Capítulo 79
La pequeña pastilla se deslizó por su garganta mientras la sensación de alivio comenzaba a envolverla. Anaís se dejó caer contra el respaldo del sofá, su cuerpo cediendo al agotamiento como una hoja que finalmente encuentra reposo después de la tormenta. Sus labios se entreabrieron, intentando comunicarle a Efraín que esa noche sería imposible cumplir con la cena planeada, pero el cansancio le robó las palabras.
En medio de su sopor, fragmentos de recuerdos danzaron en su mente como mariposas inquietas. Cada mes era la misma historia: el dolor la doblegaba, obligándola a refugiarse en la soledad de su sofá, contando los minutos hasta que el malestar cediera. Pero esta vez era diferente. Esta vez no estaba sola.
El sudor perlaba su piel como rocío matutino. Una toalla húmeda y refrescante rozó su frente con delicadeza, como una caricia reconfortante. En su vulnerabilidad, Anaís se permitió buscar ese consuelo, sus dedos encontrando la mano que sostenía la toalla, aferrándose a ella como un ancla en medio de la tempestad.
Efraín mantuvo su mano firme, observando cómo la fortaleza habitual de Anaís se disolvía en ese momento de necesidad. Sabía que era un instante precioso y efímero: pronto ella volvería a ser la mujer independiente de siempre. Su palma se abrió suavemente, acunando el rostro de Anaís, quien se recostó contra ella unos momentos antes de soltarla.
Cuando intentó levantarse para ajustar el aire acondicionado, sintió los dedos temblorosos de Anaís rodeando su muñeca. Sus pensamientos parecían perdidos en una bruma confusa, su piel húmeda por el sudor.
-No me iré a ningún lado -murmuró él con suavidad, dando pequeñas palmadas tranquilizadoras en el dorso de su mano.
Solo entonces Anaís aflojó su agarre, permitiendo que el sueño la envolviera como una manta protectora. Efraín se movió por la habitación con movimientos silenciosos, cerrando las ventanas y dejando que apenas un rayo de luz se colara en el ambiente. La temperatura comenzó a descender mientras buscaba una manta para cubrirla.
El sonido de la puerta rompió la quietud del momento. Era Lucas.
-Jefe, la reunión comienza en treinta minutos.
La videoconferencia internacional no podía esperar, aunque Efraín había planeado quedarse a cenar. El tiempo se había escurrido entre sus dedos como agua.
-Trae la laptop y los audífonos -indicó en voz baja.
Lucas permaneció en las cercanías, aguardando nuevas instrucciones.
Durante la reunión, los ejecutivos internacionales notaron algo peculiar en la voz de Efraín: un
susurro controlado, como si intentara no perturbar algo precioso. Nadie se atrevió a pedirle que alzara la voz; en cambio, todos aguzaron el oído con respeto.
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Capitulo 79
Un nuevo golpeteo en la puerta interrumpió la reunión. Esta vez era Roberto, su presencia tan brusca como siempre. Los ejecutivos escucharon el estruendo, pero mantuvieron un silencio
discreto.
-¡Anaís! -la voz de Roberto resonó desde el pasillo-. ¿Con qué derecho cambias de departamento sin consultarme? ¿Te has vuelto loca?
La había ascendido a gerente esperando tenerla bajo su control, pero ella había escapado de sus garras como arena entre los dedos.
-¡Dame una explicación ahora mismo!
Efraín tomó su celular, marcando el número de Roberto.
-Ve a la oficina. Tienes trabajo pendiente.
Roberto se quedó paralizado. Era la primera vez que su primo lo llamaba, y más aún para asuntos laborales. A pesar de que su posición en el Grupo Lobos era un mero regalo familiar, jamás había tenido que hacer horas extra.
-Primo, ¿sabías del cambio de departamento de Anaís?
-Así es. ¿Algo más?
Los labios de Roberto se tensaron.
-No quiero que cambie de departamento. ¿Podrías hacer que regrese?
En la pantalla de la videoconferencia, los ejecutivos captaron un destello de burla en el rostro habitualmente serio de Efraín.
-Si no hay más que discutir, terminaremos esta llamada.
-¡Efraín!
El nuevo golpe en la puerta sacudió el sueño de Anaís.
-¿Qué… qué está pasando? -preguntó con voz adormilada desde el sofá.
Los ejecutivos en la reunión notaron el cambio sutil en el ambiente, como cuando el sol asoma entre las nubes después de la lluvia. ¿Había una mujer junto al presidente? La curiosidad brilló en sus ojos. A esas horas de la noche, no podía tratarse de una simple empleada. ¿Sería acaso
la futura señora Lobos?
-Descansa -susurró Efraín con una suavidad que sorprendió a todos los presentes-. No es
nada.
Anaís volvió a sumergirse en el sueño sin más preguntas,
Cuando despertó en medio de la noche, se encontró en su propia cama, envuelta en ropa limpia
y fresca. Se incorporó de golpe, sus dedos rozando la tela nueva de su camisa, sus ojos examinando los pantalones que ahora vestía.
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Capitulo 79
Los pantalones manchados habían desaparecido.
“¿Efraín?”
El rubor cubrió sus mejillas como un atardecer repentino. ¿Sería posible que él…?
Se apresuró hacia la sala, pero él ya no estaba. Solo encontró un tazón de avena cubierto sobre la mesa, como única evidencia de su presencia.
La sensación de haber sido aseada permanecía en su piel como un eco persistente. Sus pensamientos giraban como un torbellino: si había sido Efraín quien la había ayudado, entonces él la habría visto… La idea hizo que su corazón latiera como un tambor desbocado.
Sus pasos inquietos la llevaron de un lado a otro de la habitación, debatiéndose entre la necesidad de saber y el temor a la respuesta. Las preguntas danzaban en su mente como mariposas nocturnas, pero ninguna encontró el camino hacia sus labios.
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Capitulo 80