Despertar del Olvido 9

Despertar del Olvido 9

Capítulo

El sonido metálico del choque reverberó en el aire caliente de la avenida. Anaís, aún sin dominar por completo la vieja bicicleta, había calculado mal la velocidad y terminó impactando contra un reluciente automóvil. El asfalto ardiente recibió su caída, dejando un doloroso recordatorio en su rodilla expuesta. Una mueca de dolor atravesó su rostro mientras intentaba incorporarse

Un hombre de traje impecable emergió del vehículo, su rostro contorsionado por la indignación. -¡¿Qué te pasa?! ¿Acaso no sabes manejar esa cosa? ¡Mira lo que le hiciste a mi carro! -bramó, señalando la carrocería del Maserati, donde una marca delataba el impacto

El corazón de Anaís se aceleró al reconocer el emblema del tridente. Los diez mil pesos que llevaba consigo parecían una suma ridícula ante semejante percance. Una multitud comenzaba a formarse alrededor de la escena, sus murmullos mezclándose con el rugir del 

tráfico

El dueño del Maserati la sujetó bruscamente por la manga de su blusa

-O pagas los daños ahora mismo o llamo a la policía

Anaís cambió el peso de su cuerpo, buscando alivio para su rodilla lastimada

-¿Aceptaría diez mil pesos? -preguntó, consciente de lo absurdo de su oferta

La cara del hombre enrojeció hasta las orejas

-¿Te estás burlando de o qué

El sol de mediodía caía implacable sobre la escena. Gotas de sudor perlaban la frente de Anaís mientras evaluaba sus escasas opciones. Fue entonces cuando una figura se aproximó con paso decidido

-Permítanme intervenir -dijo un joven de porte elegante-. Llamemos a tránsito y arreglemos esto como se debe. Yo me hago cargo del pago

El dueño del Maserati, que había estado a punto de estallar nuevamente, se contuvo al observar el vehículo del recién llegado: una edición limitada que destacaba entre todos los automóviles de San Fernando del Sol. Su actitud cambió instantáneamente

-Mejor dejémoslo en diez mil. Haz la transferencia y aquí no pasó nada

Lucas, que así se llamaba el joven, realizó el pago sin demora y se dispuso a retirarse, pero Anaís lo detuvo. La luz del sol delineaba su silueta atlética, enfatizando la esbeltez de su figura en la ropa deportiva. El pequeño lunar en la punta de su nariz contrastaba con la severidad de sus facciones

-Disculpa, pero no tengo esa cantidad en este momento para reembolsarte -explicó ella, mientras sus ojos se desviaban hacia el automóvil, donde intuía otra presencia

18:36 

Capitulo

-No es necesario que lo hagas -respondió Lucas con un gesto displicente, su rostro revelando el deseo de terminar la conversación

Anaís se acercó al vehículo con determinación

-¿Podrías darme algún contacto? Te pagaré en cuanto pueda

Los ojos de Lucas brillaron con malicia

隆 

-Señorita Anaís, tanto teatro resulta agotador. Ya le dije que no es necesario que devuelva 

nada. Solo manténgase alejada de nuestro auto cuando lo vea. Todo en usted transpira falsedad y mala fortuna. Preferiría que no nos contagie su desgracia

La sorpresa se dibujó en el rostro de Anaís. Su memoria perdida le impedía reconocer a este hombre que la trataba con tanto desprecio

Si me detesta tanto, ¿por qué molestarse en ayudarme?” 

Una sonrisa sutil se formó en sus labios

-Si tanto me detestas, con mayor razón debo pagarte. Dame tu contacto, por favor. Si no lo haces, tendré que pedírselo a quien está en el auto. Necesito saber cómo encontrarlos

Lucas, determinado a evitar cualquier interacción con su jefe, garabateó un número con visible fastidio

Anaís lo guardó con cuidado y realizó una elegante reverencia

-Gracias

La cortesía del gesto desconcertó a Lucas. La Anaís que él recordaba nunca mostraba tal refinamiento ni educación. ¿Habría cambiado realmente? Casi de inmediato descartó la idea con una sonrisa sarcástica. Seguramente era otra estratagema para llamar la atención de Roberto

Después de todo, en San Fernando del Sol, el nombre de Anaís era sinónimo de persona non grata

2/2 

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