Despertar del Olvido 46

Despertar del Olvido 46

Capítulo 46 

Inés sentía que el mundo se cerraba a su alrededor, mientras una opresión insoportable le atenazaba la garganta

En medio de aquel infierno de acusaciones, Anaís mantuvo la compostura. Con movimientos deliberadamente pausados, abrió la puerta del automóvil y se deslizó en el asiento

-Inés, subesu voz surgió serena, casi musical

Con los ojos arrasados en lágrimas, Inés obedeció. Los fruticultores agitaban sus escobas en el aire como estandartes de una victoria imaginaria, celebrando haber ahuyentado lo que en su ignorancia consideraban una amenaza

El reflejo en el espejo retrovisor era una pintura grotesca que provocó en Inés una arcada de repugnancia. Las lágrimas, finalmente, vencieron su resistencia

El conductor, un hombre curtido por los años que había permanecido despierto toda la noche, dejaba escapar sollozos silenciosos mientras conducía. La injusticia de la situación era como un puñal retorciéndose en las entrañas: entregar el corazón entero solo para verlo pisoteado, y encima cargar con culpas ajenas

Junto a la ventanilla, Anaís contemplaba el paisaje que se desdibujaba velozmente. Los sollozos de sus acompañantes resonaban en el interior del vehículo como una letanía de impotencia

-Ya no lloren más -murmuró

Entre hipidos entrecortados, Inés intentaba secarse las lágrimas con un pañuelo arrugado

-Es que me siento fatal. Jamás en mi vida me habían humillado así. Esa Bárbara es una víbora -la voz de Inés temblaba de indignación-. Anaís, ¿siempre es así en la familia Villagra? Todos la apoyan sin cuestionamientos. Ahora entiendo por qué te tienen esa imagen 

tan terrible

Anaís permaneció en silencio, sopesando la respuesta. Era cierto que en la familia Villagra la trataban así, aunque debía admitir que su propia tendencia a la complacencia había contribuido a esta situación

Cerró los ojos, agotada. Un suave tirón en su manga la devolvió a la realidad

-Tu rodilla está muy inflamada -la voz congestionada de Inés denotaba preocupación-. ¿Te 

duele mucho

-No es para tanto -respondió Anaís con suavidad-. Ya no llores más, siempre hay soluciones. Cuando regresemos al hostal, pensaré en algo. Al final, todos los problemas tienen 

salida

Inés dejó escapar unos últimos sollozos antes de recuperar la calma

Al llegar al hostal, Anaís se obligó a tomar una ducha, permitiendo que el agua caliente lavara 

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Capítulo 46 

no solo el aroma a lluvia de su piel, sino también parte del agotamiento que la invadía

La herida en su rodilla, sin embargo, presentaba un aspecto más alarmante. Estaba considerando preguntar en recepción por un botiquín cuando unos golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos

Al abrir, se encontró frente a una figura ataviada con una bata blanca

-Señorita Villagra, el presidente Lobos me envió para examinar su pierna

¿Efraín?La pregunta resonó en su mente. No lo había visto desde la noche anterior. ¿Cómo se había enterado de su lesión

Su mirada se desvió hacia la puerta opuesta, pero estaba cerrada y no había rastro de él

Regresó cojeando hasta la cama. El médico desplegó un amplio botiquín y, tras colocarse los guantes, comenzó a atender la herida

La extracción de las pequeñas piedras incrustadas en la carne provocó que el rostro de Anaís perdiera todo color

Solo cuando el médico terminó, sus cejas se relajaron levemente. Gruesas gotas de sudor perlaban su frente

El médico extrajo un frasco de pastillas

-Tómeselas, tiene fiebre

-Gracias

Apenas había despedido al médico y tomado la medicina cuando la puerta se abrió nuevamente. Efraín entró en su silla de ruedas, su rostro impasible

Maniobró hacia el interior y cerró la puerta tras de

Anaís replegó sus piernas sobre la cama. A pesar del dolor persistente, podía moverse sin mayor dificultad

Efraín se acercó, le sirvió un vaso de agua y examinó su rodilla con atención

-¿Te sientes maltratada

La pregunta tomó a Anaís por sorpresa. No lo había considerado desde esa perspectiva, pero las palabras de consuelo tienen el poder de derribar las murallas más sólidas

Efraín le ofreció el vaso

-Aunque el Proyecto Manzana Compartida fracase, el Grupo Lobos aún puede obtener la licitación turística

Era un intento transparente de aligerar su carga emocional

Anaís rechazó el vaso. Sentada al borde de la cama, sus uñas se hundieron en las palmas de sus manos, el dolor físico actuando como distracción del tormento emocional

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Capitulo 46 

Levantó la mirada, su voz vibrando con determinación

-Todavía no he perdido. Tengo otras estrategias por implementar

Efraín observó la chispa de resolución en sus ojos, sus dedos tensándose imperceptiblemente

Sostenía el vaso con más fuerza mientras contemplaba a Anaís

La mirada de ella resplandecía como una antorcha en la oscuridad, intensa y magnética. Quizás ni ella misma era consciente del poder de su propia presencia en ese momento

Efraín desvió la mirada y bebió un sorbo de agua

-Haz lo que consideres necesario

Una sonrisa tenue se dibujó en los labios de Anaís

-No se preocupe, presidente Lobos, esto no afectará la reputación de la empresa

Pero él ya se había dado la vuelta, su postura denotando una firmeza inquebrantable

-No es eso lo que me preocupa

Sin embargo, aquello que verdaderamente le inquietaba permanecería como un secreto guardado en lo más profundo de su ser

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