Capítulo 88
El aire vibraba con una tensión insoportable cuando Víctor alzó la mirada, encontrándose con la figura imponente de Roberto. Las luces tenues del restaurante realzaban las sombras en el rostro de su sobrino, revelando una expresión que mezclaba confusión y disgusto.
-¿Tío, de qué rayos estás hablando? -la voz de Roberto emergió como un trueno distante.
Víctor, con una familiaridad que rayaba en lo irrespetuoso, le dio una palmada en el hombro mientras una sonrisa torcida se dibujaba en sus labios.
-Vamos, si ni siquiera te gusta Anaís, ¿o qué? ¿No se lo dijiste a Leopoldo y a mí? Que hiciéramos lo que quisiéramos con ella.
Roberto sintió que su sangre hervía al recordar aquellas palabras pronunciadas en una noche de copas. La culpa y el arrepentimiento se mezclaban en su interior como un veneno lento. Sus puños se cerraron involuntariamente; aunque Anaís lo sacara de quicio constantemente, la sola idea de que Víctor…
Un susurro serpentino interrumpió sus pensamientos cuando Víctor se acercó, su aliento cálido rozando su oído.
-Rober, tranquilo, no le voy a hacer nada -murmuró con voz melosa-. Si quieres jugar al
que últimamente héroe, puedes venir a la habitación en una hora. Pero dime, ¿no has notado Anaís está muy distante contigo?
La pregunta golpeó a Roberto como una bofetada invisible. La ira que lo consumía se disipó, dejando solo un vacío inquietante. Era verdad: el comportamiento de Anaís ese día había sido errático, especialmente cuando humilló a uno de los mayores de la familia. La duda se instaló en su mente como una astilla.
Sus pestañas descendieron, ocultando la confusión en su mirada.
-¿Me das tu palabra de que no le harás nada?
Una sonrisa sarcástica se dibujó en el rostro de Víctor. Tener a una mujer como Anaís a su merced… ¿cómo resistirse? Su único deseo era doblegarla, demostrarle quién mandaba realmente. Una hora sería más que suficiente.
-¿No confías en tu tío? ¡Te doy mi palabra!
Roberto se apartó del camino, sus movimientos lentos, como si cada músculo protestara contra su decisión.
-Victor, si me estás engañando, jamás te lo voy a perdonar.
La familiaridad habitual entre ellos se había esfumado. Roberto rara vez lo llamaba “tío“, y ese simple cambio en el trato revelaba la gravedad de la situación.
Víctor avanzó hacia Anaís con paso decidido, haciendo un gesto a los guardaespaldas.
-Subanla -ordenó con autoridad mal disimulada.
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Capitulo 88
La mirada de Anaís se clavó en Roberto como una acusación silenciosa. Él retrocedió, consciente de la traición que estaba perpetrando. Después de todo, Anaís era su prometida, al menos nominalmente, y ahora otro hombre se la llevaba frente a sus narices.
“Si de verdad no quiere nada con Víctor, este es el momento para que me pida ayuda“, pensó Roberto, apretando los labios y obligándose a sostener su mirada.
Pero Anaís ya había desviado el rostro con un desprecio glacial que casi lo hace perder el control. Una voz en su interior gritaba que algo no estaba bien.
De pronto, sintió el agarre de Bárbara en su brazo, su cuerpo presionándose contra él con fingida dulzura.
-No te preocupes, Rober–ronroneó ella, sus ojos brillando con un placer mal disimulado-. El tío Victor va a cuidar muy bien de tu hermana.
Roberto apenas registraba sus palabras. Se sentía como si le hubieran arrancado una parte vital de su ser, mientras observaba impotente cómo Anaís era escoltada escaleras arriba. Un pánico primitivo se expandía por su pecho, como si estuviera a punto de perder algo irreemplazable.
Dio un paso instintivo hacia adelante, pero Aurora se interpuso en su camino.
-Rober, tienes que confiar en la integridad de tu tío -su voz destilaba una autoridad que no admitía réplicas-. Además, ya viste cómo se comportó Anaís hoy, sin el menor respeto. Si permite que actúe así frente a otros miembros de la familia Lobos, vas a quedar en ridículo. ¿De verdad quieres vivir siempre bajo la sombra de tu primo?
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