Capítulo 77
La presencia de Anaís irradiaba una tranquilidad inquietante mientras se aproximaba con pasos medidos, como una depredadora que sabe que tiene acorralada a su presa. Su voz emergía con una suavidad engañosa, cada palabra cargada de intención.
-Fátima, hagamos un trato. Si tú no me buscas, yo tampoco te buscaré una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios-. Pero cuando mandaste a Felipe tras de mí, debiste anticipar que este momento llegaría. ¿Dices que no me dejarás en paz? Para eso necesitarías tener un trabajo primero. Dime, ¿qué empresa te contratará después de esto? Y por lo que sé, tienes bastantes deudas pendientes, ¿o me equivoco?
El color abandonó el rostro de Fátima como si le hubieran extraído toda la sangre de golpe. La realidad la golpeó como una avalancha: había hipotecado su futuro por conquistar a un hombre adinerado, comprando un auto que no podía permitirse. La mensualidad de cuarenta mil pesos pesaba ahora como una losa sobre sus hombros. La perspectiva de perder su empleo era una pesadilla que comenzaba a materializarse.
-¡Te voy a matar, Anaís!
Fátima se abalanzó sobre ella con la furia de una bestia herida. En un movimiento fluido y preciso, Anaís levantó la mano y le propinó una bofetada que resonó en el aire como un latigazo.
El impacto dejó a Fátima paralizada, su mano temblorosa cubriendo la mejilla ardiente. La incredulidad se mezclaba con la humillación en su mirada.
“¿Cómo se atrevió a ponerme una mano encima?”
Anaís se masajeó la muñeca con delicadeza, su expresión tan serena como la superficie de un lago en calma.
-Ya veo que sigues sin entender tus errores. No tiene caso seguir esta conversación. Que tengas una buena vida.
-¡Anaís! ¡Anaís! -la voz de Fátima vibraba con una mezcla de rabia y desesperación, sus ojos inyectados en sangre.
Los empleados del departamento, testigos silenciosos de la confrontación, mantenían la mirada clavada en sus escritorios. La revelación los había sacudido: Anaís no era la simple seguidora de Roberto que todos habían asumido. Con un solo movimiento calculado, había destruido la carrera profesional de Fátima. Su presencia proyectaba una autoridad que ninguno había anticipado.
La atmósfera en la oficina experimentó una transformación radical. Los grupos de chat, antes llenos de murmuraciones sobre ella, quedaron sumidos en un silencio sepulcral. Nadie se atrevía a pronunciar una sola palabra en su contra.
Anaís observaba el cambio con satisfacción contenida. No necesitaba la aprobación de sus compañeros ni pretendía forzar una falsa camaradería. La paz que emanaba de esta distancia
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Capítulo 77
le resultaba reconfortante.
La partida de Fátima creó un vacío en la posición de gerente que despertó la ambición en el departamento. Anaís, con apenas dos semanas en la empresa, se mantenía al margen de estas aspiraciones. Sin embargo, Roberto, en un acto deliberado de provocación, le otorgó el cargo al día siguiente.
“Un gerente con dos semanas de antigüedad“, pensó Anaís. “La perfecta receta para cultivar resentimientos“.
Determinada a confrontar a Roberto, Anaís llegó temprano a la oficina, solo para descubrir su ausencia. Sus compañeros, aunque descontentos con su promoción, guardaban un silencio prudente, conscientes de sus conexiones.
Con un suspiro de resignación, Anaís eliminó a Roberto de su lista de números bloqueados y marcó su número.
-¿Dónde estás?
La satisfacción en la voz de Roberto era palpable.
-Vaya, pero si es Anaís. ¡Qué sorpresa que me hayas sacado de la lista negra!
La frustración comenzó a palpitar en las sienes de Anaís.
-Roberto, ¿te parece divertido todo esto?
-Por supuesto. Especialmente verte buscándome con la cola entre las patas.
Su arrogancia resultaba cada vez más insoportable. Anaís cortó la llamada y se dirigió a la oficina presidencial en el último piso, pero Efraín se encontraba en una reunión.
Lucas, para su sorpresa, la recibió con cordialidad y la invitó a esperar. Dos horas transcurrieron hasta que Efraín apareció.
Sin darle oportunidad de hablar, Efraín maniobró su silla de ruedas junto a ella.
-Puedes trabajar en el departamento del último piso.
La propuesta era tentadora. Aunque antes había evitado ese sector por la intimidante presencia de Efraín, ahora parecía la mejor opción.
-Gracias, presidente Lobos -las palabras brotaron con una formalidad que le pareció excesiva, así que añadió-: ¿Le gustaría acompañarme a cenar?
El arrepentimiento la invadió apenas pronunció la invitación. Su relación con Efraín oscilaba en una zona ambigua que no sabía cómo manejar.
Desde su escritorio, Efraín respondió con, aparente indiferencia.
-No me apetece salir a restaurantes.
-Entonces venga a mi casa -las palabras escaparon de sus labios antes de poder contenerlas-. Le aseguro que cocino bastante bien.
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Capitulo 77
Efraín detuvo su mano en el aire y alzó la mirada. Aunque sus ojos permanecían impasibles, Anaís sintió un calor súbito recorrer su cuerpo bajo esa mirada penetrante.
-Es que yo…
“¡Qué tonta!“, se reprendió mentalmente. Aunque era cierto que cocinaba bien, ¿cómo podía esperar que alguien de su posición aceptara una invitación tan informal?
Antes de poder retractarse, la voz de Efraín la sorprendió.
-¿Tienes algún menú en mente?
“¿Está aceptando?”
-¡Claro! ¿Tiene alguna restricción alimenticia, presidente Lobos?
-No consumo alimentos con sabores intensos.
“Nada de cilantro ni cebolla“, anotó mentalmente.
-¿Cuándo tendría disponibilidad? -preguntó, aliviada.
-Esta noche.
“¿Esta noche?”
La rapidez de la respuesta la desconcertó, pero no podía negarse. Su mente comenzó a elaborar el menú mientras regresaba a su escritorio. La notificación de cambio de departamento renovó su ánimo. Por fin se libraría de Roberto y sus juegos mentales. Definitivamente merecía una celebración.
Compiló una lista de platillos caseros con sabores suaves y se la envió a Efraín. Su respuesta fue concisa:
[Leído.]
Una sonrisa divertida se dibujó en sus labios. “Este hombre tiene un punto de altivez bastante particular“, pensó.
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