Capítulo 48
El vestíbulo de la posada resplandecía bajo la luz dorada del atardecer. Bárbara destacaba en el centro de la escena, ataviada con un conjunto que gritaba opulencia en cada detalle. Su bolso de diseñador, una pieza exclusiva valorada en doscientos mil pesos, colgaba con estudiada casualidad de su muñeca. A su alrededor, como satélites en órbita, se arremolinaban varios de los técnicos más prestigiosos del Grupo Villagra, todos rondando los treinta y cinco años, sus miradas cargadas de una admiración que iba más allá del respeto profesional.
Al detectar la presencia de Anaís, Bárbara compuso una sonrisa que brillaba con falsa dulzura.
-Hermana, ¿tú también te estás hospedando aquí?
Los técnicos, reconociendo a Anaís de la transmisión en vivo, intercambiaron miradas cargadas de desprecio. Uno de ellos, con voz impregnada de sarcasmo, no tardó en atacar.
-¿Viene de vacaciones? ¿Y esos veinte mil pedidos pendientes qué?
-Hay quienes no dan una, muy diferente a la señorita Bárbara -intervino otro-. Tan joven y ya tiene varios proyectos millonarios bajo el brazo.
-Si no fuera por esa transmisión en vivo, ni nos enteramos de que era la hija mayor de los Villagra.
Las risas maliciosas resonaron por el vestíbulo como el zumbido de avispas irritadas.
-Por favor, no sigan -Bárbara alzó una mano en gesto conciliador-. Son empleados de la empresa, mi hermana también es su superior.
-¿Superior? -cuestionó uno con marcada ironía-. ¿Acaso tiene acciones en el Grupo Villagra? Bárbara guardó un silencio calculado antes de responder con fingida diplomacia:
-Mamá y papá se las darán eventualmente.
-Entonces, ¿qué clase de superior viene siendo?
Nueva oleada de risas burlonas.
-Hermana Bárbara se dirigió a Anaís con falsa preocupación-, ya sabes cómo son los técnicos, siempre tan directos. Espero no te moleste.
Los técnicos representaban los cimientos de cualquier empresa. Se mantenían al las pugnas por el poder, pero su influencia era innegable. Contar con su lealtad significaba fortalecer la posición de cualquier líder. Y Bárbara, incluso en un proyecto modesto como el de asistencia agrícola, había logrado ganarse su devoción incondicional.
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de
El Grupo Villagra albergaba muchos más técnicos que los presentes, y resultaba evidente que la reputación de Bárbara se extendía por toda la compañía como una red bien tejida.
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Capitulo 48
Anaís intentó retirarse, evitando prolongar una discusión sin sentido, pero los técnicos, heridos en su orgullo, no estaban dispuestos a dejarla marchar tan fácilmente.
-Señorita Anaís, ¿qué significa esta actitud? ¿Nos considera inferiores?
Anaís se detuvo. Su mirada destelló con un hastío apenas contenido.
-¿Y si así fuera? Un grupo de hombres adultos atacando a una chica, ¿de verdad se sienten orgullosos? Los miman tanto en la empresa que ya perdieron la perspectiva de su valor real. No tengo ningún conflicto con ustedes. Para mí son solo un montón de hombres mediocres y presuntuosos. ¿Por qué debería mostrarles respeto?
Las palabras “mediocres” y “presuntuosos” encendieron la mecha de su indignación.
-¡Oye! ¡Tu padre nos trata con respeto! ¿Quién te has creído?
-Si Héctor los respeta tanto, me pregunto qué pensaría al ver cómo adulan a su hija, considerando que él aún no deja su puesto.
Los rostros de los hombres oscilaban entre la rabia y la vergüenza. Su amabilidad hacia Bárbara tenía tres pilares: su belleza, su linaje Villagra, y sus capacidades profesionales. A su edad, todos tenían esposas dedicadas al hogar, pero una debilidad muy humana los hacía gravitar hacia la presencia de mujeres jóvenes y atractivas como Bárbara. Su cortesía nacía de ese impulso básico.
Pero Anaís había puesto al descubierto su verdadera naturaleza, exponiendo la podredumbre que se ocultaba bajo el barniz de la civilidad.
Anaís esbozó una sonrisa sarcástica y se dispuso a marcharse, solo para toparse con Roberto, que acababa de entrar al vestíbulo.
Su rostro ensombrecido revelaba que había escuchado cada palabra.
-Anaís, pensé que tus comentarios en internet fueron un simple error, pero veo que también andas esparciendo rumores sobre la vida privada de Barbi en persona. ¿Qué pretendes insinuar? ¿Que Barbi engaña a esta gente? ¿Qué te pasa? ¡Es tu hermana! ¿Cómo puedes inventar semejantes calumnias sobre ella?
-¿En qué momento sugerí que Bárbara no fuera honesta con ellos? Solo señalé la ambigüedad en su actitud hacia ella. Son dos cosas completamente distintas.
Pero Roberto parecía tener un don especial para malinterpretar sus palabras.
Sin más, Anaís se dirigió hacia la puerta del auto. Los pedidos de más de veinte mil pesos no podían esperar.
Roberto la sujetó del brazo con brusquedad, su indignación palpable en cada palabra.
-Primero bloqueas mi número, y luego persigues a Barbi hasta Las Colinas solo para desacreditarla en vivo. ¿Has visto las atrocidades que dicen de ella en internet? Con razón hasta tu propio hermano, con quien creciste, está del lado de Barbi. Con una hermana como tú, ¿cómo no va a avergonzarse en público?
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La mención de Raúl atravesó el corazón de Anaís como una espina envenenada.
Tantos años compartidos con su hermano, mientras que Bárbara apenas llevaba cinco años en la familia Villagra.
“¿Por qué eligió a Bárbara sobre mí?”
Se repetía una y otra vez que no le afectaba.
Pero el corazón humano, vulnerable y traicionero, se negaba a creer sus propias mentiras.
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