Capítulo 70
La atención de Anaís seguía clavada en la pantalla de su celular. En un abrir y cerrar de ojos, Roberto le arrebató el aparato de un manotazo, su furia tan palpable que su pecho se agitaba con violencia.
-¿Qué tanto miras en ese trasto? ¡Te estoy hablando, ¿acaso estás sorda?! ¡Alguien está tratando de aprovecharse de mí!
El rostro de Anaís se contrajo en una mueca de incomodidad mientras extendía la mano.
-Devuélveme el celular.
La frialdad de su actitud caló hondo en Roberto, quien sintió una punzada de angustia. Era como si él fuera quien ahora buscaba su atención.
¿No había sido siempre Anaís quien lo perseguía? ¿Por qué ahora no parecía una actuación?
Un escalofrío de duda le recorrió la espina dorsal, pero enseguida recordó que Anaís había estado dispuesta a arrojarse a un río por él. El amor no podía evaporarse tan rápido.
Seguramente estaba fingiendo indiferencia.
Con una sonrisa torcida, levantó el celular en el aire.
-Anaís, debo admitir que esta vez tu juego me ha dejado intrigado. ¿A poco contrataste a alguien para que te ayudara con esta nueva estrategia? Debo decir que te quedó muy bien.
Anaís contuvo una expresión de desprecio. ¿De dónde sacaba este tipo tanta seguridad en sí
mismo?
Con un movimiento rápido y ágil, recuperó su celular de entre los dedos de Roberto.
Un grupo de mujeres observaba la escena entre Anaís y Roberto con la mirada fija, convencidas de que Anaís había llegado ahí gracias a sus contactos.
La mujer que había intentado seducir a Roberto torció el gesto en señal de desdén.
-De verdad no entiendo qué le vio.
A su lado, Fátima soltó una risotada sarcástica.
-¿Y qué le va a ver? Anaís solo tiene el privilegio de pertenecer a una familia de cierto estatus. Además, como creció junto al presidente Lobos, todas las oportunidades le caen del cielo. De lo contrario, no tendría ni una oportunidad. Ahora que el presidente Lobos ha conocido a más mujeres, es natural que ya se haya aburrido de ella.
Fátima terminó su comentario y salió del salón.
Afuera, se encontró con un líder de otra empresa con el que había trabajado con anterioridad. El hombre había visto entrar a Anaís y quedó prendado de su belleza, lo que lo había mantenido dando vueltas por el lugar.
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Capitulo 70
-Fátima, ¿quién era esa chica de jeans y blusa blanca? ¡Es guapísima! ¿Es nueva en el departamento?
Fátima lo conocía bien; era uno de esos que siempre andaban tras las mujeres bonitas, solo para desecharlas después.
Con un brillo de desprecio en los ojos, respondió:
-Ah, sí, es nueva en el departamento. Viene de una familia humilde, no creo que sea difícil convencerla con un poco de dinero. Ahorita mismo le marco para que salga.
El rostro del hombre se iluminó de inmediato ante la imagen de las piernas esbeltas de Anaís, sintiendo el calor subirle por el cuerpo.
-¡Excelente! La espero junto a los baños del fondo, mándala para allá.
Fátima regresó al salón y golpeó la mesa donde estaba Anaís.
-Hay dos encargados del proyecto de apoyo al campo afuera que quieren hacerte unas preguntas. Sal, y dobla a la derecha, es el tercer salón.
Era un asunto de trabajo, así que Anaís no podía negarse, y se levantó para salir.
Para llegar al tercer salón, tenía que pasar por el baño.
Apenas llegó a la mitad del pasillo, unas manos la sujetaron, y un hombre con aliento a alcohol la abrazó con fuerza.
-Al fin llegas, ya me tenías esperando. Ven, dame un beso y te pago lo que quieras.
Anaís reaccionó de inmediato, golpeándolo con su bolso.
El hombre retrocedió, enfurecido, tocándose la herida en la frente.
Con rabia, agarró el cabello de Anaís y la estrelló contra la pared.
-¿Te haces la santita? ¿No que todo se arregla con dinero?
-¡Suéltame!
La voz de Anaís parecía haberlo provocado aún más. Pensaba que Anaís se acostaba con cualquiera, menos con él.
Agarró un florero cercano y lo estrelló contra su cabeza. Si hubiera estado sobrio, jamás habría hecho tal cosa, pero el poco alcohol que había bebido le daba una falsa sensación de invulnerabilidad.
Con el impacto del florero, la vista de Anaís se nubló, y sintió un calor húmedo deslizándose por su frente.
El hombre comenzó a maldecir.
-Si no te pones en paz, no vas a ver la luz del sol. Fátima debió advertirme que serías tan difícil.
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Capítulo 70
La sangre había empezado a sembrar la duda en su interior.
Pensó en todas las mujeres que podía tener con un poco de dinero. ¿Por qué tenía que toparse con una tan rebelde? No tenía idea de cómo arreglar aquella situación.
Anaís se desplomó lentamente sobre el suelo, aferrándose a un delgado hilo de consciencia.
El hombre estaba frustrado; había llegado tan lejos y, si al final nada sucedía, todo sería en vano. De cualquier manera, al final tendría que pagar. Con una actitud repugnante, sus manos comenzaron a desabrochar la ropa de Anaís.
-No te preocupes, serán solo diez minutos. Apenas quiero probar tu sabor -dijo con desprecio.