Despertar del Olvido 75

Despertar del Olvido 75

Capítulo 75 

El terror se apoderó de Felipe en un instante, su piel adquiriendo la palidez enfermiza del papel. Sus extremidades comenzaron a temblar incontrolablemente mientras la realidad de su 

situación lo golpeaba con brutal claridad

-Presidente Lobos, vine con buena intención a advertirle sobre Anaís, solo quería que tuviera cuidado con ella. ¿Por qué me hace esto

Un destello metálico atravesó el aire. El grito que brotó de la garganta de Felipe resonó contra las paredes mientras su cuerpo se convulsionaba por el dolor lacerante que explotó desde su mano mutilada. Sus dedos, ahora separados de su cuerpo, yacían sobre el suelo en un charco 

escarlata que comenzaba a expandirse

Efraín depositó con delicadeza su taza sobre la mesa. Sus ojos oscuros brillaron con un destello inquietante mientras observaba el sufrimiento de su víctima

-Cuéntame más sobre ella

La comprensión golpeó a Felipe como una bofetada: Efraín estaba defendiendo a Anaís. Todo había sido diferente a lo que Roberto le aseguró. El pánico se apoderó de cada fibra de su ser 

mientras la verdad de su error se revelaba con brutal claridad

Sus labios, ahora casi transparentes, temblaron intentando formar palabras que aplacaran la furia de aquel demonio. El sonido metálico del arma siendo amartillada lo interrumpió

resonando en la habitación como una sentencia de muerte

Un charco amarillento se formó bajo sus pies mientras el sudor empapaba su rostro, mezclándose con las lágrimas que comenzaban a brotar

-Presidente Lobos, todo fue un error, un malentendido -suplicó con voz entrecortada-. Las fotosyo las manipulé. Nunca toqué a Anaís. Fue Fátima quien me convenció, y RobertoRoberto tampoco es quien aparenta ser

Cuatro detonaciones cortaron el aire en rápida sucesión. Las balas perforaron sus piernas con precisión quirúrgica. El dolor arrancó hasta la capacidad de gritar de Felipe, dejando solo espasmos silenciosos que sacudían su cuerpo torturado

Efraín se desplazaba con una calma perturbadora que solo intensificaba el horror del momento. Cada movimiento suyo estaba calculado para maximizar el impacto psicológico en su víctima

-Continúa. Quiero escucharlo todo su voz aterciopelada contrastaba con la brutalidad de sus 

acciones

Felipe apenas logró emitir un gemido lastimero. Sus extremidades se sacudían sin control mientras el charco bajo él se expandía, mezclando sangre y otros fluidos en un testimonio grotesco de su terror

Tal como Roberto había advertido, Efraín mantenía una serenidad escalofriante, pero esa 

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Capitulo 75 

misma calma lo convertía en una figura más aterradora que cualquier manifestación de ira descontrolada

Las detonaciones continuaron hasta que el cargador se vació por completo. Una diminuta gota carmesí salpicó la mejilla de Efraín. Sus pestañas se agitaron suavemente mientras limpiaba la mancha con un movimiento preciso y delicado

El cuerpo de Felipe yacía inmóvil, convertido en una masa inerte que manchaba el suelo con su 

sangre. 

Efraín entregó el arma con un gesto elegante y maniobró su silla de ruedas hacia la salida. Apenas cruzó el umbral, la voz de Fausto lo alcanzó, resonando en el pasillo con un tono 

burlón

-Doce disparos no son tu límite, ¿verdad? Es el límite del arma -observó con perspicacia

Fausto, recargado contra la pared con los brazos cruzados sobre el pecho, lucía su característica vestimenta reveladora. Su presencia añadía un elemento de sensualidad calculada a la macabra escena

Mientras Efraín avanzaba por el corredor, Fausto lo siguió,,susurrando con una mezcla de admiración y reproche

-Ayer actuaste precipitadamente. ¿Sabes cuánto me tomó borrar los registros de seguridad? Todos están pendientes de tus piernas, creen que quedaste incapacitado permanentemente. Y frente a ella no te ocultas¿no temes que lo revele

La filtración de ese secreto desataría un caos monumental en los círculos más altos de San 

Fernando del Sol. Las implicaciones serían devastadoras para todos los involucrados

Pero Anaís ignoraba que Efraín ya le había confiado su secreto más valioso, una muestra de confianza que la colocaba en una posición única y peligrosa

Con movimientos precisos, Efraín extrajo un pañuelo impoluto para limpiar sus dedos. Su expresión permanecía inescrutable mientras descartaba la tela manchada en un contenedor 

cercano

-Me pregunto si lo hará -murmuró con un tono que mezclaba curiosidad y amenaza velada

Fausto arqueó una ceja y dejó escapar una risa breve que resonó en el corredor vacío

El silencio se instaló entre ambos, pesado con implicaciones no dichas

En su habitación, un escalofrío recorrió la espalda de Anaís, como si su cuerpo presintiera los eventos que se desarrollaban lejos de ella. Un temblor involuntario la sacudió mientras interrogaba a Inés sobre Fátima, buscando información que pudiera usar en su beneficio

Desde su regreso de Las Colinas, Inés no cesaba de elogiar a Anaís, aunque muchos se burlaban, incrédulos ante sus palabras. Su lealtad hacia Anaís se había fortalecido tras los eventos recientes, convirtiéndola en una aliada invaluable

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Capitulo 75 

Ahora, con la oportunidad de ayudar a Anaís, respondió sin dudar, sus palabras cargadas de malicia

-Por supuesto que conozco a Fátima. Tiene novio, pero esconde un secreto jugoso: un hijo del que su pareja no sabe nada. La familia de él tiene dinero, bastante diría yo. Una vez vino a recogerla a la oficina en un carro que ni te imaginas

Inés había visto al hijo de Fátima por casualidad en una tienda. A sus nueve años, el niño ya mostraba conductas preocupantes: había intentado robar en un centro comercial y acosado a una niña, recibiendo una bofetada como consecuencia de sus acciones depravadas

A tan corta edad y ya muestra esa maldad, pensó Inés con desprecio. Sin duda, herencia de su padre“. 

Anaís esbozó una sonrisa calculadora, sus ojos brillando con malicia contenida. Ya sabía exactamente cómo enfrentar a Fátima, cómo usar esta información para destruir sus aspiraciones

Esa noche, mientras Fátima se dirigía al restaurante para encontrarse con su novio, sus pensamientos divagaban entre sueños de un futuro próspero y temores ocultos. A pesar de presumir independencia, anhelaba desesperadamente la estabilidad de un hogar y dependía emocionalmente de los hombres que entraban en su vida. Un engaño a los diecinueve años la dejó embarazada, un secreto que guardaba celosamente como una herida que nunca sanaba

Llevaba medio año en su relación actual y planeaba ocultar la existencia de su hijo hasta que el matrimonio y un nuevo embarazo volvieran la situación irreversible. Solo entonces, cuando su posición estuviera asegurada, revelaría la verdad sobre el niño que consideraba una carga

Durante sus citas, dejaba al niño en el restaurante contiguo, como un objeto incómodo del que no podía deshacerse completamente. Su desprecio hacia él era evidente en cada gesto, en cada palabra no dicha; lo consideraba una carga económica y emocional que amenazaba con destruir sus planes de ascenso social. Si no fuera por el temor a las consecuencias legales, se habría deshecho de él hace tiempo

La relación entre madre e hijo era tensa, marcada por el resentimiento y la manipulación mutua. El pequeño, que parecía haber heredado la astucia retorcida de su padre, había aprendido a manipular a quienes le proporcionaban dinero, manteniendo una aparente calma en su dinámica familiar que ocultaba una oscuridad más profunda

Mientras el niño permanecía solo en el restaurante vecino, una mujer se aproximó con paso seguro y tomó asiento junto a él. Su primer impulso fue arrojarle el agua hirviendo que tenía enfrente, movido por un retorcido placer de causar dolor a otros que ya se había convertido en parte integral de su naturaleza

Antes de que pudiera actuar, la mujer le dedicó una sonrisa enigmática que lo detuvo en seco

-Tu madre oculta tu existencia de su novio. Cuando se case y tenga otro hijo, planea 

deshacerse de ti

El niño se levantó bruscamente, su rostro contorsionado por una rabia que superaba con creces 

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Capítulo 75 

lo que se esperaría de alguien de su edad

-¡¿Qué diablos dices?! ¡Maldita zorra, te voy a matar! -sus palabras destilaban el veneno que había aprendido de escuchar a su madre insultar a otras mujeres. 

Anaís mantuvo su sonrisa serena, imperturbable ante la violencia verbal del pequeño. Sus ojos brillaban con un conocimiento superior mientras pronunciaba sus siguientes palabras

-Si no me crees, pregúntaselo mismo

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