Capítulo 85
La mirada de Anaís se deslizó entre Roberto y Aurora, evaluando la situación con calculada indiferencia. Su rostro mantenía una serenidad que contrastaba con la tensión del ambiente.
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-Anaís, antes eras tú quien se encargaba de preparar las bebidas calientes -comentó Aurora con una sonrisa condescendiente-. Siempre has sido muy considerada con Rober.
Roberto exhaló con fastidio y apartó la mirada. Desde que Anaís había despertado del accidente, no habían compartido ni una taza de té. Las comidas juntos, antes un ritual cotidiano, ahora eran solo un recuerdo distante. La idea lo perturbaba más de lo que quería admitir. Nunca antes una discusión entre ellos había durado tanto.
Anaís se levantó con elegante parsimonia y siguió a la empleada hacia la cocina. En cuanto se alejaron lo suficiente, la mujer alzó el mentón con un aire de superioridad que rayaba en lo
ridículo.
-Aquí están las hojas de té que le gustan al señor, y también las de la señorita Bárbara -señaló con un tono pretencioso-. Ya que en la familia Villagra te encargas de estas cosas, prepara todo de una vez. No te preocupes, le diré a la señora que te portaste bien.
Anaís bajó la vista, ocultando una sonrisa sarcástica. Tomó un puñado de hojas de té y las arrojó descuidadamente en las tazas, añadiendo agua del grifo sin molestarse siquiera en calentarla. Repitió el proceso con las tres bebidas y las llevó al salón, ignorando la expresión desconcertada de la empleada.
-Aquí tienen anunció con voz dulce, depositando las tazas en la mesa.
Roberto fue el primero en tomar la suya. La temperatura incorrecta lo desconcertó; el agua estaba fría y las hojas de té flotaban sin disolverse. Miró a Anaís con extrañeza, pero ella permanecía sentada con una expresión angelical que desarmó su inicial molestia. Por una vez, pensó, no había protestado. Bebió un largo trago.
El sabor amargo de las hojas crudas inundó su boca junto con el agua helada. Dejó la taza sobre la mesa y volvió a mirar a Anaís, esta vez con más detenimiento.
Bárbara y Aurora, siguiendo su ejemplo, tomaron sus respectivas tazas. Aurora mantuvo la compostura a pesar de la desagradable sorpresa. Aunque el agua estaba fría, depositó la taza en la mesa sin inmutarse, consciente de la intención tras el gesto de Anaís.
-Roberto, ¿qué te parece la concentración del té? -preguntó Anaís con fingida inocencia.
Antes de que Roberto pudiera responder, Bárbara soltó un chillido agudo. La taza resbaló de sus manos y comenzó a toser teatralmente.
-¿Por qué está fría el agua, hermana? -reclamó entre toses-. Puedes hacer tus berrinches en la casa, pero Aurora está presente. Esto no se hace. Ya me imagino cuando te cases con Rober, ¿quién te va a aguantar? Aunque tengan problemas, no deberías faltarle al respeto a los
mayores.
Capitulo 85
Se apresuró a tomar la taza de Aurora y vertió su contenido en el bote de basura.
-Aurora, Rober, permítanme prepararles algo decente -se ofreció con falsa amabilidad-. Mi hermana debe andar de malas, no le hagan caso.
El rostro de Aurora se suavizó visiblemente.
-No te preocupes, todos tenemos días difíciles -concedió con un gesto desdeñoso-. Anaís simplemente está siendo… ella misma.
Bárbara esbozó una sonrisa triunfal mientras se dirigía a la cocina, pero la voz de Anaís la detuvo en seco.
-Aurora, quiero romper el compromiso con Roberto -declaró Anaís con voz firme. Por eso vine hoy. No estoy satisfecha ni con él ni contigo.
La sonrisa forzada de Aurora se desvaneció al instante. Roberto parpadeó, incrédulo ante lo que acababa de escuchar. Anaís jamás se había atrevido a desafiar así a su futura suegra.
-Anais, ¿te volviste loca? -espetó Roberto, respirando agitadamente-. ¿Te das cuenta de la situación en la que estamos? ¿Qué demonios acabas de decir?
Se puso de pie bruscamente, su cuerpo emanando una mezcla de ansiedad y furia contenida. No sabía si su enojo provenía de la imprudencia de Anaís o del miedo inexplicable que comenzaba a apoderarse de él.
-¡Rober, siéntate! -ordenó Aurora con severidad.
Roberto tembló ligeramente, mordiéndose los labios.
-Mamá, ¡tienes que decirle algo!
-Siéntate primero -insistió Aurora, jalándolo del brazo-. ¿Por qué tanto escándalo?
Roberto respiró profundamente antes de dejarse caer en el sillón. Sus ojos ardían de rabia mientras miraban a Anaís, como si quisiera atravesarla con la mirada.
En ese momento, el teléfono de Anaís vibró con un mensaje de Efraín.
[¿Qué estás haciendo?]
Una sonrisa curvó sus labios mientras respondía.
[Rompiendo mi compromiso.]
[Te deseo suerte.]
Al levantar la vista, sus ojos se encontraron con los de Roberto, y su sonrisa se ensanchó imperceptiblemente.