos con sorpresa, dudando de aquella estrategia.
-¿Victoria puede detener a Anais?
Fabiana esbozó una sonrisa maliciosa mientras tomaba un sorbo de agua.
-Siempre le ha tenido miedo a Anaís. Si logras que te apoye, la empresa de los Villagra quedarà en manos de Raúl, y tú, como su pareja, serás quien más gane. Hasta podrían expulsar a Anais de la familia.
Lucia no pudo contener su impaciencia. Salió inmediatamente del hospital para buscar a Victoria, asombrada por la astucia de Fabiana, quien había calculado cada detalle con precisión.