Capítulo 73
Aquellas tres palabras quedaron suspendidas en el aire, resonando en los oídos de Anaís como un eco lejano. Un rubor intenso teñía sus mejillas mientras el pesado silencio de la habitación solo era interrumpido por el suave murmullo de sus respiraciones.
pero
La presencia de Efraín invadía cada rincón del espacio, emanando un magnetismo sutil innegable. Aunque apenas lo conocía, Anaís no podía ignorar el aura cautivadora que desprendía, esa mezcla única de poder y misterio que atraía todas las miradas. Con un movimiento apresurado, se levantó del taburete, sintiendo que el corazón le latía con fuerza contra el pecho.
-Presidente Lobos, me retiro -murmuró, dirigiéndose hacia la puerta con pasos vacilantes.
-Dejaré que Lucas te lleve de regreso -la voz de Efraín la detuvo, profunda y serena.
-Gracias -respondió ella, agradeciendo la oportunidad de escapar de aquella atmósfera tan cargada de tensión.
Durante el trayecto en el automóvil, Anaís se sumió en sus pensamientos, cada vez más consciente de la mirada penetrante que Lucas le dirigía a través del espejo retrovisor. El chofer mantenía un silencio pesado, pero sus ojos transmitían un mensaje claro de desaprobación y
recelo.
Al llegar a su destino, Anaís reunió el valor para confrontarlo.
-Martínez, ¿me desprecias? -preguntó directamente.
Los dedos de Lucas permanecieron inmóviles sobre el volante mientras respondía con voz
monocorde.
-Aún no logro descifrar las intenciones de la señorita Villagra en esta ocasión, pero le sugiero que sea prudente. El presidente puede ser indulgente una vez, pero no necesariamente dos. Su temperamento no es precisamente apacible.
El mensaje entre líneas era transparente: un paso en falso podría ser el último. La advertencia sorprendió a Anaís; en su experiencia, Efraín distaba mucho de ser el hombre despiadado que Lucas describía.
Al abrir la puerta del vehículo, la voz del chofer la alcanzó una vez más.
-Señorita Villagra, hablo con absoluta seriedad. Hay personas que, una vez pierden el control, son imparables.
Anaís esbozó una sonrisa ligera, interpretando sus palabras como una advertencia para mantener distancia con Efraín.
-Lo tendré presente -respondió con suavidad.
Lucas observó su expresión despreocupada, consciente de que sus palabras no habían calado hondo. El tiempo se encargaría de demostrarle la verdad de su advertencia.
་
De vuelta en la villa, Lucas encontró a Efraín en su estudio, rodeado por la elegante sobriedad del ambiente. El presidente permanecía absorto en su lectura, apenas levantando la mirada de las páginas.
-¿La llevaste a casa? -preguntó con voz pausada.
-Sí.
Efraín pasó una página con delicadeza, reclinando el rostro sobre su mano mientras el silencio se extendía entre ambos.
Lucas aguardó un momento antes de plantear su siguiente pregunta.
-¿Deberíamos ocuparnos de Fátima?
Las pestañas de Efraín temblaron casi imperceptiblemente.
-No respondió con tono cortante.
Después de años trabajando juntos, Lucas seguía sin comprender del todo a su jefe. Afirmaba que Anaís le era indiferente, a pesar de que ella había sido la causa de su discapacidad temporal. Durante dos años había guardado silencio, optando por marcharse al extranjero sin más explicaciones.
Declaraba que le importaba, pero se mantenía al margen de la vida de Anaís, como un observador distante. Solo cuando ella se acercaba, sus ojos traicionaban un destello de
emoción contenida.
…
En otro punto de la ciudad, Fátima intentaba comunicarse insistentemente con el hombre que había intentado dañar a Anaís. Sus llamadas quedaban sin respuesta, alimentando su perversa satisfacción. Aquel individuo solía prolongar el sufrimiento de sus víctimas durante días, y su silencio actual solo podía significar que Anaís había resultado ser una presa especialmente atractiva.
Una sonrisa de triunfo se dibujó en su rostro mientras se dirigía al despacho de Roberto. Su ausencia en la oficina ese día no hacía más que confirmar sus sospechas.
-Presidente Lobos -comenzó con voz fingidamente preocupada-, no sé si debo mencionarlo, pero anoche una amiga vio a Anaís entrar a un hotel con uno de nuestros socios comerciales.
Roberto, quien llevaba tiempo buscando acercarse a Anaís, alzó la cabeza de inmediato.
-¿Estás segura? ¿Con quién? -su voz traicionaba un interés apenas contenido.
-Con Felipe López, del Grupo Lobos.
Los dedos de Roberto se crisparon alrededor de su pluma. La reputación de Felipe era bien conocida: drogaba a sus víctimas para después chantajearlas con fotografías y videos comprometedores. Sus recursos económicos le permitían sortear cualquier obstáculo legal, y
10-333
Capitulo 73
cuando el dinero no bastaba, sus tácticas llevaban a sus víctimas a la desesperación.
Roberto inspiró profundamente, mientras su rostro adquiría un matiz sombrío.
-Todos conocemos la naturaleza de Felipe – continuó Fátima, alimentando su inquietud-. ¿Cómo pudo Anaís involucrarse con alguien así? Siendo tu prometida; si esto llega a saberse…
10:22